martes, 2 de marzo de 2021

La Persona y La Sombra en el cine de Ingmar Bergman

Apuntes para un cineforo



A propósito de "Persona" (1966) y "La vida de las marionetas" (1980)

Por Lisímaco Henao Henao. 





Alguna vez afirmó Ingmar Bergman que "Ningún arte traspasa nuestra conciencia como el cine; sólo el cine toca directamente nuestros sentimientos hasta llegar a los oscuros recintos de nuestra alma”. La película “Persona” parece ser un ejemplo de este postulado, pues se refiere a la máscara (en latin “personare”) y a los efectos de un acto consciente de renuncia a la misma.

Personare significa "la máscara del actor”. En el teatro clásico griego, el actor llevaba consigo varios personare, varias máscaras y por ello podía, intercambiándolas, interpretar varios papeles. El psiquiatra suizo Carl Gustav Jung tomó este concepto para designar una de las experiencias humanas más colectivas: la de representarnos a nosotros mismos en el teatro de la existencia. Según Jung todos llevamos máscaras, las cuales nos permiten ser en sociedad; estas máscaras o personas varían según el contexto cultural y social y son construidas por nosotros con base en nuestros intereses “personales” y en las posibilidades que nuestro entorno pone a nuestra disposición. Los oficios, las profesiones e incluso un gran repertorio de actitudes y reacciones que tenemos en nuestra relación con los otros, constituyen la actualización de nuestra propia relación con el arquetipo de la máscara (es un “arquetipo” porque se trata de un modelador de la conducta y productor de imágenes existente en todos los momentos históricos, en todos los lugares del mundo y en todos los individuos humanos).



En “Persona” de Bergman, la actriz Elisabeth Vogler decide no sólo dejar de usar la máscara en el teatro en el que interpreta a Electra, sino que además decide callar y aislarse de todo lo que en el mundo representa (esposa, madre, amante, actriz, etc.), así, el acto de callar es un símbolo de su renuncia, el cual reta a las máscaras de los demás representadadas por Alma, la enfermera que le cuida. Alma hace largos discursos durante la película en los que afirma su posición en relación con el mundo exterior: madre, futura esposa, mujer buena, etc. Para ella se va haciendo cada vez más insoportable el acompañar a alguien que se niega a enmascararse; en principio el silencio de su interlocutora, ese vacío, se le hace imposible de soportar y la empuja a llenarlo con todo aquello que nunca le ha mencionado a nadie, todo aquello que ha guardado detrás de la máscara, es decir, todo aquello recogido en un contenedor psíquico al que Jung denominó Sombra (arquetipo de la sombra). Así, veremos a Alma permitiendo hablar a la sombra: sus deslices sexuales, sus grandes rencores, su desprecio por el mundo, pero, y más importante aún, veremos como frente a la negativa de Elisabeth a volver a ser "persona", Alma comienza a actuar la sombra, ahora no se trata solo de reconocerla en el lenguaje, en el discurso frente a Elisabeth, ahora se trata de hacerla acto dejando en el suelo, y a propósito, el fragmento de un vaso roto, a sabiendas de que su paciente pasará por allí o  también insultando su inteligencia y sus intenciones, llegando incluso, en el momento de máxima tensión, a golpearla. Elisabeth, que hasta ese momento había permanecido aparentemente impasible (¿una segunda máscara?), reacciona también con golpes frente a este paso al acto de su cuidadora. Es este un momento crucial en el cual vemos a la ex_actriz correspondiendo al golpe con una fuerza mayor que la de Alma; vemos entonces la sangre de Alma, una imagen que parece indicar que Elisabeth está mejor relacionada, de manera más efectiva y contundente, con su sombra, de hecho podemos suponer que al renunciar al mundo exterior, ha pasado, ha traspasado la barrera de las objeciones morales y se encuentra en disposición de llevar al acto, si circunstancias como esta del golpe de Alma lo ameritan, su instinto (agresivo en este caso).

Según Jung, el problema con cualquier arquetipo es la manera como podemos ser inconscientes de su participación en nuestro destino. Es claro que llevamos máscaras, que somos personas en nuestra vida cotidiana, lo que no es siempre claro para nosotros es que esas personas, aunque necesarias, son superficiales e incluso pasajeras con respecto a todo lo que somos en la realidad profunda, con respecto a nuestra totalidad. Cuando Alma habla de su máscara parece totalmente inconsciente de lo sombría que también es y de la fragilidad misma de su máscara, es por ello que se desmorona al leer lo que Elisabeth dice de ella en sus cartas a la psiquiatra. Alma está convencida de su máscara de enfermera buena, fuerte e inteligente y es inconsciente de que también puede ser mala, frágil y torpe. Ahí, nos dice la psicología junguiana, está su talón de Aquiles y el nuestro, en el creer que somos sólo lo que hacemos y creemos a la luz de la Persona.

Elisabeth ha renunciado conscientemente a sus máscaras y por ello puede en su reflexión silenciosa ser más consciente de cómo las ha vivido, también quizás por ser actriz (profesional de la construcción de máscaras). En este sentido no pasemos por alto un elemento simbólico del film: el momento en el que Elisabeth parece darse cuenta de todo esto es durante su representación de Electra. ¿Quién es Electra?, es aquella mujer que no hace lo que de ella se espera, aquella que lleva a cabo el acto que sobrecoge nuestras máscaras de hijos amorosos: el asesinato de su madre. Electra es sometida a juicio y condenada por ello, condenada por hacer algo que, desde la sombra, todos podríamos haber deseado hacer en algún momento -literal o simbólicamente- pero que muy bien ocultamos tras la máscara, y lo peor, ocultándolo de nosotros mismos (los terapeutas nos encontramos a diario con estos sentimientos ambiguos hacia los padres, sentimientos cuyo reconocimiento resulta tan doloroso para nuestros pacientes). Elisabeth, que también es madre, decide entonces renunciar tanto a ese amor ideal por su hijo como al amor ideal de su hijo hacia ella. Es así como, a través de Elisabeth, Bergman dirige al espectador un cuestionamiento profundo acerca de los valores conscientes y de su fragilidad, lo que yo veo simbolizado en la fotografía que ella parece tomarnos en un momento de la película (al parecer un hito en la historia del cine, cuando un personaje rompe la llamada "cuarta pared" y se dirige a nosotros).

