jueves, 14 de junio de 2018

Curso: El encuentro terapéutico. Teoría, Método y Técnica.

¿Cuáles son las diferencias entre el encuentro analítico y el terapéutico?
¿Qué es la relación psicológica?
¿En qué punto la teoría de los complejos es una forma de psicopatología?
¿Porqué es importante la psicopatología?
¿Cuándo resulta desastroso el enfoque psicopatológico?
¿En qué sentido es o no "lo espiritual" un componente del proceso?
¿Qué podemos aprender de la experiencia de Jung y de su propio análisis?
¿Cuál es el lugar de Eros en la psicoterapia?
¿Qué es la histeria? ¿Qué es la depresión?
¿Porqué podemos conceder una importancia particular a la histeria y la depresión como grandes movimientos de la psique?
¿Qué es la psicopatía?
¿Qué interés particular tiene el estudio de la psicopatía en el ámbito clínico y social?
¿En qué sentido podemos acoger a Hermes, Quirón y Dionisos como imágenes de la psicoterapia?
¿En qué consiste la psicoterapia junguiana?
¿En qué consiste la tensión espontaneidad-control en el terapeuta?
¿En qué consiste la supervisión de los terapeutas? 
¿Cuáles son las diferencias entre una teoría, un método y una técnica?
¿Puede una técnica por si sola reivindicarse como un método terapéutico?
¿Puede existir el método sin teoría?
¿Porqué los terapeutas y analistas necesitamos terapia y análisis?
¿Qué significa una relación activa entre el profesional y su teoría, su método y su técnica?
¿Cuales son los principales riesgos de las profesiones que implican el elemento terapéutico?


Lecturas, estudios de casos y una discusión honesta en torno a una forma de trabajo con lo psíquico que gana cada vez más popularidad, pero que también está sujeta, cada vez más, a malos entendidos, usos desviados y enfoques superficiales.


Dirigido a terapeutas de cualquier escuela que deseen contrastar con los aportes de la psicología originada en C. G. Jung.
Coordina: Lisímaco Henao Henao. Psicólogo y Analista Junguiano certificado por la IAAP.
Sesiones quincenales.
Agosto a Noviembre
Lunes 7 a 9 p.m.
Costo 350.000 pesos en total (130 USD)
Puede hacerse de manera virtual.

Informes: eventos@jungcolombia.com

martes, 5 de junio de 2018

Curso: COMPLEJOS Y ARQUETIPOS EN MITOS Y CUENTOS POPULARES. (Virtual o presencial)

Los originales Vs. las versiones de hollywood.
Relatos de duendes y brujas en latinoamerica.

¿Sabías que incluso los nuevos superhéroes del comic son reinterpretaciones de los antiguos mitos? ¿Qué sentido tiene esto? ¿A qué vienen los cambios en los cuentos populares revisitados por el cine? ¿Qué dicen los relatos tradicionales de Latinoamérica sobre el alma colectiva?

La imagen puede contener: texto

Las grandes producciones de la psique colectiva se mantienen en el tiempo aunque para ello deban "disfrazarse" o "mimetizarse" entre los cambios culturales, su fuerza es tremendamente inconsciente por lo que sus motivos pueden aparecer también en nuestros sueños, fantasías y patologías; según el gran descubrimiento junguiano, es por todo ello que estos relatos suelen evidenciar la estructura de la psique o un momento determinado de su desarrollo. ¿Qué pueden decirnos hoy las grandes imágenes que constituyen la cultura predominante en el mundo occidentalizado? ¿A qué pueden apuntar las transformaciones hechas por la industria de hollywood a estas grandes imágenes? ¿Cómo aparecen las estructuras fundamentales de la psique, los arquetipos, en los relatos tradicionales de Latinoamerica y qué significa ese particular aparecer?

Nos ocuparemos entonces no solo de la lectura de los mitos y cuentos y de las interpretaciones propuestas por los grandes autores modernos, sino también de contrastar esas lecturas con las versiones creadas por Disney, Marvel, D.C. Comics y, en general, la industria que produce imágenes populares (pop) en la actualidad buscando lo que quieren decir acerca de la psique de hoy. Por otro lado nos acercaremos a los relatos tradicionales de Colombia y latinoamérica en una búsqueda de lo arquetipal que emergió y sigue emergiendo junto a nosotros. Todo ello para proseguir con la inquietante pregunta ¿Cambia algo en el inconsciente colectivo?

