martes, 15 de noviembre de 2022

Desdén y culpa: el dinero en América Latina. Las complejidades psicológicas del individualismo anárquico no posesivo. Axel Capriles

Por Axel Capriles M., Ph.D. 

Axel Capriles es psicólogo de la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas y analista junguiano formado por el Intituto C. G. Jung de Zurich. Es miembro de la SVAJ, Doctor en Ciencias Económicas y columnista del diario El Universal. Entre otros libros ha escrito "El Complejo del dinero" (1996) y "La picardía del venezolano o el triunfo de Tío Conejo" (2008). 

En este trabajo el Dr. Capriles nos introduce en la psicodinámica económica desde el punto de vista de la psicología profunda, con un énfasis muy especial en la manera como el alma latinoamericana se relaciona con el dinero. 

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En su ensayo sobre “Las complicaciones de la Psicología Americana”, C.G. Jung contrasta las visiones norteamericana y europea del dinero. Dicho ensayo fue publicado originalmente en la revista Forum, en inglés, con el título “Your Negroid and Indian Behavior”, por lo que no es descabellado pensar que Jung le atribuyó al mestizaje y al distanciamiento del Viejo Continente un papel importante en la diferenciación de la conducta económica. En tal sentido escribe: 

“en nosotros, el dinero tiene todavía algo de la magia del viejo tabú, que data de los tiempos cuando cualquier negocio monetario como la banca, o la usura, era considerado deshonesto. todavía es una especie de placer prohibido en las viejas naciones. por eso, entre nosotros es común encubrir los asuntos monetarios. el americano, libre del peso de las condiciones históricas, puede hacer y gastar el dinero por lo que vale. américa está peculiarmente libre del hechizo del dinero y sin embargo hace mucho con él. ¿cómo puede el europeo comprender este rompecabezas?” (1)

Es raro que Jung, tan dado a observar la contrapartida inconsciente de la conducta humana, viera como exenta de complicaciones psicológicas la actitud despreocupada y abierta del norteamericano en torno al dinero. Además de que la entronización del afán de lucro en la psicología norteamericana introdujo nuevas e insospechadas complejidades en las formas de ser y los modos de interacción de los hombres y mujeres contemporáneos, su propio estilo de locura, si Jung hubiera recorrido otras tierras del continente americano, con seguridad se hubiera percatado de que el verdadero rompecabezas comenzaba más al sur, en las inmensas extensiones que se abren a partir del Río Grande, contrapartida necesaria de una geografía psicológica americana. 

Cierto es que Europa fue heredera del antiguo prejuicio antieconómico, manifiesto en la valoración negativa del dinero y la riqueza en multitud de claves morales, políticas y sociales, pero también dio origen a la ética protestante y al individualismo posesivo que permitieron la revalorización de la codicia como pasión benévola y las nuevas actitudes hacia el dinero y la acumulación de capital. Por ello, conviene insistir en que las complicaciones y contradicciones en la psicología monetaria contemporánea no provienen exclusivamente “del peso de las condiciones históricas”, de los prejuicios éticos y religiosos de la antigüedad o de la tradición católica medieval sino que forman parte inseparable de la naturaleza arquetipal del dinero y del impulso adquisitivo. El desprecio de las actividades financieras y mercantiles, el vínculo del dinero con el mal, la imposibilidad de ser justo y rico al mismo tiempo, la hostilidad hacia la acumulación de posesiones, el conflicto entre la ganancia material y la salvación espiritual, la asociación entre riqueza y culpa, aparecen con mil caras en el folklore, la mitología y la literatura universal. Son complejidades propias del dinero que cada individuo o grupo social tienen que aprender a enfrentar y resolver con base en su historia cultural y personal. Y en este sentido, lo que importa no es el conflicto sino la manera en que lo encaramos y solucionamos. 

Hacia el siglo XVII emerge con claridad en Inglaterra un tipo de personalidad caracterizado por una concepción económica del Si-mismo. Este modelo humano requerido y reproducido por el Capitalismo dio origen a una ideología que C.B. Macpherson denominó “el individualismo posesivo”(2), cuya elaboración teórica se encuentra en los escritos de Thomas Hobbes, John Locke, David Hume, Adam Smith, Jeremy Bentham o James Mill. En esta tradición política, el ser humano es visto primero y principal como propietario, propietario de su persona y de sus capacidades, así como de las adquisiciones y productos acumulados a través de sus habilidades. Y bajo este modelo donde la propiedad es constitutiva de la misma individualidad, donde ser una persona es sinónimo de ser un propietario, la sociedad no es más que una red donde nos relacionamos a través de nuestras pertenencias. Las motivaciones dominantes del individuo posesivo son su afán de producir, adquirir y consumir, su insaciable impulso a ampliar sus derechos de propiedad. Por ello James Mill entendió el deseo de acumulación como un atributo moral. 

A diferencia de Inglaterra y Norteamérica donde la fe materialista se expresa conscientemente en patrones claros y carentes de ambigüedad, y donde el terrible pecado de la codicia fue transformado en una ideología aceptada del lucro, en América Latina el complejo del dinero permanece hundido en una especie de oscuridad difusa. Para los herederos de la ética protestante y de la tradición del pensamiento liberal, el afán de lucro no es una fuente de culpa ni genera conflictos conscientes que valga la pena resaltar. El éxito económico es visto como signo de progreso y valor social. Es una meta explícita socialmente aceptada, un indicador de competencia; la evidencia de nuestros logros individuales y su contribución al bienestar general. Los individuos económicamente exitosos son vistos como héroes culturales, sus realizaciones y estilos de vida son admirados y emulados. Para el latinoamericano, en cambio, el entorno emocional que rodea el dinero es más complejo y ambivalente. 

Como afectado por “la magia del viejo tabú” mencionado por Jung, el latinoamericano enfrenta con terrible ambigüedad el tema del dinero. Hay algo de vulgar e innoble en los frutos económicos del trabajo y las actividades mercantiles, la acumulación de capital conlleva casi inevitablemente a la injusticia y es difícil ser rico sin ser ladrón. Paradójicamente, el valor de la prosperidad material y los ideales de bienestar económico de la Civilización Occidental dominan buena parte de la actividad colectiva e individual de los latinoamericanos como de cualquier otro ser y el ingreso sigue siendo un marcador de la distancia y posición social. Sin renunciar al lucro como aspiración personal, el desdén y la culpa se incorporan al dinero como caras alternas de una misma moneda fatal. No sólo los viejos prejuicios han penetrado en lo más hondo de las doctrinas políticas del populismo latinoamericano sino que cada cual tiene que cargar y dar respuesta en su vida privada a toda la historia de pobreza, subdesarrollo, injusticia, inequidad y exclusión, que ha caracterizado a nuestro escenario social. El venezolano podría ser visto como ejemplo paradigmático. Si por un lado, es particularmente propenso a un estilo de vida dispendioso que muestra sin vergüenza ni asomo de turbación, prototipo de la psicología minera y del rentismo, por el otro, la acumulación de riquezas nunca llega a deslastrarse de una inevitable carga de culpa e injusticia social, de estar asociada con los manejos deshonestos y la conducta indigna. Es una especie de desprecio moral muy poco claro, muy difuso. 