Esta es la forma en la que Bergman logra conmover nuestra consciencia habitual: atravesando la máscara y llegando a la sombra, mostrando que ellas están íntimamente ligadas como íntimamente se ligan Elisabeth y Alma, por ejemplo, en la secuencia de las sensuales caricias; atravesamiento también en otros símbolos de la película como en la imagen del budista ardiendo en protesta por la presencia de los Diem en el poder, una familia cristiana y pro-occidental en el Vietcong ¿hay acaso otro símbolo más potente de la renuncia al mundo-máscara que el de aquel que se inmola renunciando a la representación máxima, es decir, al propio cuerpo?

Durante la preparación de este trabajo me asaltó una pregunta más amplia: ¿en qué consiste la propuesta artística de Bergman en tanto tocar nuestras oscuridades? ¿Acaso –me dije- la intención de penetrar la máscara y llegar a la sombra es una constante en él? y de ser así ¿cuáles son esos aspectos de la consciencia que más le interesa cuestionar? Por ello decidí, muy al azar, tomar otros dos films del autor: El séptimo sello y La vida de las marionetas. Encontré que en el primero las máscaras que caen son más colectivas (la religión, la moral y la justicia), y que la sombra que surge es también colectiva: miedo, guerra y crueldad en masa. Pero aquí hay una imagen que cobra vida como la gran emisaria del arquetipo de la sombra, aquella que todo lo desmorona, lo corroe y lo limita: la muerte. Es la muerte un gran tema, si bien en Persona aparece como muerte simbólica de la máscara, aquí es muerte real y ¿definitiva? de la encarnación misma de la persona, del ser vivo.




Por otro lado en La vida de las marionetas, se plantea la caída de máscaras más particulares:

 1. La pareja como máscara sostenida por Katerina, harta de su esposo Peter y de su frialdad, pero que hace parte de un tinglado donde las visitas a la suegra son mascaradas tan evidentes como los desfiles de modas que la protagonista organiza. y 2. La máscara del exitoso hombre de negocios que oculta a un psicópata en potencia que no logra, finalmente, contener. Así como para Peter dejar caer su máscara sería tener que reconocer que es un asesino, para Katerina implicaría que ella es simplemente una mujer equivocada sentimentalmente e incluso, tal vez, profesionalmente. Ambos se resisten a reconocer lo que subyace a ese mundo de apariencias, dicho reconocimiento lo muestra Bergman a través de Tim, el amigo homosexual de Katerina:

"Miro mi boca y mis manos y ya no creo lo que veo. Solo soy un niño ¿o ya no lo soy?
No se nada del tiempo. No existe, dicen los que han pensado en ello.
Cierro los ojos y me siento como un niño de diez años. Físicamente también.
Entonces los abro y me miro al espejo. Y hay un viejo aniñado. ¿No es curioso?
Un viejo aniñado, eso es todo. No hay algo más, nos convertimos en eso
Simplemente eso, toda esa intimidad es solo un sueño crudeza y porquería.
A veces tengo que ir a ciertos sitios ¿sabes? Me junto con la peor gente, no te lo creerías.
Placer, excitación, increíble brutalidad y porquería.
Todo es un lío salvaje, vida sexual que lleva un viejo aniñado.
No es exactamente suave. Algún día me apalearan hasta la muerte. Eso también es tentador.
Médicos, amantes, pastillas, drogas, alcohol, trabajo, nada ayuda.
Son fuerzas secretas ¿cómo se llaman? No lo sé.
Puede que sea el mismo envejecer, la putrefacción. No lo sé
Fuerzas que no puedo controlar. Observo mi cara en el espejo, me es bastante familiar, y constato que en esta combinación de sangre y carne y nervios y hueso hay 2...
No se como llamarlos; 2 entidades irreconciliables.
El sueño de cercanía, dulzura y comunidad, abandono de todo lo vivido.
Y por el otro lado violencia, terror, amenaza de muerte.  A veces creo que todo eso tiene un origen común.
No lo sé ¿cómo podría? Quizás mis sueños eran demasiado bonitos. Y como castigo...
La vida te sacude cuando menos te lo esperas. Como castigo tienes la nariz tan metida en la mierda que casi te ahogas".

Con La vida de las marionetas, Bergman se gana nuevamente el calificativo de realizador de cine psicológico (o del "más psicológico de los cienastas"), al exponer los motivos por los cuales estos dos personajes se convierten en simples marionetas del destino, es decir, en marionetas de su desconocimiento, de su inconsciencia: se nos dice que Katerina está demasiado atada a la importancia personal, al éxito profesional y a los ideales en general, pero aún más explícito es el director cuando muestra a un Peter Egerman  buscando ayuda en el psiquiatra. Cualquiera diría que se trata de un acto de reconocimiento de la sombra, pero no nos llamemos a engaño: el que pongamos palabras a algo no significa necesariamente, como suelen decir algunos idealistas del lenguaje, que lo hayamos atrapado. La forma en que se conduce el protagonista nos sugiere que estamos ante un psicópata, es decir, frente a una persona que no puede entrar en contacto real con la moralidad. Para él el sexo es un ejercicio biológico y la relación no pasa de ser, según la describe, una negociación en el nivel de la máscara. Por ello terminará llevando al acto el  asesinato realizando lo que podría considerarse su única “buena acción”: no matar a la  Katerina esposa sino a una Katerina sustitua, que para su psique podría ser la misma persona. Entendemos entonces que la sombra es para Katerina imposible de reconocer debido a su identificación inconsciente con la máscara social, mientras que para Peter ese reconocimiento se hace imposible por el vacío sustancial de Eros, de empatía y moralidad que existe en la psique del psicópata y que resulta insultante para nuestros ideales de cultura. Así, Bergman denuncia dos formas de ceguera: la que opera por inconsciencia y la que opera por la naturaleza de algunos individuos.



Bergman dijo en una entrevista que dos momentos de confrontación con la muerte (la gran sombra), lo impactaron y cambiaron: por un lado las 8 horas que pasó inconciente en un hospital para ser operado de una septicemia y la muerte de su esposa Ingrid von Rosen. El evento de las ocho horas de anestesia le sugirió que éramos sólo una llama que de repente se apaga quedando sólo la nada (cuestión que se plantea el personaje del Cruzado en la película "El séptimo sello", que había rodado años antes), mientras que el sentimiento de que, después de muerta, su esposa seguía presente en la casa, le hablaba de una forma de existencia en la muerte en la que ella le esperaba (he desarrollado un poco más el tema de la muerte como sombra a propósito de otra película. Da click aquí si quieres leerlo)

Al verse cuestionado en su propia posición frente al final de la vida, Bergman nos regala, a través de su obra, la posibilidad de comprender que ningún valor puede ser tan firme en nosotros como para no ser cuestionado (nivel de la máscara), y que ninguna oscuridad humana puede sernos tan extraña como para sentirnos completamente libres de ella (nivel de la sombra).