Nuestra búsqueda se basa en parte en una antropología psicológica, pero como ha sido siempre nuestro estilo, la base fundamental seguirá siendo la clínica, la pregunta por las imágenes del sufrimiento psíquico, por la forma como los arquetipos y complejos nos enferman y nos sanan.

Lecturas de Clarissa Pinkola Estés, Marion Woodman, Laurie Shapira, M. L. Von Franz, Ann G. Thomas, Joseph Campbell, Carl Jung, Heinrich Zimer, Walter Otto, Craig E. Stephenson.

Inscripciones hasta el 15 de Julio o hasta llenar el cupo. 
Cupos limitados. 16 presenciales y 22 virtuales.

Horarios: Los jueves de 7 a 9 p.m.

8 Sesiones quincenales iniciando en agosto 9 y finalizando en noviembre 29.
2 horas por sesión 
Presencial o Virtual (contamos con la plataforma wiziq.com que permite transmitir imagen, video y presentaciones en pizarra dinámica. Los alumnos participan mediante chat en vivo y en directo).


Acerca del pago.

Pago total: $350.000 (130 USD)

El cupo se reserva con el recibo de pago que debe enviarse al correo eventos@jungcolombia.com (NO dar responder al presente email)
DESCUENTO: Si cancelas antes de Junio 15: $320.000 (120 USD)

El pago puede hacerse por consignación o transferencia cuenta bancolombia o por giro a través de Western Union.

Pedir información enviando un correo nuevo a eventos@jungcolombia.com

viernes, 1 de junio de 2018

Curso: Un terrible amor por la guerra (Virtual o presencial)

Un grupo de lectura y un curso de psicología arquetipal…



¿Hacemos la guerra con la misma pasión que hacemos el amor? ¿A qué se debe que después de tantos siglos de “evolución de la especie” sigamos empeñados en el esfuerzo de la guerra, en el trabajo de la guerra y en la inevitabilidad de la guerra? ¿Cómo sucede que resultemos apoyando directa o indirectamente el método violento para solucionar los conflictos? ¿De qué recóndito lugar de la psique humana emerge esta pasión, este loco amor por la guerra? ¿Cómo es que terminamos poseídos por un espíritu guerrero independientemente de que llamemos a lo nuestro “conflicto de baja intensidad”, “escaramuza local” o “disputa regional”? Uno de los más brillantes pensadores de nuestro tiempo, un psicólogo con una penetrante imaginación y con una desarrollada consciencia de la raíz guerrerista en su historia colectiva, el estadounidense James Hillman, nos legó un libro que nos invita a entrar en contacto con las imágenes de la guerra, con las de hoy y con las de siempre, apuntando la espada de la diferenciación (una espada también guerrera), hacia la pregunta: ¿”Quién” está entonces detrás de nuestras pasiones guerreras, crueles y vengativas?, porque ya lo sabemos bien, hay un algo determinable, autónomo por incognito, que está más allá de quienes agitan las banderas, las palabras o las armas.

“Una frase de la película Patton resume lo que este libro intenta comprender: el general recorre el campo después de la batalla. Tierra revuelta, tanques achicharrados, cadáveres. Levanta a un oficial moribundo, lo besa, inspecciona la devastación y dice: «Amo todo esto. Dios sabe cuánto lo amo. Lo amo más que a mi vida».

Jamás podremos prevenir la guerra o hablar con lucidez de la paz y el desarme si no entramos de lleno en este amor a la guerra. Si no trasladamos nuestra imaginación al estado marcial del alma, no podremos comprender la atracción que la guerra ejerce. Esto significa «ir a la guerra», y este libro busca reclutar nuestras mentes para el servicio militar. No vamos a la guerra «en nombre de la paz» como tan frecuentemente insiste una engañosa retórica, sino más bien en pos de la guerra misma: para comprender la locura del amor que respira.