Perplejos por la recurrencia de errores y el fracaso de la mayoría de las economías latinoamericanas, muchos intelectuales han vuelto su mirada hacia los factores psicológicos y culturales vinculado con el desarrollo. En este contexto, se ha hecho habitual buscar explicaciones en nuestras raíces históricas, atribuir nuestro rezago económico a la herencia cultural hispánica y a la manera en que ella bloqueó el desarrollo del espíritu empresarial y la racionalidad económica que hicieron prosperar al resto de Europa. La disociación y represión del dinero en el alma hispánica obligó a llevar una vida inconsciente a muchos componentes de sus representaciones monetarias, que constelizados como complejos históricos tienden, todavía, a reaparecer contaminados con la Sombra. Y si bien es cierto que las restricciones del catolicismo medieval forman parte de la memoria colectiva de la sociedad ibérica, la crudeza y profundidad de los problemas económicos latinoamericanos parecen indicar que el núcleo de nuestro complejo del dinero se nutre de formas mucho más arcaicas insertas en el mundo especular, atemporal y eterno, que Jung denominó el inconsciente colectivo. 

La aparición del homo sapiens en el continente americano ocurrió, con mucha probabilidad, a comienzos del Paleolítico Superior, entre 50.000 y 25.000 años atrás, en una primera migración a través del estrecho de Behring, impulsada por los cambios climáticos de las últimas glaciaciones del Pleistoceno. Este primer hombre americano de tipo “paleo-caucasoide”, era dolicocéfalo, de cráneo estrecho y alargado, completamente diferente del tipo “mongoloide” braquicéfalo (de cráneo ancho y corto) que entró en una segunda oleada migratoria posterior, hace entre 25.000 y 12.000 años. Para muchos antropólogos, como Daniel de Barandiaran, los indios Sanemá-Yanoama, que hoy ocupan el corazón de la selva amazónica entre Venezuela y Brasil son los sucesores directos de este “homo sapiens” que entró en América con la primera migración. Para Barandiaran: 

“el indio sanemá-yanoama es el abolengo primigenio de américa. su nobleza humana no data. es el testigo viviente, con sus demás hermanos marginales, del primer hombre entrado en américa. el primer estrato americano, conservando todavía el denominador común de los rasgos esenciales de su primera morfología y de su cultura primitiva u original, es en américa una auténtica realidad: una asombrosa realidad.” (3) 


Si uno de los más valiosos aportes de C.G. Jung fue mostrarnos que el más racional de los hombres modernos es también portador de componentes parciales del hombre arcaico que llevamos dentro (como dominante de forma del inconsciente colectivo de la humanidad), nos interesa sobremanera conocer la imaginación económica de este reflejo viviente de nuestra historia cultural. Los yanomamo tienen diferentes tipos de alma. Cuando un yanomamo muere el alma central o buhii se convierte en no borebö, la cual escapa del cuerpo y asciende por las cuerdas del chinchorro, los postes y el techo de la vivienda, hasta llegar el nivel superior del mundo celestial donde ingresa al Gran Shabono del país de las almas. Si durante su vida, ese yamomamo no fue generoso, acumuló demasiadas propiedades y fue avaro con sus bienes, Watawatawe, un espíritu repelente y espantoso, se le aparece en medio del camino para desviar su ruta y guiar el alma extraviada hasta una hoguera virulenta y gigante , el Shobari Kë Wakë, donde el alma será consumida. 

Este mito refleja valores y creencias normativas que regulan la conducta económica de los yanomamo. Como apunta el antropólogo francés Jaques Lizot, entre estos indígenas de la selva amazónica, 

“el trueque es una obligación y, por lo tanto, el atesoramiento es imposible. el único vicio que reconoce la moral yanomami es la avaricia, y para ella se ha concebido un castigo comparable a la punición de los pecados en la moral cristiana: el fuego... si los indios sobreestiman la ganancia de ninguna manera es por el placer de acumular, sino por el prestigio y la secreta satisfacción que acompañan el reparto y la redistribución de las riquezas.” (4)


Las actitudes económicas de uno de los grupos humanos más primitivos del globo terráqueo, el valor de la prodigalidad y el desprendimiento, el rechazo del atesoramiento y la acumulación, no son exclusivos de una etnia particular. Son más bien, rasgos de carácter valorados ampliamente en numerosas culturas, sobre todo, en las no occidentales. Ente los pobladores de las islas Trobiand, en el Pacífico Occidental, la riqueza y la posesión de bienes materiales son importantes porque dan grandeza y jerarquía a las personas; son atributos del rango social y muestran la virtud personal pero sólo si las posesiones son compartidas y sirven para dar. El código social del Kula se impone sobre el impulso adquisitivo a través de la obligación de disponer y compartir; coloca la posesión en un circuito circular de intercambios donde el objeto de valor sólo permanece un tiempo limitado en manos del dueño temporal. Mientras la mezquindad y la tacañería son los principales vicios sociales, la generosidad es considerada la gran virtud. En este contexto, la posesión y la ganancia no son estímulos para el trabajo y la prosperidad material como la entendemos los occidentales se ve comprometida. (5) 

A diferencia del tipo de personalidad centrada en la posesión y del carácter social que hizo posible el desarrollo de la democracia liberal y la economía de mercado en los países del hemisferio nor-occidental, la estructura básica del carácter de los habitantes de las sociedades latinoamericanas no es posesiva. En esto convergen la impronta del viejo ethos hispánico y las tradiciones indígenas y negras de América Latina que no producen para acaparar y poseer sino lo necesario para vivir y cumplir con las reglas de reciprocidad propias de su nivel social. A pesar de las tendencias colectivistas y comunitarias de las culturas indígenas, en otros trabajos he señalado que en Venezuela y algunos países latinoamericanos prevalece el “individualismo anárquico no posesivo” forjado en el fulcro del mestizaje.(6) Distinción que es indispensable realizar por la incomprensión que genera nuestra peculiar forma de individualismo, lo que se evidencia en el hecho de que siempre hemos sido catalogados como culturas colectivistas. Por lo menos en Venezuela, en algunas islas del Caribe y en Colombia, podemos hablar de un tipo de individualismo particular que actúa como marco dominante de la personalidad modal. Y en este sentido, repito, el afán de lucro del latinoamericano difiere substancialmente del sajón. 