Dejo, para concluir, el fragmento de la entrevista a la que me refiero:




Copyright © Lisímaco Henao H.  Agosto de 2014

lunes, 15 de febrero de 2021

El bien y el mal desde la perspectiva del alma. C. G. Jung

Con estos párrafos inicia Jung el capítulo de su autobiografía titulado "Últimos pensamientos". Es impresionante la lucidez con la que expone temas tan dificiles como la relatividad y realidad tanto del bien como del mal, y lo apremiante que es este tema para nuestros tiempos. Jung nos dice que no deberíamos caer en el mal, pero tampoco en el bien, que "caer" es perder completamente el lugar de la consciencia al enfrentar una cuestión tan cargada de ideales y de prejuicios. Nos asegura que, en último análisis, decir que el mal o el bien son relativos, no significa negar su realidad. Sea esta una invitación a leer el capítulo, sino el libro completo ("Recuerdos, Sueños y Pensamientos" se titula la autobiografía hecha a dos manos con su secretaria y amiga Aniela Jaffé). Esta traducción proviene de otra colección que recomendamos ampliamente: "Encuentros con la Sombra", de editorial Kairós.


"El mito cristiano permaneció inexpugnable durante todo un milenio hasta que en el siglo XI comenzaron a advertirse los primeros síntomas de una transformación de la consciencia. A partir de ese momento, la inquietud y la duda fueron en aumento hasta que, a fines del segundo milenio, vuelven apercibirse los atributos de una catástrofe mundial que amenaza a la consciencia. Esta amenaza consiste en una hipertrofia de la consciencia -una hubris, en otras palabras- que puede resumirse en la frase: «No hay nada superior al hombre y sus hazañas». El mito cristiano ha perdido su trascendencia y, con ella, ha desaparecido también la noción de totalidad ultramundana propuesta por el Cristianismo. 


Imagen de El Libro Rojo de Jung
A la Luz sigue la oscuridad, la otra cara del Creador, y este proceso ha alcanzado su punto culminante en el siglo XX. Esta emergencia del mal, cuya primera erupción violenta tuvo lugar en Alemania, coloca al Cristianismo frente al mal (re presentado por la injusticia, la tiranía, la mentira, la esclavitud y la opresión de la consciencia) y revela hasta qué punto el Cristianismo ha sido socavado en el siglo XX. El mal ya no puede seguir justificándose con el eufemismo de la privatio boni y se ha convertido en una realidad determinante que ya no puede eliminarse del mundo por medio de una simple paráfrasis. A partir de ahora debemos aprender a controlarlo porque va a permanecer junto a nosotros aunque, de momento, resulte difícil concebir cómo podremos convivir con él sin experimentar sus terribles consecuencias.


En cualquier caso, lo cierto es que necesitamos una reorientación, una metanoia. Permanecer en contacto con el mal supone correr el riesgo de sucumbir a él. Sin embargo, ya no podemos seguir sucumbiendo, ni siquiera al bien. Un bien en el que «caemos» deja de ser un bien moral. No se trata de que se convierta en algo malo sino de que el mismo hecho de sucumbir puede generar todo tipo de problemas. Cualquier forma de adicción -ya se trate de la adicción al alcohol, a la morfina o al idealismo - es mala. Debemos dejar de pensar en el bien y el mal como términos absolutamente antagónicos. Debemos dejar de lado el criterio de la acción ética que considera que el bien es un imperativo categórico y que podemos soslayar el llamado mal. De este modo, al reconocer la realidad del mal necesariamente relativizaremos al bien y al mal y comprenderemos que ambos constituyen paradójicamente dos mitades de la misma totalidad.


En la práctica esto significa que el bien y el mal dejan de ser incuestionablemente evidentes y que debemos caer en cuenta de que es nuestra propia valoración la que los hace tales. Sin embargo, todo juicio humano es imperfecto y, por consiguiente, no podemos seguir creyendo ingenuamente en la infalibilidad de nuestros juicios. El problema ético sólo se presenta cuando comenzamos a poner en cuestión nuestras valoraciones morales. Pero que el «bien» y el «mal» sean relativos no significa que se trate de categorías inválidas o inexistentes.


Por otra parte, sin embargo, continuamente nos vemos en la obligación de tomar decisiones morales y de asumir las consecuencias psicológicas que necesariamente acompañan a nuestras decisiones. Como he señalado en otras ocasiones, todo error cometido, pensado o deseado volverá nuevamente a nuestra alma. Los contenidos de nuestros juicios dependen del lugar y del momento y, por tanto, asumen formas muy diversas. Toda valoración moral se asienta en la aparente certidumbre de un código moral que pretende saber exactamente lo que es bueno y lo que es malo. Pero una vez que hemos descubierto lo inseguro de sus fundamentos, cualquier decisión ética se convierte en un acto creador subjetivo.


Es imposible eludir el tormento de la decisión ética. No obstante, por más extraño que pueda parecer, debemos ser lo suficientemente libres como para evitar el bien y para hacer el mal si nuestra decisión ética lo requiere así. Dicho en otras palabras, no debemos caer en ninguno de los opuestos. En este sentido, el neti,neti de la filosofía hindú nos proporciona un patrón moral sumamente útil. En determinados casos el código moral se abroga y la decisión ética se deja en manos del individuo. Esto no es nada nuevo, en definitiva se trata de una antigua idea conocida en la época prepsicológica como «conflicto de obligaciones».


Como norma general, sin embargo, el individuo es tan inconsciente que suele ignorar totalmente su propia capacidad de elección y busca ansiosamente en el exterior normas y reglas que puedan orientar su conducta. Gran parte de la responsabilidad de esta situación reside en la educación, orientada exclusivamente a repetir viejas generalizaciones pero totalmente silenciosa respecto de los secretos de la experiencia personal. De este modo, individuos que ni viven ni vivirán jamás de acuerdo con los ideales que proclaman, enseñan todo tipo de creencias y conductas idealistas sabiendo de antemano que nadie va a cumplirlas y, lo que es todavía más grave, nadie cuestiona siquiera la validez de este tipo de enseñanza.


Así las cosas, para obtener una respuesta al problema del mal en la actualidad es absolutamente necesario el autoconocimiento, es decir, el mayor conocimiento posible de la totalidad del individuo. Debemos saber claramente cuál es nuestra capacidad para hacer el bien y cuántas vilezas podemos llegar a cometer. Si queremos vivir libres de engaños e ilusiones debemos ser lo suficientemente conscientes como para no creer ingenuamente que el bien es real y que el mal es ilusorio y comprender que ambos forman parte constitutiva de nuestra propia naturaleza.


