jueves, 13 de octubre de 2022

Todo es Revelación. La meditación junto al lago de Henry Corbín.

Henry Corbín fue un destacado filósofo, islamólogo, estudioso de la cultura iraní y autodenominado "gnóstico". De su obra tomó James Hillman el vocablo "Imaginal", para referirse al campo creador de realidad en la psique y a sus productos (lo arquetipal), diferenciando todo ello de "lo imaginario", un concepto que es usado, casi despectivamente (lo "simplemente" imaginario), por algunas formas de psicoanálisis y por  autores de ciencias sociales. Hizo parte del prestigioso Círculo Eranos donde tuvo algunos encuentros y conversaciones con Jung, surgiendo entre ellos inmediatamente una gran afinidad. 

Corbín escribió extensamente sobre el campo imaginal y sobre los medios para acercarse a un mundo existente per-se, pero relegado al fenómeno religioso por la modernidad. Consecuente con su obra intelectual o bien completándola, fue también un místico dedicado. A continuación, compartimos una hermosa meditación, la denominada "teología junto al lago".



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24 de agosto de 1932, a las 18 Hs, al borde del lago Siljan, cerca
de la ciudad de Leksand en la provincia sueca de Dalecarlia.

"Todo es revelación; no puede haber sino re-velación. Ahora bien, la revelación procede del Espíritu, y no hay conocimiento del Espíritu.

Pronto llegará el crepúsculo, pero ahora las nubes son todavía claras, los abetos aún no están oscuros, pues el lago los alumbra con su transparencia. Y todo es verde, de un verde que sería más rico que una pieza de órgano, en el teclado más alto. Hay que escucharlo sentado, muy cerca de la Tierra, con los brazos cruzados y los ojos cerrados, como si se estuviera durmiendo.

No hay que pasearse como vencedor, pretendiendo dar nombre a las cosas, a todas las cosas; son ellas las que te dirán quiénes son, si escuchas sumiso como un amante; pues súbitamente, para ti, en la paz sin confusión de este bosque del norte, la Tierra ha venido a Ti, visible como un Ángel que será, tal vez, mujer, y en esta aparición, en esta soledad muy verde y muy poblada, sí, el Ángel también está vestido de verde, es decir, de crepúsculo, de silencio, de verdad. Entonces hay en ti toda la dulzura que está presente en el abandono a un abrazo que te vence.

Tierra, Ángel, Mujer, todo en una sola cosa, que adoro y que está en el bosque. El crepúsculo sobre el lago, mi Anunciación. La montaña: una línea.

¡Escucha! Algo va a suceder. La espera es inmensa, el aire se estremece bajo una llovizna apenas visible; las casas que extienden a ras de suelo su madera roja y rústica, su techo de caña, están ahí, al otro lado del lago.

Algo comenzará esta noche, algo prometido, en lo que creo. ¡Ah! ¿Esta noche? ¿Cuándo, pues, esta noche? Si fuera realmente en unas horas, no sería nunca, pues habría que terminar y luego volver a empezar, y acabaría siempre sin comenzar nunca. ¿Sabes tú qué es esperar, y sabes lo que es creer?

El Misterio de la Santa Cena en que serás introducido, donde todos los seres estarán presentes, sí, no lo puedes decir más que en futuro. Pues cuando lees en verdad, como ahora, lo que está ahí, delante de ti, cuando escuchas al Ángel, y a la Tierra, y a la Mujer, en ese momento recibes Todo, Todo, en tu pobreza absoluta. Pero cuanto has leído y recibido, en cuanto miras, en cuanto quieres comprender, poseer, dar un nombre y retener, explicar y encontrar ¡ah!, no hay más que una cifra y tu sentencia se ha pronunciado.

Pues a cada instante eres juzgado, y debes morir. Entonces mueres, cuando tu existencia decide y realiza, pues entonces se acaba: lo que fue no es, quisiste sin renunciar, renuncia sin querer.

No, tú eres el pobre, tú eres el hombre; y él es Dios, y tú no puedes conocer a Dios, ni al Ángel, ni a la Tierra, ni a la Mujer. Debes ser encontrado, tomado, aprehendido; es necesario que ellos hablen, si no, estás solo, y tal vez está bien así, y será siempre así, siempre, es decir que no habrá eternidad para ti. Pues has nacido en un pecado que era pecado antes que ti, y has tenido miedo, mucho miedo, y has gritado, gritado porque la Tierra era inmensa, gritado por que la Mujer era demasiado bella, gritado porque el Ángel era invisble, y por que tú, tú eras Adán, y Adán quería vivir.

Adán erigió el Amor, el lirismo, la religión, pues quiso-vivir, es decir, quiso-ser Dios, y luego hablar a su antojo a los tres seres. Preguntar ¡ay! y él solo responderse. Escuchar ¡ay! darse a sí mismo un concierto.

Pero entonces, ciertamente surgirá de súbito de este lago un cortejo de seres bellísimos. Cantarán los funerales de Adán; y porque Adán ha muerto, se dirá en un coral, a la que más voces se unirán, que no hubo angustia en todos sus instantes: "¡Cristo ha nacido! ¡Cristo ha resucitado!".


Leksand en Dalécarlie, en la orilla del lago Siljan,

24 de agosto de 1932, 18 horas"