Así lo han demostrado diferentes estudios realizados en Venezuela cuyos resultados indican que la riqueza no es vista como la posesión de un capital, ni como el resultado de un proceso de producción y acumulación o el producto del trabajo. Es más bien, la posibilidad de tener acceso y disfrutar un nivel de vida dispendioso a través de procedimientos no económicos como el amiguismo o la conexión con el poder político.(7) La producción y acumulación de dinero, la búsqueda de ganancia, la obtención de rentabilidad y el esfuerzo productivo no son valores sociales o metas culturales especialmente marcadas en Venezuela. El dinero no es algo que amerite demasiado esfuerzo o sacrificio. Ya Alejandro de Humboldt había remarcado en ello en el año 1800, al referirse al comportamiento de un joven indio que le había servido de guía en el oriente de Venezuela: 

“el indígena cobrizo, más acostumbrado al calor ardiente del clima que el viajero europeo, se lamenta más de ello porque ningún interés le estimula. el dinero carece de incentivo para él; y si por un momento se ha dejado tentar con la idea del lucro, ya puesto en camino se arrepiente de su resolución. ese mismo indio que se queja de que en una herborización se le carga con una caja llena de plantas, hace remontar una canoa contra la más rápida corriente remando durante catorce o quince horas seguidas, porque desea retornar a su familia”.(8) 

La observación del renombrado viajero y naturalista alemán no es diferente de los resultados de la investigación empírica contemporánea. En un trabajo sobre las aspiraciones y valores sociales de los venezolanos, Silverio González Téllez y Mauricio Phelan concluyen que la acumulación de dinero es irrelevante en Venezuela. Sobre ello comentan que si el Capitalismo se identifica con la ganancia continua y la rentabilidad, con la reproducción del dinero por medio del trabajo, el esfuerzo y la acción racional, “en la sociedad venezolana no es una aspiración reproducir el dinero. La riqueza a través del trabajo no es algo por lo que valga la pena esforzarse. Tal es una de las conclusiones que surgen del análisis del perfil nacional de aspiraciones y de las clases de pensamiento. Apenas representan 4,26% de la muestra nacional aquellos que respondieron que la reproducción del dinero era su principal aspiración.”(9) 

Así como el orden colectivo está más allá de una conciencia y se articula independientemente de la voluntad de los actores sociales, las actitudes económicas son el resultado espontáneo de formas de ser, de mentalidades que recogen la naturaleza básica de la dinámica social. La economía no se construye desde el exterior como producto de una voluntad sino que expresa, también, las relaciones entre los miembros de la sociedad. Y si hasta ahora hemos destacado al ser no posesivo como la cara oculta y determinante de fondo de la economía latinoamericana, nos hace falta explorar otros aspectos de nuestras complejidades culturales para llegarle al centro de nuestro comportamiento monetario. 

Por una constelación particular en el crisol de culturas, el acendrado impulso individual del español devino iniciativa fragmentada en América, hasta convertirse en lo que Carlos Siso llamó un “individualismo insociable”, un ser centrado en las necesidades particulares y deseos personales sin tomar en cuenta las obligaciones y deberes colectivos. El individualismo anárquico es el deslinde grueso de un modo de existir, el esbozo de una peculiar forma de sentir e interpretar el mundo caracterizada por la supremacía inmanente de la persona por encima de cualquier asunto o norma colectiva. Es la despreciativa altivez del individuo que no acepta ni se somete a leyes, el “se obedece pero no se cumple” de la máxima colonial, la personalidad autónoma y desprendida que no concibe formas jerárquicas que la contengan. Se caracteriza por el absolutismo personal, la insumisión rebelde, el personalismo a ultranza, la voluntad de no estar sujeto a nada ni a nadie, ajena al civismo solidario. Este personalismo insociable subsiste junto a una especie de colectivismo que alienta los lazos familiares y los vínculos primarios. Es muy similar a lo que Edward Banfield estudió en el sur de Italia y denominó familismo amoral, es decir, una cultura que si bien valora la filiación, la familia y los grupos de referencia cercanos, es particularmente deficiente en cuanto a los valores comunitarios y las normas colectivas. En el Sur de Italia y Sicilia, los intereses del grupo solo tienen sentido en la medida que proporcionen algún beneficio personal.(10) 

El individualismo anárquico no posesivo puede ser una disposición enriquecedora: nos ofrece una manera más ágil de concebir nuestra relación con el mundo, permite rupturas del orden establecido que propician el aparecer del duende, tiene frescura, facilita la espontaneidad y produce un efecto liberador, sobre todo, cuando lo contrastamos con la rigidez y las cortapisas emocionales del carácter mercantil. Sin embargo, la fascinación ante la manifestación individual de ciertos rasgos colectivos y un exceso de relativismo cultural nos han hecho perder de vista los efectos perjudiciales de muchas instituciones y comportamientos sociales. Como señala Robert Edgerton, 

“...las sociedades humanas, incluyendo la nuestra, a veces no funcionan lo bien que deberían. ...los humanos de distintas sociedades...son capaces de empatía, gentileza e incluso amor...pero también son capaces de mantener creencias, valores e instituciones sociales que tienen como resultado crueldades sin sentido, sufrimientos innecesarios y una estupidez monumental en sus relaciones entre sí...la gente no siempre es sabia, y las sociedades y culturas que crean no son mecanismos de adaptación ideales, perfectamente diseñados para satisfacer las necesidades humanas.” (11)


Dentro del contexto que nos ocupa: el comportamiento económico de las sociedades, no es un exceso de etnocentrismo alertar sobre la precariedad de una sociedad soportada sobre el individualismo anárquico. El limitado concepto de ciudadanía, la escasa preocupación comunitaria, el constante desafío de lo público y el rechazo a cualquier norma abstracta, producen efectos perversos al agregarse dentro de un colectivo. El desdén por el orden, el rechazo, la rebeldía e insumisión frente a cualquier norma general van a contracorriente del sacrificio y el trabajo concertado, metódico, requerido para acumular capital y producir el crecimiento económico sostenido indispensable para salir de los abrumantes niveles de pobreza que hoy sacuden los fundamentos de nuestro orden social. 