Nuestro desdén como civiles, nuestro horror pacifista -toda aversión, por profunda y legítima que nos parezca, a todo aquello que tenga que ver con lo militar y lo guerrero- debe quedar de lado debido al principio elemental del método psicológico, que sostiene que para comprender cualquier fenómeno hay que imaginarlo con simpatía. Ningún síndrome puede ser verdaderamente dislocado de su condición maldita si no llevamos primero la imaginación hasta su corazón." James Hillman. Un terrible amor por la guerra. Ed. sexto piso, Madrid 2010, pg. 11

MARTES 7 a 9 p.m. Quincenal. Agosto - Noviembre
Presencial o virtual.
8 Sesiones quincenales de 2 horas 
$350.000 (130 USD) 
Informes: eventos@jungcolombia.com 
Incluye el libro en PDF (Puede comprarse la versión original)
Docente:
Lisímaco Henao H.
Docente universitario con doce años de experiencia. 
Tallerista (veinte años de experiencia).
Psicólogo UdeA, Terapeuta, Master en Psicología Analítica de la Sociedad Española de Psicología Analítica (SEPA), Analista Junguiano, miembro fundador de la Sociedad Colombiana de Analistas Junguianos (SCAJ) y miembro de la International Association for Analytical Psychology (IAAP). 
Autor de "Ser Hombre. Imágenes arquetípicas de masculinidad en Cien años de soledad" y de "El Libro Rojo de mis sueños" (bitácoras para el alma 1)
Anfitrión en Casa Jung Medellín.

jueves, 17 de mayo de 2018

SÍMBOLOS Y ARQUETIPOS EN EL TAROT. (Curso virtual y presencial).

Fundamentos del curso, perfil del estudiante y del profesor, fechas y costos.

"La psique crea la realidad cada día mediante la imaginación" C.G. Jung

1. Fundamento teórico.
Jung nos enseñó que en todo material de origen colectivo, es decir, en aquellos materiales en los que el autor es desconocido pero que se mantienen en la consciencia colectiva (mitos, cuentos populares, religiones, tarot, etc.), podemos leer la historia del desarrollo de la psique y de sus diversas expresiones. Como individuos y como especie vamos transitando un camino de autodescubrimiento, lo que sabemos de nosotros es muy poco en comparación con lo que se halla inconsciente, aún por devenir y por manifestarse. El Yo cree saber más de lo que realmente sabe y nuestras dolencias físicas y psíquicas tienen arraigo en esa suposición de saber, en esa falta de disposición para el misterio, en ese aferrarse a lo que ya se sabe, en la falta de rebeldía y pregunta, en otras palabras, estamos tan llenos de respuestas que necesitamos enloquecer para poder saber algo ("Tu alma necesita de tu locura", escribe Jung en El Libro Rojo). Nuestro trabajo girará por eso en torno al símbolo como entidad que trae siempre, junto a algo conocido, algo desconocido.
La psicología junguiana y posjunguiana es, entonces, el centro sobre el que gravitarán las reflexiones sobre el tarot y, dentro de esa perspectiva, el tema de la estructura de la psique y una mirada clínica y social sobre ella. Me resulta necesario desalentar cualquier búsqueda de un tarot adivinatorio o místico para evitar contratiempos en lo organizativo y lo financiero. Esto no implica, por supuesto, que no puedan asistir personas con estos intereses y prácticas, la aclaración se refiere a que no esperen demasiado de un no-tarotista que más bien dedica su vida al tratamiento del alma atormentada y a los símbolos que surgen de ella, que no intenta adivinar lo que vendrá sino acompañar el movimiento de las imágenes de esa alma. Mi mirada sobre el tarot es la misma que tengo sobre los mitos, en esas imágenes están las instantáneas de lo que somos, de nuestras más profundas luces y sombras. En versiones anteriores del curso hemos tenido asistentes versados en el tarot adivinatorio y ha sido enriquecedora su perspectiva como amplificación, lo cual he agradecido porque hacen que se muevan nuevas imágenes en el grupo y en mí, porque aprendo mucho de ellos, sólo les pido que se presenten abiertos y más bien "medio vacíos" para poder aprender (recuerdo aquel dicho de Sócrates en el que aclara que nadie puede aprender si está demasiado lleno de conocimiento).
La imagen puede contener: 1 persona, texto


2. Metodología..

Puesto que sobre la perspectiva junguiana gravitará el curso, entonces nuestro método será el de la amplificación y activación de la imaginación, pues ese es el método por excelencia de Jung y su gran legado. Cada carta será puesta en relación con materiales simbólicos de todo el mundo, míticos, artísticos e incluso con imágenes de la actualidad (sociedad, política, medios, vida cotidiana, etc.). También en orden a estos presupuestos teóricos vamos a tomar en cuenta temas como el proceso de individuación, las funciones psicológicas, los arquetipos, los complejos y la psicoterapia.
En cada sesión se trabajarán dos cartas (ver excepciones en el apartado sobre las fechas)
ANTES de cada sesión se enviará material de lectura. 
DESPUÉS de cada sesión queda la tarea de llevar un diario del tarot (se explicará).
Al principio de cada sesión habrá un compartir del diario (quienes deseen leer algo de él).