Sin embargo, aunque hoy en día existan personas que tengan gran comprensión de sí mismas, la mayor parte de nosotros distamos mucho de poseer este nivel de autoconocimiento. El autoconocimiento es de capital importancia porque nos permite acercarnos a ese estrato fundamental, a ese núcleo esencial del ser humano en el que moran los instintos y radican los factores dinámicos preexistentes que determinan las decisiones éticas de nuestra consciencia. Este núcleo es el inconsciente y sus contenidos, acerca de los cuales no podemos emitir ningún juicio definitivo. Cualquier idea que nos hagamos del inconsciente será errónea porque nuestra capacidad cognitiva es incapaz de comprender su esencia y de imponerle límites racionales. Para alcanzar el conocimiento de la naturaleza es necesaria la ciencia, que amplía nuestra consciencia y, de la misma manera, para profundizar nuestro autoconocimiento necesitamos de la ciencia, es decir, de la psicología. No es posible construir un telescopio o un microscopio, por ejemplo, a fuerza de buena voluntad sino que para ello es necesario tener profundos conocimientos de óptica.


Hoy en día la psicología resulta de capital importancia. Nuestro conocimiento del ser humano es tan parcial y distorsionado que el nazismo y el bolchevismo nos han dejado perplejos y confusos. Estamos frente al mal y no sólo ignoramos lo que se halla ante nosotros sino que tampoco tenemos la menor idea de cómo debemos reaccionar. Y aunque supiéramos responder seguiríamos sin comprender «cómo ha podido suceder esto». Con manifiesta ingenuidad un estadista afirma que no tiene «imaginación para el mal». Efectivamente, no tenemos imaginación para el mal porque es el mal el que nos tiene a nosotros. Unos quieren permanecer ignorantes mientras que otros están identificados con el mal. Esta es la situación psicológica del mundo actual. Hay quienes se llaman cristianos y creen que pueden aplastar el mal a voluntad; otros, en cambio, han sucumbido al mal y ni siquiera pueden ver el bien. El mal ha terminado convirtiéndose en un poder visible. La mitad de la humanidad crece en el seno de una doctrina basada en la especulación mientras la otra mitad enferma por falta de un mito adecuado a la situación. El pueblo cristiano ha llegado a un callejón sin salida, la cristiandad dormita y hace siglos que olvidó revitalizar sus mitos.


Nuestro mito ha enmudecido y ha dejado de dar respuestas a nuestras preguntas. Como dicen las sagradas escrituras, la culpa no es suya sino exclusivamente nuestra ya que no sólo hemos dejado de desarrollarlo sino que hemos reprimido todos los intentos realizados en ese sentido. La versión original del mito nos ofrece un amplio punto de partida y múltiples posibilidades de desarrollo. Al mismo Cristo, por ejemplo, se le atribuyen las siguientes palabras: «Sed astutos como las serpientes y mansos como las paloma s». Pero ¿para qué se necesita la astucia de las serpientes y qué tiene que ver ésta con la inocencia de las palomas?


La cristiandad sigue sin contestar a la antigua pregunta gnóstica « ¿De dónde proviene el mal?» y la cauta insinuación de Orígenes de la posible redención del mal sigue siendo calificada como herética. Hoy nos vemos obligados a reformular esta pregunta pero seguimos con las manos vacías, desconcertados y confusos y ni siquiera podemos explicarnos que -a pesar de la urgencia con la que lo precisamos- no existe ningún mito que pueda ayudarnos. La situación política y los aterradores -por no decir diabólicos- avances de la ciencia despiertan en nosotros secretos estremecimientos y oscuros presagios. Pero ignoramos la forma de salir de esta situación y hay muy pocas personas que crean que la posible solución descanse en el alma del ser humano.


De la misma manera que el Creador es completo también lo es Su criatura, Su hijo. El concepto de totalidad divina es global y nada puede separarse de Él. No obstante, sin ser conscientes la totalidad se escindió y de esa división se ori ginó el mundo de la luz y el mundo de las tinieblas. Esta situación, como podemos advertir en la experiencia de Job o en el ampliamente difundido Libro de Enoch (pertenecientes al período inmediatamente precristiano) estaba claramente prefigurada antes incluso de la aparición de Cristo. El Cristianismo perpetuó posteriormente esta escisión metafísica. Satán -que en el Antiguo Testamento pertenecía todavía al en torno próximo a Yahveh- constituyó a partir de entonces el polo eterno diametralmente opuesto al mundo divino. No se le podía extirpar. No debe, por tanto, sorprendemos que ya en los mismos comienzos del siglo XI apareciera la creencia de que el mundo no era una creación divina sino diabólica. Esta ha sido la nota predominante que ha caracterizado a la segunda mitad del eón cristiano, después de que el mito de la caída de los ángeles explicase que eran esos ángeles caídos los que habían enseñado al hombre el peligroso conocimiento de la ciencia y del arte. ¿Qué hubieran dicho esos viejos narradores de haber presenciado el desastre de Hiroshima?"


C. G. Jung. 

martes, 2 de febrero de 2021

SUBCONSCIENTE, INCONSCIENTE Y OTRAS PRECISIONES. Por Lisímaco Henao Henao

 

SUBCONSCIENTE, INCONSCIENTE Y OTRAS PRECISIONES DEL LENGUAJE PSICOLÓGICO.

@Lisímaco Henao Henao

Resumen, ampliación y respuestas a una “conversación virtual”

Los comentarios en redes digitales son una interesante y novedosa forma de interacción entre conocidos y desconocidos que también valdría la pena analizar en otro momento, da lugar a fenómenos muy interesantes, incluso enemistades de quienes nunca fueron amigos. He visto discusiones “encarnizadas” entre defensores de posiciones políticas o teóricas, cuando no por temas aún más banales. 

Hace poco publiqué un comentario sobre el uso erróneo del término “subconsciente” para designar el concepto y la imagen de “lo inconsciente” e incluso de “El Inconsciente” en psicoanálisis y en general en el lenguaje psicológico que de él se desprende. Ha sido una de esas publicaciones breves que ha suscitado una deliciosa conversación a través de los comentarios y que recojo aquí, sumando alguna idea adicional sobre el uso, muy de moda, de otro término psicológico. Así que, aunque firmo yo, el texto resulta ser, también, colectivo. 