A pesar de que la concepción mercantil del si-mismo es limitante y empobrecedora para el proceso de auto-realización personal, no hay duda de que la ideología del utilitarismo liberal fue tremendamente efectiva para acrecentar el bienestar material de los seres humanos. La generalización de un hombre racional, ordenado, práctico, deseoso de poseer y enfocado en la productividad, no fue promotora de mayor felicidad, pero si de diligencia y efectividad. En la acera opuesta, conocemos también los logros del colectivismo. Muchos países del Sudeste Asiático han demostrado que la subordinación del individuo al esfuerzo colectivo y la lealtad al grupo pueden ser, de igual manera, vehículos para el progreso material. Pero el individualismo anárquico, en cambio, se ha mostrado reiteradamente encontrado con la formación de capital social, “esa provisión total de relaciones sociales de cooperación basadas en normas de honestidad y reciprocidad”, ese “conjunto concreto y ejemplificado de valores o normas informales que es compartido por los miembros de un grupo y que les permite cooperar entre sí” (12) así como tener la confianza mutua necesaria para funcionar de manera eficiente y asumir los retos comunes. 

Toda sociedad necesita valores, reglas y normas compartidas que le permitan a los individuos interactuar sin demasiadas fricciones, trabajar juntos, subsistir y desarrollarse como grupo social. Es lo que Friedrich von Hayek denominó “el orden extendido de la cooperación humana”.(13) Esas normas de cooperación son fundamentales para la conducta económica racional. Son indispensables para reducir los costos de transacción, los costos de negociación y control de los contratos. Si bien el orden social y las reglas de cooperación pueden ser creadas jerárquicamente, un número importante de ellas surge de manera espontánea y descentralizada de las interacciones sociales y forma parte de la cultura internalizada en los individuos. Cuando las personas tienen que seguir viviendo juntas y su bienestar depende de la cooperación y la colaboración, los individuos requieren valores y reglas que les permitan mantener su cohesión social y el imperio de la ley y de la norma general se hace cada vez más necesario. 

La frustración que genera la incapacidad para confrontar efectivamente la realidad y solucionar los problemas materiales y sus aspectos económicos, da pie a multitud de prejuicios y complejidades monetarias. Como en la fábula de Esopo, donde el zorro incapaz de alcanzar las uvas termina diciéndose a si mismo que ya no las quiere porque están ácidas, muchas racionalizaciones se han tejido en torno al mundo del dinero. La indiferencia hacia los asuntos económicos, el desprendimiento y la despreocupación por la acumulación de capital, el desinterés por el dinero, pueden indicar una valoración de otras dimensiones del vivir, un espectro de motivaciones más diferenciado, pero también pueden ser vistos como contrapartidas de un conflicto inconsciente. Si las paradojas planteadas por el dinero no han sido suficientemente dilucidadas, si el imaginario colectivo no ha dado pautas para resolver eficientemente los problemas materiales, parte de las representaciones económicas mantendrán un tono afectivo de ambivalencia en el que conviven el desdén, la indiferencia y la culpa. Si algo que queremos, porque nos gusta y nos causa placer, también nos incomoda, ya que inconscientemente produce angustia o nos remite a nuestra propia incapacidad, al obtenerlo tenderemos inmediatamente a gastarlo, desprendernos o deshacernos de él. 

El énfasis de los analistas jungianos en el proceso de individuación de cada cual, la idea dominante de que nuestra principal tarea es concentrarnos en el proceso personal, de que el verdadero misterio y valor de la vida se encuentra en el reino interior de la psique inconsciente, nos ha hecho perder de vista el impacto de ciertos rasgos del carácter social y cómo ellos pueden revertirse de manera dañina sobre el individuo. Como señala Marie-Louise von Franz, “por eso se dice a veces que el hacer caso al inconsciente convierte a la gente en antisocial y egocéntrico”, pero, “por regla general esto no es cierto porque hay un factor poco conocido que entra en esa actitud: el aspecto colectivo (o, hasta podríamos decir, social) del sí-mismo”.(14) El peculiar anarquismo criollo, el valor de un vivir donde el bienestar personal va primero, la afirmación de la relación individualizada por encima de toda ordenanza, el hosco rechazo a la autoridad y a las reglas que hacen de cada actor social un rector de su propia vida ajeno al bienestar colectivo, necesitan ser balanceados por ese componente social del si-mismo, campo arquetipal de la realidad. Si el mundo tiene un interior al igual que un exterior, si la psique es un espacio imaginativo que permite la mediación, nuestro quehacer como analistas pasa por la propiciación de imágenes que hagan posible al confluencia de esos dos mundos en el campo intermedio del alma. 


References 

1) JUNG, C.G. “The Complications of American Psychology”, en Civilization in Transition. Vol. 10 of th Collected Works. Bollingen Series XX, Princeton, 1978, P. 512. 

2) MACPHERSON, C.B. La teoría política del individualismo posesivo. De Hobbes a Locke. Editorial Fontanella, Barcelona, 1970. 

3) BARANDIARAN, Daniel de y WALALM, Aushi. Los Hijos de la Luna. Monografía antropológica de los indios Sanemá-Yanoama. Editorial Arte, Caracas, 1974. Pp. 14-15. 

4) LIZOT, Jacques. El Círculo de los Fuegos. Monte Ávila Editores, Caracas, 1978, P. 231. 

5) MALINOWSKI, Bronislav. Argonauts of the Western Pacific. An account of native enterprise and adventure in the archipelagoes of Melanesian New Guinea. Waveland Press, Inc. , Illinois, 1984. 

6) CAPRILES M., Axel. Individualismo anárquico y civismo solidario: apuntes de ecología social venezolana. En Ramírez Ribes, María, Compiladora: Venezuela: repeticiones y rupturas. La reconquista de la convivencia democrática. Informe del Capítulo venezolano del Club de Roma, Caracas, 2003. 

7) BRICEÑO-LEÓN, Roberto. Los efectos perversos del petróleo. Fondo Editorial Acta Científica Venezolana y Consorcio de Ediciones Capriles, Caracas, 1990. 

8) HUMBOLDT, Alejandro de. Viaje a las Regiones Equinocciales del Nuevo Continente. Tomo I. Monte Ávila Editores, Caracas, 1991. P. 449. 

