sábado, 23 de mayo de 2020

Apuntes para un cineforo: "La Strada" de Federico Fellini

Federico Fellini y el propósito de las piedras.

A propósito de "La Strada" (1954)


Gelsomina nos mira: La Strada, de Federico Fellini – Tiempo de Cine
Por estos días recordábamos el 164 aniversario del nacimiento de Sigmund Freud, quien en 1899 pubicaba “La interpretación de los sueños”. Resulta peculiar que este libro fue el menos editado de todos los suyos y el más criticado por sus propios amigos, quienes consideraban que traicionaba la investigación puramente científica al dedicarse a investigar unas imágenes tan inaprehensibles y tan dejadas de lado por la cultura occidental desde hacía tanto tiempo. Recordé esta anécdota viendo a Federico Fellini comentar en una entrevista (“A Fondo”. TVE, 1977), que tras la publicación de “La Strada” le llovieron las críticas de sus propios amigos, pues ella se alejaba de los cánones del neorrealismo, para el cual se trataba de lo sagrado de las cosas tal como eran, mientras que La Strada, a pesar de ubicarse temporalmente en medio de la pobreza y la devastación propias de la posguerra, no dejaba de deslizarse hacia lo irracional. Y es que “La Strada” nos monta en un recorrido -propio de las road movie- que va aumentando progresivamente en fantasía, personajes y acciones surreales, anotaciones sobre la religiosidad del pueblo, todo eso que, dijo Fellini en aquella entrevista, para sus colegas debería haber desaparecido con la guerra. 

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Caricatura de Fellini sobre uno de los actores con los que más trabajó.
Las biografías de Fellini nos dejan entrever que para él era imposible dejar de lado ese mundo irracional, pues hacía parte de su propia psicología; podemos afirmar que esto es así para todos los seres humanos, sólo que muchos logran desalojar esos aspectos a golpes de materialismo e intelectualismo, cosa que el director se negó a hacer o no pudo. Fellini comienza como caricaturista dibujando a los soldados aliados que se habían tomado Europa al final de la segunda guerra mundial;  algo que ya nos sugiere algunas cosas interesantes: una caricatura busca, como todo arte no descriptivo, descubrir en un trazo, en una línea, un aspecto que ni el mismo dibujado conocía, que incluso a veces rechaza. Quien haya tenido la experiencia de haber sido dibujado por un caricaturista tendrá que reconocerlo (Fellini continuaría haciendo caricaturas y dibujando sus sueños constantemente). Eso de ver un poco más allá de lo simplemente concreto será un rasgo de Fellini a lo largo de su obra, se trata de un hombre tremendamente imaginativo y con inquietudes constantes por lo que se presiente trascendente o, por momentos, esotérico. 




La joya del Neorrealismo que tardó 24 años en verse en España por ...
Fotograma de "Roma. Ciudad abierta"
Fellini será un hombre no sólo criticado por sus amigos sino por la izquierda italiana que había reconocido en el neorrealismo un brazo artístico y una herramienta de denuncia. Una de las grandes obras que da cuenta de este sentido utilitario del cine es Roma, Ciudad Abierta, de Rossellini, una película de 1954 en la que Fellini había participado como coguionista. Hablamos entonces de un Fellini que decepciona por lo indirecto de su mensaje político o, dicho de una manera más precisa, por su interés centrado en el fracaso, los sueños y la irracionalidad de sus personajes, lo cual puede ser más político que un panfleto y más realista que un edificio en ruinas aunque no suela percibírsele de esta forma.