Lo que sostuve fue que el término “subconsciente” resulta ser una traducción equivocada para lo que conocemos desde el psicoanálisis como “Inconsciente” y que etimológicamente, además, no es preciso. Mi amigo y colega Carlos Ivan Ruiz me aclara que el uso de “subconsciente” no se originó en Freud sino que era la denominación que, antes de él, se le daba a lo inconsciente o a los procesos y contenidos no conscientes (recordemos que Freud no “inventó” el concepto que ya existía desde los antiguos griegos y que fue tratado extensamente por filósofos como Shopenhauer, el mérito del genio vienés consistió en refinarlo para su aplicación en el tratamiento de las neurosis y  para el análisis profundo del ser humano como individuo y como masa). También nos informa Carlos Ivan que Freud abandonó rápidamente el término “subconsciente” pues se prestaba para equívocos (la fuente que nos recomienda mi colega es el “Diccionario de Psicoanálisis” de Laplanche y Pontalis). 

El amigo Walter León afirma que “es una gringada” y no se encuentra lejos de la verdad pues, efectivamente, los primeros psicoanalistas de Estados Unidos que se formaron con Freud (muchos de ellos europeos inmigrantes debido a la II Guerra Mundial), se quedaron con este término inicial (subconsciente), manteniéndolo y exportándolo en traducciones al resto del mundo (Latinoamérica especialmente). Es de recordar que en E.U. surgió una psicología psicoanalítica denominada Ego Psychology que, en parte, es responsable de la confusión terminológica de la que hablamos. 

La amiga Verónica Barraza nos habla de que “subconsciente” le parece más expresivo porque designa algo que está “por debajo” de la consciencia, mientras que “Inconsciente” se refiere “simplemente” a lo no consciente. Me da pie mi virtual amiga para recordar que este es, precisamente, el argumento tanto de Freud como de Jung, para no utilizar el término “subconsciente”. Aunque ambos investigadores sostienen la metáfora topográfica del aparato psíquico (básicamente el inconsciente como un Hades psíquico y el sistema Yo-Consciente como la superficie de la tierra, el reino de los dioses superiores para terminar de cerrar el simil mítico), ambos también concluyen que Lo Inconsciente es algo más que simplemente “eso” que se encuentra debajo, sepultado o reprimido, sino que quieren resaltar un aspecto mucho más importante: es algo autónomo y efectivo, es una entidad por derecho propio. Se trata de “Lo Inconsciente” si nos referimos a los contenidos o “El Inconsciente” si nos referimos a la topografía psíquica. 

Otro colega, desde México, Leonardo Flores Berrecil, nos hace notar el aspecto dinámico de la creación y asunción de conceptos en Jung. Así, habría podido tomar brevemente el término "subconsciente", de su apreciado maestro Pierre Janet, quien lo aplicaba a la comprensión de la consciencia escindida en los casos de personalidad múltiple. No obstante Jung lo abandona rápidamente por el riesgo de sugerirse en ese sentido que lo inconsciente es algo secundario, negativamente por debajo, simplemente inferior o que depende de la consciencia. Valga la pena leer esta aclaración del mismo Jung y tomada por Flores Berrecil de Diccionario Junguiano de Paolo Francesco Pieri:

    "Con ello, todo intento por querer derivar lo inconsciente de la consciencia se convierte en vacuo artificio, en juego intelectualista y estéril. Así cabe suponerlo en todas esas ocasiones en que los autores hablan con la mejor de las intenciones de un "subconsciente", sin a la vez percatarse de lo arrogante que sería el prejuicio de que de este modo se están haciendo reos. Porque, ¿cómo pueden ellos saber con tanta exactitud que lo inconscientemente se halla "por debajo" en lugar de "por encima" de la conciencia? Lo único seguro en esta terminología es que la consciencia no tiene la menor duda de hallarse muy por encima, en un lugar más alto incluso que el de los mismos dioses. Confiemos en que un día tal vez la «haga temblar su semejanza a Dios»"

Mi estimado colega Lukas Bauer nos habla del “subconsciente” como todo aquello a lo que podemos acceder fácilmente mediante una simple asociación de palabras. Es decir, mientras que lo inconsciente, por estar fuertemente reprimido, sólo logra llegar a la consciencia mediante los sueños, los síntomas u otras herramientas, lo subconsciente estaría muy cerca a la consciencia (me atrevo yo a decir, como que lo tienes en la punta de la lengua). Lukas me aclara que toma esto de la investigación que adelanta otro colega, el Dr. W. Odermatt, quien investiga actualmente en el campo post junguiano. Este aporte me permite recordar la definición que hace Freud de otro término suyo: “Pre Consciente” y que define como un sistema del aparato psíquico que se encuentra situado entre el sistema Consciente y el Inconsciente, cuyos contenidos pueden franquear más fácilmente la Censura que aquellos contenidos extrictamente inconscientes. Este concepto sufre una transformación cuando Freud, posteriormente, modifica su teoría y establece los sistemas Yo, Ello y Superyo, pero ya esto se los dejo de tarea para la casa. 

En cuanto a lo anterior también Jung define algo parecido en la psique, al afirmar que existen contenidos inconscientes “fácilmente asequibles para la consciencia”, pero no los llama “subconscientes”, ni “preconscientes” sino “Contenidos inconsciente asequibles” y “Contenidos inconscientes mediatamente asequibles”. Como sabemos estas explicaciones sólo interesan a Jung en tanto sirven para explicarle a sus estudiantes el funcionamiento psíquico, pero más adelante en su obra el interés recae en la naturaleza arquetípica del proceso de individuación, con lo cual todo esto puede hacer parte de algunos aspectos de la Sombra. 

Finalmente, me da la oportunidad de cerrar esta corta disquisición nuestro amigo Claudio Sepúlveda Schulz, quien nos llama la atención sobre un aspecto que para mi es crucial en la actual proliferación de discursos sobre lo psíquico. Él nos cuenta que todo se trata de nomenclatura, resaltando el valor del prefijo “sub” para decir que algo está por debajo y que, en India, al inconsciente se le llama “supraconsciencia”, resaltando su valor de “conocimiento absoluto”. Nos señala también que Paul Diel (psicólogo investigador en psicología profunda) habla de “subconsciente” para todo lo reprimido (¡osea para el inconsciente freudiano!) y “sobreconsciente” para el Self (de donde me queda la pregunta sobre cuál definición de Self usa Diel, pues ese sí que es un término con muchas definiciones, no todas cercanas al arquetipo central definido por Jung). 