9) GONZÁLEZ TÉLLEZ, Silverio y PHELAN, Mauricio. ¿Qué quieren los venezolanos? Cuadernos de Investigación Social No. 1. Fondo Editorial Acta Científica Venezolana y Consorcio de Ediciones Capriles C.A., Caracas, 1992. Pp. 42-43. 

10) BANFIELD, Edward C. The moral basis of a backward society. Free Press, Chicago, 1958. 

11) EDGERTON, Robert B. Prácticas y creencias tradicionales: ¿algunas son mejores que otras?. En: La Cultura es lo que importa. Op. cit. P. 190. 

12) FUKUYAMA, Francis. Capital Social. En Huntington, Samuel y Harrison, Lawrence, La Cultura es lo que Importa. Cómo los valores dan forma al progreso humano. Editorial Planeta, Buenos Aires, 2001. P. 155 y 152. 

13) HAYEK, Friedrich von. The fatal conceit: the errors of Socialism. University of Chicago Press, Chicago, 1988. 

14) von FRANZ, Marie-Louise. El proceso de individuación. En: Jung, Carl G. El hombre y sus símbolos. Agular, Madrid, 1974. P. 219. 


miércoles, 2 de noviembre de 2022

Jornadas de Estudios Psiquedélicos Universidad de Antioquia.

"ENCUENTROS EN EL MULTIVERSO: El Libro Rojo de Jung y los viajes con enteógenos" y la exposición de las ilustraciones del Libro Rojo, serán nuestros aportes a las Jornadas de Estudios Psiquedélicos en la U. de A. 10 y 11 de noviembre. Entrada Libre. Sólo tienes qué registrarte en portería de la U. 

Transmisión por el canal de Youtube "Casa Jung"

Organizan: Etnopsique, Grupo de investigación Psiconex, Consciencia Viba y Universidad de Antioquia.

Mira toda la programación. 






















jueves, 13 de octubre de 2022

Todo es Revelación. La meditación junto al lago de Henry Corbín.

Henry Corbín fue un destacado filósofo, islamólogo, estudioso de la cultura iraní y autodenominado "gnóstico". De su obra tomó James Hillman el vocablo "Imaginal", para referirse al campo creador de realidad en la psique y a sus productos (lo arquetipal), diferenciando todo ello de "lo imaginario", un concepto que es usado, casi despectivamente (lo "simplemente" imaginario), por algunas formas de psicoanálisis y por  autores de ciencias sociales. Hizo parte del prestigioso Círculo Eranos donde tuvo algunos encuentros y conversaciones con Jung, surgiendo entre ellos inmediatamente una gran afinidad. 

Corbín escribió extensamente sobre el campo imaginal y sobre los medios para acercarse a un mundo existente per-se, pero relegado al fenómeno religioso por la modernidad. Consecuente con su obra intelectual o bien completándola, fue también un místico dedicado. A continuación, compartimos una hermosa meditación, la denominada "teología junto al lago".



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24 de agosto de 1932, a las 18 Hs, al borde del lago Siljan, cerca
de la ciudad de Leksand en la provincia sueca de Dalecarlia.

"Todo es revelación; no puede haber sino re-velación. Ahora bien, la revelación procede del Espíritu, y no hay conocimiento del Espíritu.

Pronto llegará el crepúsculo, pero ahora las nubes son todavía claras, los abetos aún no están oscuros, pues el lago los alumbra con su transparencia. Y todo es verde, de un verde que sería más rico que una pieza de órgano, en el teclado más alto. Hay que escucharlo sentado, muy cerca de la Tierra, con los brazos cruzados y los ojos cerrados, como si se estuviera durmiendo.

No hay que pasearse como vencedor, pretendiendo dar nombre a las cosas, a todas las cosas; son ellas las que te dirán quiénes son, si escuchas sumiso como un amante; pues súbitamente, para ti, en la paz sin confusión de este bosque del norte, la Tierra ha venido a Ti, visible como un Ángel que será, tal vez, mujer, y en esta aparición, en esta soledad muy verde y muy poblada, sí, el Ángel también está vestido de verde, es decir, de crepúsculo, de silencio, de verdad. Entonces hay en ti toda la dulzura que está presente en el abandono a un abrazo que te vence.

Tierra, Ángel, Mujer, todo en una sola cosa, que adoro y que está en el bosque. El crepúsculo sobre el lago, mi Anunciación. La montaña: una línea.

¡Escucha! Algo va a suceder. La espera es inmensa, el aire se estremece bajo una llovizna apenas visible; las casas que extienden a ras de suelo su madera roja y rústica, su techo de caña, están ahí, al otro lado del lago.

Algo comenzará esta noche, algo prometido, en lo que creo. ¡Ah! ¿Esta noche? ¿Cuándo, pues, esta noche? Si fuera realmente en unas horas, no sería nunca, pues habría que terminar y luego volver a empezar, y acabaría siempre sin comenzar nunca. ¿Sabes tú qué es esperar, y sabes lo que es creer?

El Misterio de la Santa Cena en que serás introducido, donde todos los seres estarán presentes, sí, no lo puedes decir más que en futuro. Pues cuando lees en verdad, como ahora, lo que está ahí, delante de ti, cuando escuchas al Ángel, y a la Tierra, y a la Mujer, en ese momento recibes Todo, Todo, en tu pobreza absoluta. Pero cuanto has leído y recibido, en cuanto miras, en cuanto quieres comprender, poseer, dar un nombre y retener, explicar y encontrar ¡ah!, no hay más que una cifra y tu sentencia se ha pronunciado.

Pues a cada instante eres juzgado, y debes morir. Entonces mueres, cuando tu existencia decide y realiza, pues entonces se acaba: lo que fue no es, quisiste sin renunciar, renuncia sin querer.

No, tú eres el pobre, tú eres el hombre; y él es Dios, y tú no puedes conocer a Dios, ni al Ángel, ni a la Tierra, ni a la Mujer. Debes ser encontrado, tomado, aprehendido; es necesario que ellos hablen, si no, estás solo, y tal vez está bien así, y será siempre así, siempre, es decir que no habrá eternidad para ti. Pues has nacido en un pecado que era pecado antes que ti, y has tenido miedo, mucho miedo, y has gritado, gritado porque la Tierra era inmensa, gritado por que la Mujer era demasiado bella, gritado porque el Ángel era invisble, y por que tú, tú eras Adán, y Adán quería vivir.