En La Strada uno podría encontrar algunas resonancias arquetípicas, por ejemplo con Caperucita Roja, la niña entregada por la madre al lobo feroz del mundo, enviada sola y muy mal preparada. Pero más allá de esto, que podría servirnos como telón de fondo para un análisis junguiano, nos preguntamos qué quería representar Fellini en ese primer acto. El drama resulta por momentos demasiado disparatado. Uno piensa que sí, que debido a la miseria dejada por la guerra esto pudo suceder muchas veces, niñas vendidas incluso para cosas peores que anunciar la presentación de un tramposo, pero son demasiadas apariciones fantásticas y Fellini es demasiado desafiante con el realismo como para interesarse exclusivamente en contar la historia de una pobre niña de posguerra ¿Qué buscaba entonces? Quizás, en vez de retratar o reproducir la realidad, busca construir una realidad nueva tomando elementos de la existente, para dar cuenta de la existencia del misterio, ese misterio que no interesa ni a sus amigos ni a sus críticos de la izquierda del momento. Esto permite analizar la realidad desde otro punto de vista.

Hipsteria on Twitter: ""Primero me venía la idea de dibujar, luego ...
Dibujo del libro de los sueños de Fellini
Debemos tener en cuenta que Fellini fue calificado como un mentiroso profesional, es algo que sabemos por su biografía y por las entrevistas concedidas a la televisión. En una de ellas dice que su madre le reprendía por inventar aquello de que de niño huyó con un circo, pero él mismo afirma que no le importaba mucho la verdad, sino de cómo expresaba la mentira, mucho mejor que la verdad, aquello que sentía y pensaba. Y entonces puede que no sea un mentiroso, sino un fabulador, un creador de fantasía. En mi opinión, aquel invento del niño que escapa con el circo, era una premonición de lo que el adulto iba a hacer. En La Strada y en muchas otras películas aparecen estas alusiones al circo y Fellini afirmaría que, de no ser director de cine, le hubiese gustado ser gerente de un circo ambulante ¿y es que no lo fue?.

Fellini fue un creador que partía de sus propios personajes internos para proponer, así, un cine tremendamente honesto, asunto que defendió hasta el final de sus días al decir que él no podría hacer un cine que gustara demasiado porque quería “hacer más” (en una entrevista dice que no podría hacer lo que hace Spielberg, gustar tanto). Esto de que su cine está basado conscientemente en su propio movimiento psíquico lo atestigua el hecho de que, durante el rodaje de La Dolce Vita,  los actores decían que perdían el tiempo aprendiéndose los guiones pues a la mañana siguiente Fellini llegaba al set diciendo que había tenido un sueño que lo cambiaba todo. Ese mundo de sueños, los que dibujaba cada día en su libreta, fueron la fuente de muchas de las escenas de sus películas, pero además lo llevaron a la consulta del analista Ernst Bernhard, judío alemán que se había establecido en Roma e introducido el psicoanálisis junguiano en Italia. Con él analizaron sus sueños y abrieron, aún más, la caja de pandora del respeto hacia lo irracional (sobre este tema y sus implicaciones para la vida y la obra del artista, me extenderé en mi conferencia dentro del seminario por los cien años de su nacimiento. Para mayor información e  inscripciones hacer click aquí).

En La Strada asistimos a todo este despliegue de personajes que llegamos a amar y a odiar como lo hacemos con fragmentos de nuestra propia psique. Gelsomina parece tener algún tipo de deficiencia mental, es algo que he leído en varias críticas a esta película y es posible que pudiésemos comenzar por ahí, sobretodo porque la madre despliega todo un conjunto de reacciones histéricas durante su breve aparición. Sin embargo este aspecto aparece como mero  soporte de otros asuntos y por ello  podríamos dirigir nuestra mirada a lo que sí se desarrolla extensamente en la cinta, a saber, la relación entre Gelsomina y el mundo a a través de todos los personajes con los que va entrando en contacto, cosa que no hubiese sucedido nunca de no ser vendida a Zampanó.