Este último aporte me lleva a la cuestión de el lugar de la enunciación, es decir, desde dónde se ubica usted para usar un término. Para aclararme les pongo el ejemplo del término Ego. Creo que para nadie es ya extraño escuchar frases como: “hay que acabar con el Ego”, “debemos abandonar el Ego”, “Hay que vivir sin Ego”, etc. En cualquier universidad del mundo, en introducción a la psicología o al psicoanálisis, te explicarán que el Ego (o Yo, si lo dices en castellano), es un aspecto de la psique encargada, entre otras cosas, de la orientación en el espacio y en el tiempo y de la consciencia corporal (Jung dirá que es el centro regulador de la consciencia). Así que yo como psicólogo occidental no podría decir que voy a acabar con el Ego, esto sería como decir que voy a lanzar a mis pacientes a un estado psicótico, a la locura, o como me dijera mi primer analista en mi segunda sesión al ver que yo "vomitaba sombra" como un loco: “Lisímaco, cuidemos al Ego, que si se nos deprime ¿con quién trabajamos?”, y con eso me explicó de una vez y para siempre la importancia del Ego en el trabajo terapéutico. 

Pero si yo conozco un poco más y se que el enunciado “Hay que vivir sin Ego”, proviene de una persona que habla desde la psicología oriental (Budismo específicamente), entonces ¡voilà!, lo entiendo e incluso puedo traducirlo a mi lenguaje psicológico: esta persona quiere decir que hay que trabajar sobre el complejo del Yo o la inflación egóica (Jung), o sobre el narcicismo (Freud). 

Acerca de las traducciones de la psicología oriental a la occidental, la psicóloga colombiana Luisa Fernanda Alvarez García nos llama la atención sobre el hecho de que, etimológicamente hablando, no existe algo como "El Ego" en el budismo mahayanna (aquí volvemos al viejo asunto de que toda traducción es una "traición" según el significado de esa palabra). Al parecer incluso la traducción de la palabra "mente" es problemática, a continuación un aparte de la nota de Luisa Fernanda:

    "...ellos hablan de las dos mentes, una natural y otra ordinaria, siendo ésta última confundida con nuestra noción occidental de ego. De hecho al Buda de la sabiduría, Manjushri, se le puede ver en la iconografía inicialmente montado sobre un elefante y posteriormente sentado sobre un león despierto y pasible. Lo que nos indica que no hay tal conquista de vivir sin mente ordinaria sino de domarla y domeñarla con tranquilidad. Justo ese Buda que representa la sabiduría, es una imagen de lo que se considera en la filosofía budista la mente natural sobre la mente ordinaria,  conceptos muy complejos porque cuando se dice mente en el budismo es una noción que está lejos de ser parecida a nuestra idea de mente en occidente."

En este punto me pregunto si el orientalismo que se practica en occidente es realmente oriental, o en esa traducción-traición ya ha perdido todo el sentido y ha padecido una especie de "tortura de Procusto", con lo que hemos conseguido, como siempre hacemos los occidentales, no transformarnos sino transformar lo foráneo en lo que nosotros queremos que sea, algo que siga satisfaciendo nuestros ideales de control (al respecto Jung era muy crítico, advertía sobre los peligros de que los occidentales usaramos el Yoga para adquriri más poder ¿no es eso lo que ocurre actualmente?). 

En conclusión: el problema que puede generar el cambio de los significados de los términos, depende del desconocimiento del uso para el cual fueron creados. Algunos discutirán el valor de estas discusiones pero, en nuestro favor, debo afirmar que para quienes trabajamos en un discurso específico, es necesario podernos entender, saber qué estamos leyendo cuando leemos a un autor determinado o darnos a entender frente a un público que ya tiene unos conceptos fundados. Cada disciplina crea un código, un lenguaje, y conocer el código nos ayuda a no tener que estarnos explicando todo de nuevo. En mi comentada publicación, si la hubiera hecho más extensa, debería entonces haber dicho lo siguiente: “Si estás hablando desde el Psicoanálisis, el uso del término «subconsciente» es inexacto, corresponde al uso de un término antiguo abandonado por los fundadores de esta teoría y mantenido con otro significado en escuelas posteriores. Se usa en algunas revisiones actuales de la psicología profunda y se ha convertido en palabra de uso común para quienes no conocen (y tal vez no necesitan conocer) las complicaciones que comporta”.

Muchas otras voces en esta red social (FB), han pedido una aclaración extensa sobre las diferencias entre los términos. Espero haber aportado a tales diferencias o, por lo menos, haberlas profundizado y complejizado para una mayor riqueza en la discusión y en la reflexión. 

Gracias a todas y a todos. 

Firmo por ustedes. 


Lisímaco Henao Henao. 

Psicólogo U. de A.  y Analista Junguiano IAAP

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viernes, 29 de enero de 2021

LO APOCALÍPTICO Y LA INCERTIDUMBRE. Por Lisímaco Henao Henao.

 LO APOCALÍPTICO Y LA INCERTIDUMBRE.

Anuncios del fin del mundo en tiempos de pandemia.

Las épocas de grandes crisis colectivas son caldo de cultivo para las ideas e imágenes apocalípticas, tanto si se trata de estrategias bien planeadas para engañar y manipular o de erupciones espontáneas de lo inconsciente colectivo a través de personas suceptibles a ellas.

Es cierto que cada año tiembla la tierra, se desbordan ríos y algún loco con poder desencadena una guerra, pero no todos los años ocurre una pandemia, esto es algo que nos está tocando vivir y que hace mucho tiempo no sucedía a tal escala. Esto nos coge por sorpresa y tiene las mismas características de un trauma psíquico individual, es decir, se trata de imágenes, sentimientos y emociones para las cuales el Yo no está preparado o, dicho de otra forma, el Yo se encuentra frágil y sin imágenes para responder a la imagen sobreviniente.

Es entonces cuando lo inconsciente busca compensar esa debilidad con algún tipo de respuesta, esas respuestas podemos agruparlas bajo la categoría de "lo apocalíptico". El término proviene del griego ἀποκάλυψις (apokálypsis) y significa "Revelación". El más conocido en occidente es el escrito por Juan de Patmos, en momentos en los que el imperio romano llegaba al apogeo de su oscuridad, crueldad y declive cultural, la masacre, la violencia y la degradación moral en general, eran el signo de los tiempos, frente a lo cual lo inconsciente se "reveló" con mensajes de una destrucción mayor pero con el objetivo de una renovación total (cielo nuevo, tierra nueva y "los justos" habitándola).