Adán erigió el Amor, el lirismo, la religión, pues quiso-vivir, es decir, quiso-ser Dios, y luego hablar a su antojo a los tres seres. Preguntar ¡ay! y él solo responderse. Escuchar ¡ay! darse a sí mismo un concierto.

Pero entonces, ciertamente surgirá de súbito de este lago un cortejo de seres bellísimos. Cantarán los funerales de Adán; y porque Adán ha muerto, se dirá en un coral, a la que más voces se unirán, que no hubo angustia en todos sus instantes: "¡Cristo ha nacido! ¡Cristo ha resucitado!".


Leksand en Dalécarlie, en la orilla del lago Siljan,

24 de agosto de 1932, 18 horas"

jueves, 6 de octubre de 2022

CURSO DE SIMBOLOGÍA. SÍMBOLOS NATURALES Y AMPLIFICACIONES ARQUETÍPICAS. (Virtual y Presencial)

Encuentra aquí información sobre temas, fechas, horarios y costos:



Símbolos naturales. Animales domésticos y salvajes y elementos de la naturaleza en sueños, mitos, arte y en la vida cotidiana.

Aunque somos nosotros quienes otorgamos significado, la arquetipología junguiana nos ha permitido captar nuestra implicación en todos los fenómenos naturales, gracias a que podemos comprender la forma como nuestra naturaleza se reconoce en ellos y corresponde simbólicamente. Más que interpretación hacemos amplificación, relación de cada fenómeno natural con los productos de nuestra propia constitución psíquica, en un movimiento que se acerca más al concepto de “Hermenéutica” como camino de Hermes-Mercurio, el hacedor de conexiones, que al de “interpretación”, que suele usarse como vía unívoca hacia una supuesta “verdad”.

La idea de este curso nace del curso RED DE SUEÑOS, en el que hemos detectado la necesidad de relacionarnos mejor con la teoría simbólica y con los hechos simbólicos como tal. Está dirigido a todo tipo de público y ofrecerá, como siempre, lecturas y videos que inspiren e informen sobre cada temática.

Comúnmente, cuando aparece un animal en un sueño, se dice automáticamente "¡se trata de un instinto!", pero se olvidan detalles que llevan mucho más lejos de esa simple apreciación, y pasa igual con elementos como, por ejemplo, el agua, del que se deduce demasiado rápidamente que es "el inconsciente", sin reparar en aspectos del agua poco reflexionados.

Es un curso que va más allá de su aplicabilidad en lo sueños y abarca la mitología, las artes, las religiones y, por supuesto, nuestra vida cotidiana.

METODOLOGÍA: Tomaremos la sugerencia de Barbara Hannah de iniciar con lo que ella denomina “el animal verdadero”, en su estudio sobre los animales, es decir, el fenómeno como se presenta en la realidad biológica o material, para luego pasar a la amplificación, verificando las diversas emociones e imágenes que han emergido en torno a él.

TEMARIO GENERAL: Iniciaremos con animales salvajes y domésticos, para pasar luego a los elementos organizados en occidente: agua, aire, fuego y tierra, sumando el elemento madera que oriente organizó.

FECHAS Y HORARIOS:

Martes de 7 a 9 p.m. hora de Colombia (Ver más abajo los horarios para otros países).

Fechas: Octubre 25 y Noviembre 1, 8, 15, 22 y 29

COSTOS:

120 USD – 480.000 COP

INSCRIPCIONES:

eventos@jungcolombia.com


Dirige:

Lisímaco Henao Henao.

Psicólgo U. de A. (Medellín 2000)

Master en Psicología Analítica SEPA (Barcelona 2003)

Analista Junguiano IAAP-SCAJ (Copenhaguen 2013)

Supervisor Didacta IAAP (Bogotá 2018)


HORARIOS:

Colombia, Panamá, Ecuador, México y Perú: 7 p.m.

Venezuela y Costa del este E. U. : 8 p.m.

Chile, Argentina, Brasil y Uruguay: 9 p.m. Costa Rica y El Salvador: 6 p.m.

Costa oeste E. U. 5 p.m.



martes, 4 de octubre de 2022

LA DIOSA OSCURA. Con Marion Woodman.

 LAS VÍRGENES NEGRAS que se encuentran en algunas catedrales antiguas, las grandes diosas que vinculan vida y muerte, los mitos y los sueños que parecen revelarlas, han producido un número significativo de libros y trabajos en torno a una noción arquetípica difícil de comprender, sobre todo en una civilización que ha entendido el arquetipo materno como estereotipo de "pureza".

Marion Woodman, en este fragmento del documental que ya publicamos anteriormente, nos muestra este arquetipo encarnado en su propia vida, actuando a través de su psique y de su cuerpo, todo ello, a partir de su anorexia. Nos acerca, entonces, a una simbólica de la vida y de la muerte, que nos conviene integrar para comprender y aceptar nuestra enigmática existencia. 

Apóyanos suscribiéndote al canal con un click: https://www.youtube.com/c/casajungmedellin?sub_confirmation=1


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sábado, 10 de septiembre de 2022

RED DE SUEÑOS. Seminario Taller con Lisímaco Henao. Virtual y Presencial.

MODALIDAD VIRTUAL Y  PRESENCIAL 

Nos enseñaron a interrogar al sueño como si se tratara de un oráculo que debía responder a todas nuestras preguntas; hoy en día existe incluso quién quiera programar el sueño para que haga por el Ego lo que este desea, quisiéramos colonizar el reino del sueño, invadirlo con nuestros deseos, pero, no lo olvidemos, quien desea en el sueño no es el Ego. Así que partimos en este viaje con una pregunta: ¿Qué tanto podemos permitir que sea el sueño quien nos interrogue? ¿Podemos soportar los cuestionamientos del alma? ¿Somos capaces de retirar la contaminación que hemos querido arrojar sobre lo inconsciente?

Para ello tomaremos

De Freud: La idea de que hay algo más detrás de ese relato recordado del sueño, de que hay un contenido latente detrás del contenido manifiesto.

De Jung: La idea de que hay dos niveles en lo sueños. Que en ocasiones el sueño se refiere a niveles subjetivos de la psique, es decir, a los complejos o que nuestra mirada puede auscultarlos con esa perspectiva... Pero que, en otras, se refiere a niveles objetivos, es decir, a los arquetipos, al nivel arquetípico de la psique.

De Hillman: Que el sueño es la realización del deseo de la psique de soñar, de ser captada mediante sus imágenes, y que el sueño es un puente de ida y vuelta, un puente hacia un mundo en el que el Ego, es un aprendiz.