VIRTUALIDAD: El curso puede tomarse de manera virtual, usamos la plataforma wiziq.com por medio de la cual recibes video y audio, ves las presentaciones de power point que usa el profesor y puedes participar por medio de un chat incorporado.

PRESENCIALIDAD: Estamos ubicados en el barrio Los Colores de Medellín, es un sitio de encuentro acogedor con un delicioso café e infusiones y, por supuesto, el vino del encuentro al inicio y al cierre del curso.

CONFERENCIA INTRODUCTORIA GRATUITA: El día 30 de Junio daré una conferencia gratuita y abierta al público: "El símbolo en la psicología analítica. Caso: El Loco del tarot", la cual es introductoria a todos los cursos, pero en particular para este porque abre con la primera (o la última) carta del tarot. Se dará en el mismo horario del curso.

3. Número de cupos.

22 virtuales
15 presenciales

El cupo queda reservado con el recibo de pago.

4. Perfil del alumno.

- El curso está abierto a psicólogos y no psicólogos. 
- Se pide un mínimo de capacidad académica para la comprensión de textos, a la par que deseo de la lectura, esto por supuesto no hay manera de medirlo por parte del docente, pero sí resulta problemático para el alumno cuando se pasa sobre temas de los que no se ha enterado. Además, el curso resulta desaprovechado si no se forma parte activa de él.
- Se pide familiaridad con el material simbólico, es decir, gusto por las artes (cine y literatura, pintura), deseo de comprender posturas religiosas diversas respetuosamente, los sueños, mitologías y todo lo que implique la posibilidad de indagar más allá de lo percibido. Esto, en mi opinión, es mucho mejor para un curso como este que saber mucha psicología.
- Puntualidad.


5. Perfil del profesor.

Lisímaco Henao H.
Docente universitario con doce años de experiencia. 
Tallerista (veinte años de experiencia).
Psicólogo UdeA, Terapeuta, Master en Psicología Analítica de la Sociedad Española de Psicología Analítica (SEPA), Analista Junguiano, miembro fundador de la Sociedad Colombiana de Analistas Junguianos (SCAJ) y miembro de la International Association for Analytical Psychology (IAAP). 
Autor de "Ser Hombre. Imágenes arquetípicas de masculinidad en Cien años de soledad" y de "El Libro Rojo de mis sueños" (bitácoras para el alma 1)
Anfitrión en Casa Jung Medellín.


6. Fechas.

Por favor anotar las fechas y separarlas desde el momento de tu inscripción.
El curso es quincenal, excepto las dos primeras fechas.
Dos cartas por curso, excepto el último día.

Junio 30 (Conferencia introductoria): El Loco.
Julio 21 y 28: El Mago y La Papisa. / La Emperatriz y El Emperador.
Agosto 11 y 25: El Papa y Los Enamorados./ El Carro y La Justicia.
Septiembre 8 y 22: El Ermitaño y La Rueda de la fortuna./ La Fuerza y El Colgado
Octubre 6 y 20: La Muerte y La Templanza./ El Diablo y La Torre.
Noviembre 3 y 17: La Estrella y La Luna. / El Sol, El Juicio y El Mundo.


7. Costos y Datos para el pago.

El cupo se separa mediante la consignación o el envío del dinero por Western Union.
El curso en total tiene un costo de 380.000 pesos ó 125 USD (En agosto se abrirán otros cursos sobre otros temas, las personas que hayan inscrito este curso tendrán un descuento especial en el pago de esos cursos).
Para recibir todos los datos para el pago y otras informaciones escribir a
Eventos@jungcolombia.com

viernes, 23 de marzo de 2018

El Arquetipo del Padre. Un estudio de Luigi Zoja.