Here he is: Zampanò! | SP Film Journal (con imágenes) | Federico, CineZampanó, por supuesto, parece ser el macho primitivo, el lado masculino menos desarrollado del que todas y todos tenemos huellas en nuestro inconsciente y que, en algunos casos, es el único lado masculino que desarrollamos. Algún crítico asociaba esta historia con la de La Bella y La Bestia, pero me parece que la comparación falla debido a que, en este caso, la bestia no se transforma. Sí, a Zampanó le pasa prácticamente nada en el sentido de que no logra entender la dimensión de lo que está experimentando, al parecer simplemente replica la historia de lo que sucedió con Rosa, la hermana de Gelsomina y se dedica a repetirse a sí mismo una y otra y otra vez, tanto como repite su acto de romper cadenas (esa literalización bufa de lo que no logrará hacer en sí mismo). ¿Se trata de un psicópata? –se dice que una característica de los psicópatas es que nunca cambian-, podría ser, sus lágrimas en la playa, al final, podrían producir en nosotros la compasión que producen las lágrimas del psicópata aparentemente arrepentido, pero que, en el fondo, sólo llora por la pérdida de su juguete, por no haber sabido explotarlo mejor; en el fondo puede presentir su propia maldad pero ¿sabrá transformarla?, durante estas horas de existencia que le conocimos demostró que no -se dice que los psicópatas no se curan, tan sólo se adaptan muy bien y Zampanó tiene este extenso campo de la masculinidad de la cantina y sus “guapos” para adaptarse-.  

El neorrealismo italiano, el cine que surgió desde las ruinas ...Quien sí se transforma es Gelsomina. Ella, que apenas si sabía que existía un mundo aparte del mar descubrirá la vida, el disfrute, la risa y, con El Loco, la posibilidad del propósito, lo único que puede dar dirección y algún sentido al hecho de estar aquí. Así como en “Tan lejos y tan cerca” de Wenders (ver reseña del cineforo haciendo click aquí), los personajes se alegraban al descubrir su propósito “nosotros fuimos los que fuimos encontrados”, aquí ella encuentra un sentido para su vida en cuidar a Zampanó, incluso alcanza a asomarse a un poco de amor por él. Pero claro, se trata de Fellini, no podemos buscar en él el dulce final hollywoodense de la bella y la bestia, mejor nos lleva hacia el final original de caperucita roja, quien según algunas investigaciones sobre la versión más antigua, termina devorada por el lobo junto con su abuela y no rescatada por el cazador como tanto nos gusta. La película decepciona a quien busque justicia con Gelsomina y, peor aún para quien eso busque en esta película, le undirá en el malestar y la rabia por no poder verla empoderada y libre, algo que desafortunadamente ocurre a tantas mujeres en este mundo de Zampanós. Muchas personas dirigirán su frustración hacia Zampanó y muchas otras hacia la misma Gelsomina, lo que les impedirá comprenderla y, en cambio, les llevará a revictimizarla, otra cosa que ocurre una y otra vez en nuestro mundo. Magníficos resultados de esta película pues, si el cine no sirve para entrar en estos conflictos ¿para qué sirve?.

Así como el papel de El Loco resulta trágico pero tremendamente rico en propósito: está ahí para dar impulso a la vida de la simple Gelsomina, Gelsomina está ahí para, también trágicamente, recordarnos que sólo alcanzaremos a comprender lo que en nuestros límites quepa comprender. La exploración de lo trágico de nuestra vida será el objetivo alcanzado, algo de lo que nadie quiere hablar en esta época de seminarios de felicidad y métodos para alcanzar la perfección de lo, por naturaleza, imperfecto (los seres humanos). Fellini entonces nos recuerda que hay vidas, casi todas, presiento yo, que pueden satisfacerse en haber conocido el mundo y su infinita variedad: el circo del mundo, y dentro de ese circo, un propósito. Y si hasta una piedra tiene un propósito, entonces Gelsomina, tu y yo, podemos tenerlo, aunque no terminemos siendo ni perfectos, ni completos ni desarrollándonos “idealmente”. 

Lisímaco Henao Henao.
Psicólogo U. de A. (Medellín 2000)
Master en Psicología Analítica U.R.L. (Barcelona 2003)
Analista Junguiano IAAP-SCAJ (Copenhaguen 2013)
Supervisor didacta IAAP (Bogotá 2018)

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