Y es que ese es, finalmente, el sentido último de toda literatura apocalíptica: que ya que todo está tan mal, venga una gran disolusión que permita la renovación completa. Si se piensa bien, el Yo altamente traumatizado, padeciendo el no saber nada de lo que vive, el miedo radical, la incertidumbre frente a lo que sigue, puede optar por aceptar esta imagen arquetípica de renovación con un "la muerte es mejor que vivir así", pero si, además, se le promete que estará entre los sobrevivientes (como suele suceder con los anuncios de tipo religioso), esto se vuelve aún más seductor.

Recientemente una iglesia en Colombia anunció fecha y hora para el fin del mundo. Según su líder, habían contactado a una persona muerta recientemente, que les había comunicado el dato. Si suponemos que así fue, se trataría de una erupción espontánea de lo inconsciente colectivo, un fenómeno bien conocido de canalización de una idea arquetípica (el apocalípsis), que, por supuesto, los fieles se tomaron literalmente y en el estilo religioso que les es propio. La idea del muerto que habla a través de un vivo es tan antigua como la humanidad misma (quizás fundamentada en nuestros sueños con seres queridos fallecidos), y puede representar a lo inconsciente colectivo y su intento de compensar un estado precario de la consciencia.

Por supuesto también podemos suponer una mala intención en los líderes que saben que las masas, en estos momentos de incertidumbre, anhelantes de respuestas y promesas que los liberen de la carga de tener que soportar la duda, aceptarán su relato facilmente.

Pero no se crea que la dificultad para soportar la incertidumbre es propia sólo de personas religiosas, Jung hace una interesante afirmación al respecto:

"Si uno tiene convicciones religiosas, es decir, si "cree", siente que la duda es algo muy desagradable y tiene miedo de ella. Por esta causa prefiere no analizar el objeto de su fe. Si uno no tiene ideas religiosas, le resulta desagradable confesarse a sí mismo el sentimiento de esta falta, y hace claro alarde de su "ilustración" o da a entender al menos la noble sinceridad de su agnosticismo." (Respuesta a Job. FCC, México, 1987 pg. 110)

De aquí se desprende que también en personas no religiosas puede emerger la imagen apocalíptica como respuesta inconsciente. En estas, toma la forma de teorías conspirativas según las cuales, se ha planeado algo en algún lugar que llevará al mundo a la muerte y a un posterior nuevo órden en el que reinarán los elegidos, es decir, el mismo esquema, pero disfrazado de teorías políticas o científicas: asesinato en masa para el control de la población, guerra bacteriológica que acaba con gran parte del mundo, un nuevo orden mundial que controlará nuestras mentes mediante chips y manipulación de nuestras conductas y de nuestra "libertad", en otras palabras: muerte, disolusión de lo conocido y un nuevo estado de cosas. Eso es claramente - y arquetípicamente - apocalíptico.

Soy perfectamente consciente de que ni los unos ni los otros estarán de acuerdo conmigo en que se trata de un asunto puramente psíquico, ya que los primeros están seguros de su fe en las imágenes religiosas advinientes (o en el líder que los está manipulando), y los segundos están seguros de su fe en sus teorías y su "raciocinio". Sabiendo eso se que escribo también una teoría, aunque con bastante sustento en la experiencia. Les recomiendo el citado libro de Jung acerca de la línea judeocristiana que lleva desde un mítico inicio de los tiempos, hasta el apocalipsis de Juan en la biblia y que cada uno, que cada una, revise su búsqueda ansiosa de respuestas que puede llevarle a aceptar cualquier cosa y a alejarse de la realidad más inmediata, es decir, de la responsabilidad de cuidarse y cuidar a los más cercanos.

Finalmente, es necesario decir que este movimiento en la psique también tiene un significado positivo, que apunta a la necesidad de una renovación de la que se ha hablado mucho también en nuestros tiempos, pero el que esta pueda advenir dependerá de la disposición de las consciencias individuales, y de la consciencia colectiva, para acoger el símbolo y hacerse cargo.

PD: en cuanto al arte, trato los temas de la literatura y el cine distópico bajo esta misma luz. En otra ocasión lo compartiré.

Lisímaco Henao Henao.
Psicólogo y Analista Junguiano.
29 01 21



viernes, 4 de diciembre de 2020

2021: ARQUETIPOS Y MASCULINIDADES. Curso virtual

ARQUETIPOS Y MASCULINIDADES

El Patriarcado, un movimiento natural en la evolución de la consciencia, enfermó de inflación y ha destruido el proceso de desarrollo de Lo Masculino y, por lo tanto, de la masculinidad. Durante el curso nos confrontaremos con las imágenes arquetípicas de tan dramático suceso y sus afectaciones en el ser padres, hijos, hermanos, amantes, etc., preguntándonos también qué sugiere el mito como solución, qué de esta solución ha sido captado por la consciencia colectiva actual y qué falta aún por escuchar. En el campo del arquetipo del Animus nuestras preguntas son válidas para todos los géneros.

Comenzamos el curso el martes 23 de Febrero pero, como siempre, tendremos nuestra charla introductoria y gratuita en vivo y en directo a través de Youtube, el viernes 12 de febrero a las 2 p.m. en torno a la película EL CLUB DE LA PELEA. Dirección del canal https://www.youtube.com/c/casajungmedellin


Dirigido a todo público. Se ofrecen lecturas y videos de apoyo.

Insríbete al curso en eventos@jungcolombia.com y paga mediante transferencia bancolombia o paypal si estás en el exterior (125 USD ó 420.000 cop). 

A continuación el programa de las 6 sesiones (Martes de 7 a 9 p.m.):

1. Introducción: Lo Masculino y la masculinidad ¿Un mas allá del género y de la identidad sexual?.

2. Lo Masculino detenido en el anhelo de La Madre: Hefestos y el abandono.

3. Lo Masculino regresivo escondido en la manada: Los Centauros y la ausencia de Eros.

4. Lo Masculino herido escondido en el poder: Barba Azul y el corazón roto.

5. La Sombra del Patriarcado y el Subdesarrollo de lo Masculino: John de Hierro y la masculinidad por descubrir.

6. Lo Masculino en individuación: La leyenda del Grial y las crisis del siglo XXI.


Acompaña:

Lisímaco Henao Henao.

Psicólgo U. de A. (Medellín 2000)

Master en Psicología Analítica U. R. L. (Barcelona 2003)

Analista Junguiano IAAP-SCAJ (Copenhaguen 2013)

Supervisor Didacta IAAP (Bogotá 2018)



jueves, 26 de noviembre de 2020

2021: Psique y Sueño. Seminario-Taller

  "No estamos trabajando con los sueños para escapar de la realidad, lo hacemos para aprender, con ellos, a imaginarla mejor." Lisímaco Henao H.