Metodología: 6 días, 6 encuentros, 6 grandes temas. Pero lo primero será el sueño, tomaremos sueños de la literatura psicológica y psicoanalítica y de los asistentes para explicar cada tema. Los asistentes tendrán material previo para leer o ver.


Temas:

1. Contenido manifiesto y contenido latente. Teoría del Símbolo. La experiencia de las asociaciones y los restos diurnos.

2. Sueños y complejos. El nivel subjetivo del sueño. Los complejos son los guionistas, el decorado y los actores del sueño.

3. Sueños y Arquetipos. El nivel objetivo del sueño. Si el mito es el sueño de la humanidad, el sueño es el mito personal.

4. El sueño como manifestación de lo inconsciente: ¿Qué aprende mi Ego de esta experiencia onírica? El “Quién” del sueño y las reglas del mundo onírico: tiempo, espacio, colores, sabores, aguas, tierras, luces y oscuridades.

5. Los sueños y la muerte: ¿Quiénes son los muertos?

6. Los sueños lúcidos y la imaginación activa.

A cargo de Lisímaco Henao H. Psicólogo, Master en Psicología Analítica, Analista Junguiano. Autor de "El Libro Rojo de mis sueños. Bitácoras del Alma"

HORARIO: Sábados 11 a.m. a 1 p.m. Hora de Colombia. 

INICIO: Septiembre 17

Costo total: 480.000 pesos colombianos ó 120 USD.

Información: eventos@jungcolombia.com


jueves, 11 de agosto de 2022

LA VIRGEN. Por Esther Harding

Esther Harding fue una de las primeras analistas formadas por C. G. Jung, la primera analista junguiana en los Estados Unidos y fundadora del Club de Psicología Analítica de Nueva York. Conocemos en castellano su excelente obra "Los Misterios de la mujer. Simbología de la luna", de Ediciones Obelisco. En esta fotografía se le puede ver en medio de dos brillantes colegas, Barbara Hannah (Izq) y M.L. von Franz (Der). 


El trabajo que presentamos se encuentra en la compilación de Ed. Kairós titulada "Espejos del Yo" (Traducción errónea sobre la que hemos llamado la atención. Su título original es "Espejos del Self"). 

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La Gran Madre siempre se representa como Virgen, a pesar de que tiene muchos amantes y es madre de muchos hijos, o de un único hijo que muere para nacer una y otra vez, año tras año. El término «virgen» necesita cierta investigación; obviamente, con su moderna connotación de casta e inocente, no puede aplicarse a la Magna Mater, a menos que admitamos que permanece milagrosamente virgen a pesar de experiencias que impedirían aplicar el término. Frazer, sin embargo, tiene una afirmación esclarecedora sobre este punto: «La palabra griega parthenos, que corrientemente traducimos por virgen, aplicada a Artemisa no designa más que una mujer no casada, y al principio ambas cosas no eran de ningún modo lo mismo… no había culto público de Artemisa la Casta; en la medida en que sus títulos sagrados tienen que ver con la relación entre los sexos, muestran que, por el contrario, como Diana en Italia, estaba especialmente interesada en la pérdida de la virginidad y el dar a luz... Sin embargo, lo que mejor muestra el verdadero carácter de Artemisa como diosa de la fecundidad, que no del matrimonio, es su constante identificación con las diosas asiáticas solteras, que no castas, del amor y la fertilidad, a las que se rendía culto con ritos de notable libertinaje en sus santuarios populares» [1] En una nota al pie Frazer comenta la línea de Isaías «y una virgen tendrá un niño», y dice que la palabra hebrea aquí vertida como «virgen» no significa otra cosa que «mujer joven», y que «una traducción correcta habría evitado la necesidad del milagro». De todos modos, este comentario no acaba de explicar el punto difícil, pues sea lo que sea lo que quisiera decir el profeta Isaías, sabemos que la Virgen María fue venerada por la iglesia medieval, y sigue siendo venerada hoy por los católicos, como virgen en nuestro sentido moderno de la palabra, aunque la tradición reconoce que tuvo hijos carnales con José después del nacimiento virgen de su Hijo Primogénito, y también es aclamada en himnos latinos como esposa a la vez que madre de su Hijo. Estas cosas constituirían una contradicción flagrante o requerirían un milagro imposible si hubieran de tomarse al pie de la letra. En cambio, si reconocemos los conceptos religiosos como signos e interpretamos psicológicamente estas contradicciones, nos damos cuenta de que el término «virginidad» debe referirse a una cualidad, a un estado subjetivo, una actitud psicológica, no a un hecho físico o externo. Cuando se aplica a la Virgen María o a las diosas vírgenes de otras religiones, no puede emplearse como si designara una situación de hecho, ya que esta virginidad se mantiene de modo inexplicable a pesar de la experiencia sexual, el dar a luz y el envejecimiento.

Briffault da una pista para entender este enigma. «La palabra virgen», escribe, desde luego, se usa en esos títulos en su sentido primitivo que denota «soltera», y se refiere a todo lo contrario de lo que el término ha llegado a implicar. A la virgen Ishtar también se la llama frecuentemente «La Prostituta», y ella misma dice: «una prostituta compasiva soy». Ella lleva el «posin», el velo que, como entre los judíos, era el signo tanto de las «vírgenes» como de las prostitutas. Las hieródulas, o prostitutas sagradas de los templos, también eran llamadas «las vírgenes santas»... Los niños nacidos fuera del matrimonio eran llamados «part-henioi», «nacidos de virgen». La propia palabra «virgen» no tiene, estrictamente hablando, el significado que nosotros le damos; la expresión latina correspondiente a ella no sería «virgo», sino «virgo intacta». La propia Afrodita era una Virgen.[2]


La diosa madre esquimal tiene las mismas características de virginidad en el sentido antiguo del término. Los esquimales la llaman «la que no tendrá marido». También se dice que Démeter «aborreció el matrimonio». No presidía el matrimonio sino el divorcio. La santa virgen china, Shing-Moo, la Gran Madre, concibió y dio a luz a su hijo siendo virgen. Se la venera como modelo de pureza; su concepción del Niño Sagrado se considera que fue inmaculada, pero su antiguo carácter se revela en el hecho de que es la patrona de las prostitutas.

Así pues, el término virgen, cuando se aplica a las antiguas diosas, tiene claramente un significado que no es el de hoy. Puede aplicarse a una mujer que ha tenido mucha experiencia sexual; puede incluso aplicarse a una prostituta. Su significado real lo hallamos en su uso como contrario de «casada».

En tiempos primitivos una mujer casada era propiedad de su marido, a menudo comprada por un precio considerable a su padre. La idea básica que subyace a esta costumbre todavía perdura hasta cierto punto entre nosotros. En la época de los «matrimonios arreglados» y «matrimonios de conveniencia», la idea de que la mujer era una posesión adquirida puede atisbarse tras las negociaciones decorosas, y la costumbre de «entregar» a la novia recuerda el mismo concepto psicológico subyacente, es decir, que la mujer no es su propia dueña sino una propiedad de su padre, que la transfiere como propiedad al marido.

Bajo nuestro sistema patriarcal occidental, la muchacha soltera pertenece a su padre, pero en tiempos más antiguos, y todavía en algunas comunidades primitivas, era su propia dueña hasta que se casaba. El derecho a disponer de su propia persona hasta casarse forma parte del concepto primitivo de libertad. Hay muchas pruebas que muestran el notable cuidado que se tenía de las chicas jóvenes en sociedades primitivas, tanto dentro como fuera de la tribu; se las protege, por ejemplo, contra la violencia y especialmente del «incesto» con sus «hermanos de clan», pero con hombres de un clan con el que se les permite casarse, ellas pueden seguir sus propios deseos. Esta libertad de acción implica el derecho a rechazar y a aceptar relaciones íntimas. La muchacha pertenece a sí misma mientras es virgen -soltera- y no se la puede obligar ni a mantener la castidad ni a entregarse a quien ella no desee.

En tanto que virgen pertenece únicamente a sí misma, es «una-en-sí-misma». Gauguin señala esta característica de las mujeres tahitianas en su libro Noa Noa. A él le resultó extraño. Explica cómo toda mujer se entregaba a un desconocido si le atraía, pero en realidad no se entregaba a él sino a su propio instinto, de modo que una vez acabada la relación continuaba siendo una-en-sí-misma. No dependía del hombre, no se aferraba a él ni exigía que la relación fuese permanente. Continuaba siendo dueña de sí misma, virgen en el sentido antiguo y original de la palabra.

En este sentido las diosas lunares pueden llamarse adecuadamente vírgenes. La virginidad como cualidad es, de hecho, característica de ellas. No lo es de otras diosas de religiones antiguas y primitivas, que no son una-en-sí-misma. No tienen una existencia separada y propia, sino que sólo existen como esposas o contraparti-das de los dioses de los que derivan su poder y prestigio. La diosa tiene el mismo nombre que el dios, los mismos atributos y poderes, o acaso tiene la versión femenina de las cualidades masculinas del dios. Forman un par que sólo se diferencia en el sexo. La diosa es mera pareja del dios como la mujer lo era del hombre. Incluso su nombre carecía de importancia. Se la designaba meramente con la forma femenina del nombre del dios. Por ejemplo la esposa de Fauno era Fauna; Dione era el femenino de Zeus, y Agnazi de Agni; Nut correspondía a Nu, y Hehut a Hehu.

Incluso los dioses primitivos del cielo y la tierra formaban un par unido en matrimonio, los señores Cielo y Tierra.

Las diosas que existen de este modo, como contrapartida de los dioses, son distintas. Representan el ideal de la mujer casada y personifican ese aspecto de la naturaleza femenina que es dependiente y gusta de aferrarse al hombre. Deifican las virtudes domésticas de la esposa, que sólo se preocupa de los intereses del marido y los hijos.

Este es el ideal que traslucen expresiones como «seréis una sola carne». También es el arquetipo que subyace al relato de la creación de Eva a partir de la costilla de Adán. En semejante situación la «entidad» o unidad es la pareja, el matrimonio, la familia. Los miembros que constituyen esta unidad no tienen una existencia separada o completa, ni tienen un carácter o una personalidad propios, diferenciados y completos. Pues en ese matrimonio el hombre representa la parte masculina de la entidad y la mujer la parte femenina. La psique misma, sin embargo, es ambas cosas, masculina y femenina. Cada ser humano contiene en sí mismo potencialidades en ambas direcciones. Si no acepta ambos aspectos y no los desarrolla y disciplina en su interior, será sólo media persona, no podrá tener una personalidad completa. Cuando dos personas forman un matrimonio complementario, donde todo lo masculino está en el hombre y todo lo femenino en la mujer, cada uno será unilateral; el lado no vivido de la psique, al ser inconsciente, se proyecta sobre la pareja. Esta situación puede funcionar mientras ambos vivan y se entiendan bien. Pero cuando uno muera el otro se encontrará con una grave pérdida y, acaso entonces, cuando quizá ya sea demasiado tarde, comprenderá lo limitada y unilateral que ha sido su vida.

En la sociedad patriarcal occidental, durante muchos siglos al hombre le correspondió ser dominante y superior, mientras que la mujer era relegada a una posición de dependencia e inferioridad. A consecuencia de ello, el principio femenino no ha sido adecuadamente reconocido ni apreciado en nuestra cultura. Y aún hoy, cuando las manifestaciones externas de esta unilateralidad han sufrido cambios considerables, los efectos psicológicos perduran y tanto hombres como mujeres tienen una psique mutilada en vez de plena. Tal situación está representada por la diosa que es la contrapartida del dios masculino y nada más.

La relación de la Madre Luna con el dios asociado a ella es totalmente distinta. Ella es una diosa de amor sexual pero no de matrimonio. No hay dios masculino que como marido gobierne su conducta ni determine sus cualidades. En cambio, es madre de un hijo al que controla. Cuando él crece se convierte en su amante y entonces muere, para volver a nacer como hijo. La Diosa Luna pertenece a un sistema matriarcal, no a uno patriarcal. No se relaciona con ningún dios, como esposa o «contrapartida». Es su propia dueña, virgen, una-en-sí-misma. Las características de estas diosas grandes y poderosas no reflejan las de ninguno de los dioses masculinos, ni representan la contrapartida femenina de características originalmente masculinas. Sus historias son independientes, y sus funciones, sus insignias y sus ritos pertenecen sólo a sí mismas, pues representan la esencia de lo femenino en su más agudo contraste con la esencia de la masculinidad.


REFERENCIAS:

1. J. G. Frazer, The Golden Bough, parte 1, vol. 1 (Nueva York: Macmillan, 1917), pp. 36, 37. (existe traducción al castellano. Publicada como "La Rama dorada")

2. Robert Briffault, The Mothers, vol. 3 (Londres: George Allen & Unwin, 1927), pp. 169-170.