En las imágenes están los detalles sobre horarios, costos y temas del nuevo seminario. 30 CUPOS. Escribe ya a eventos@jungcolombia.com

También te ofrecemos aquí la charla introductoria al curso:




viernes, 20 de noviembre de 2020

Analistas y Psicoterapeutas: ¿Cuál es el centro de nuestro trabajo? ¿Qué es lo que, en definitiva, hacemos?

Hoy, día de la Psicología en Colombia, compartimos esta reflexión, surgida de la formación Fundamentos y Herramientas en Psicología Profunda, que llevamos a cabo actualmente el Centro de Estudios Junguianos de Bogotá y Casa Jung Medellín.

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"Psique sorprendiendo a Eros dormido"
Hay quienes afirman que lo que hacemos realmente es crear necesidades con el discurso, que el nuestro es un conjunto de teorías que crearon un objeto de estudio y luego nos hicimos esclavos de ese objeto imaginario y de los tratamientos que inventamos para él. Esta perspectiva me parece de lo más interesante pues fue Jung quien afirmó que la psique crea la realidad cada día mediante la imaginación, de tal manera que sí, es cierto, es posible que la psicología, la psicoterapia y la psicopatología, sean creaciones de nuestra imaginación para un objeto altamente imaginario: el alma. El objeto de nuestro especial arte –también fue Jung quien afirmó que la psicoterapia es una rama del arte de curar-, no es otra cosa que el alma. Algunas perspectivas hablarán de sus aspectos cognitivos, de sus componentes neurobiológicos, de los estímulos y respuestas que modulan su conducta, o de sus imágenes internas a veces externalizadas, pero cada una de esas perspectivas ve algo diferente de un mismo objeto.

¿Recuerdan ustedes aquella fábula de los tres ciegos que se encontraron con un elefante y cada quién aseguró haber encontrado algo diferente según la parte del animal que palpaban? ¡es eso exactamente lo que pasa con las corrientes psicológicas: cada una cree haber encontrado un objeto diferente. James Hillman, en “Re-Imaginar la psicología”, habla de como la psicología junguiana se diferencia de una psicología humanista. Se refiere allí a que para el humanismo el centro de todos los procesos es el ser humano, tomado como aquel concepto que definen los llamados derechos humanos: es decir, todo sujeto libre, poseedor de derechos y de autonomía. Hillman llama la atención sobre el hecho de que Jung pone en el centro no al ser humano sino al alma, y que el alma a veces quiere cosas o necesita cosas que pasan por encima de la autonomía, los derechos o los deseos de este ser humano (a veces el alma nos lleva al fracaso, a la depresión, al sufrimiento, en momentos donde nuestro derecho, según creíamos nosotros mismos, era "ser felices").

Esta alma, este objeto que todas las corrientes psicológicas miran desde un lugar diferente, es una entidad constituida mayormente de imágenes, es el principio que Freud, Jung y muchos más han recogido de todas las tradiciones antiguas y de la nueva construcción de la psicología profunda. Estamos en el valle de hacer alma, dijo el poeta Keats (“Llama al mundo, si quieres, el valle de hacer alma. Entonces descubrirás el uso del mundo”), lo que sugiere que, aunque algunas religiones afirmen que llegamos al mundo con un alma eterna, esta es actualizada en su forma imaginal y simbólica cada día gracias a la consciencia, hacemos alma a la velocidad de un día por día y, cuando viene un paciente a nuestra consulta, es un alma que se ha hecho así como la vemos, así como la encontramos, así como la sentimos reir y sufrir en este instante en que tenemos el privilegio de conocerla. ¿Qué hacemos entonces nosotros?, escuchar esas imágenes y acompañar a que el otro las escuche (muchas veces somos inconscientes de esos "ladrillos psíquicos" con los que se ha ido construyendo nuestra casa del alma), e incluso proponer más imágenes hasta lograr que las emociones, la energía dinámica de las almas, encuentre nuevos cauces por dónde fluir, es decir, participamos en ese continuo hacer alma, en esa corriente viva que se dirige hacia el desarrollo de su propia naturaleza hasta llegar a ser "lo más completa posible".

El trabajo con la lectura y supervisión de casos, en el que tenemos la oportunidad de percibir diferentes puntos de vista sobre nuestro objeto, es decir, en que ponemos al alma en el centro de nuestro virtual salón de clases y la observamos bajo la luz de diferentes corrientes psicológicas, nos permite vislumbrar con un buen grado de claridad que vamos haciendo alma al paso que avanzamos en la palabra, en las ideas, sensaciones, sentimientos e intuiciones sobre lo que escuchamos, sobre lo que imaginamos con la lectura de los casos.

Para mí, la primerísima imagen en este ejercicio es la de el par terapeuta-paciente. Es una bella imagen que tiene profundas raíces arquetipales, imagen enraizada en aquellos primeros encuentros en que alguien señaló una estrella, un árbol, una hierba curativa o una lágrima en la mejilla. El par maestro-aprendíz es una poderosa imagen que influyó a las fundadoras y los fundadores de la psicología profunda, al proponer que nadie debía escuchar a otro si él mismo no había pasado por el proceso de ser escuchado. Y ese par arquetípico también nos habla de que el alma se hace siempre con otro, desde la concepción hasta la muerte, momento que, como afirmara Freud, puede ser el momento más solitario de la existencia, pero que también implica la presencia de los otros de nuestra historia, de la reconciliación con la vida, con la forma como la humanidad ha paticipado en mi individuación.

Es nuestro deber ir descubriendo lo que hacemos realmente durante nuestro trabajo, ya que hemos decidido dedicar nuestra vida a él: ¿cómo hago alma yo? ¿cómo sucede en mí? ¿cómo respetar ese proceso individual de hacerla en cada uno? ¿cómo comprender la participación –y hasta la necesidad- del sufrimiento en este proceso?. Grandes preguntas.

 Estas son, por supuesto, mis maneras de imaginar este trabajo, pero, al imaginarlo, lo hago realidad. Por ello pueden tener razón los críticos, en cuanto a que este es un invento del que vivimos, pero el invento crea realidad, y con la realidad no queda más que vivir y seguir imaginándola para no ser sus víctimas, y mucho menos de la propia imaginación.



 

Lisímaco Henao Henao.

Psicólogo U. de A

Analista Junguiano IAAP

201120