Se publica en castellano el estudio sobre el arquetipo del Padre y su lugar en un probable pospatriarcado, del analista italiano Luigi Zoja a quien hemos leído en algunos grupos en Casa Jung y quien ha visitado Colombia en varias oportunidades. Transcribimos aquí el fragmento con el que se promociona la publicación en varios sitios de la web. EL GESTO DE HÉCTOR. Prehistoria, historia y actualidad de la figura del padre.
Editorial Taurus 2018 Fragmento PRÓLOGO A LA NUEVA EDICIÓN (2016) UN ORIGEN SIN PADRE Han pasado cincuenta años del que fuera el estudio más sobrecogedor sobre el Estados Unidos decimonónico: el informe Moynihan (1965) acerca de la familia afroamericana.[1] El documento confirmaba que esta había cambiado poco, a pesar de que había pasado un siglo desde la liberación de los esclavos (1865). El senador Moynihan pedía a Estados Unidos una «acción» (action) en beneficio de los descendientes de esos esclavos: la mera intervención pasiva —la abolición de la esclavitud— no había bastado para insertar en la sociedad a la población africana llevada a Estados Unidos a la fuerza, población que, en cierta medida, había permanecido ajena a la cultura nacional.
megustaleer - El gesto de Héctor - Luigi Zoja Después de Moynihan, a pesar de la mayor toma de conciencia respecto al problema y del latigazo de orgullo que ha supuesto la presidencia de Obama, la plaga de chavales negros sin una auténtica familia —esto es, que les falta un principio paterno— se ha agravado aún más; también porque se asocia con las diferencias de clase, que han continuado aumentando y sitúan a los afroamericanos siempre en el último lugar. Según los datos oficiales, en 2014 solo el 29 por ciento de los niños afroamericanos conservaba a ambos progenitores.[2] Al llegar al nuevo continente, sus antepasados carecían de sociedad, de familia, de cultura y de objetos personales; poseían las cadenas, pero ni siquiera eran los auténticos propietarios de estas. Paradójicamente, estos hombres negros han anticipado lo más importante e irremediable del deterioro de sus primos blancos: el desmoronamiento del padre, esa construcción que había encontrado su expresión en la familia monógama y patriarcal de Occidente y que le había acompañado en su conquista del mundo. Durante siglos, desde el momento en que comenzaron a ser encadenados y transportados en los barcos negreros, aquellos postafricanos —hoy buena parte de ellos son preestadounidenses— no han sido ni sociedad, ni familia, sino individuos dispersos. Más aún, ni siquiera eso: eran mercancía. El niño que había nacido esclavo únicamente tenía a su madre, que lo alimentaba, cuidaba de él, le enseñaba a hablar y le proporcionaba una rudimentaria educación. Todo esto sucedía con arreglo a lo establecido, pues también a los amos les interesaba hacer crecer su mercancía de una forma eficaz. En cambio, no se esperaba nada similar del lado paterno. Las uniones entre esclavos no gozaban de reconocimiento legal, y el matrimonio constituye un acto oficial que requiere una personalidad jurídica. Como los animales, los humanos esclavizados tampoco podían concertar matrimonios. Existían grupos familiares de hecho, en ocasiones sólidos a causa de la trágica condición común, alentados hasta por los amos, convencidos no tanto de que las relaciones afectivas constituyeran un valor en sí mismas como de que desalentaban la fuga de sus posesiones dotadas de piernas. El padre, sin embargo, aunque perteneciera al mismo propietario que la madre y el niño, podía ser vendido de forma separada en cualquier momento. Como puede leerse en La cabaña del tío Tom, la pérdida de lo afectivo, literalmente subordinado al mercado, constituía una pobreza psíquica más devastadora que la material, porque ni siquiera hoy existe una forma de pago que por sí sola pueda remediarla. Por tanto, hace ya centenares de años que la esclavitud de Estados Unidos había anticipado la desintegración actual de la familia por medio de la destitución del padre. Faltaba la libertad, pero también la pareja básica tradicional y, por tanto, la familia. Una exclusión que aún en la actualidad provoca que pueda utilizarse poco la libertad, a ciento cincuenta años del día en que fue recuperada, y que constituye el antecedente de la pobreza, tanto económica como civil, de la población afroamericana. La irrelevancia del padre puede resumirse con toda claridad mediante la norma más decisiva que determinaba la condición jurídica de un ciudadano: se consideraba libre a aquel que nacía de una madre libre, y esclavo al hijo de una madre esclava.[3] La ley no tomaba en absoluto en consideración al padre o, mejor dicho, al macho que había engendrado al niño, al mero semental. En la historia y en la psicología predominantes, a la palabra «padre» se le asocian derechos (de mandar) y deberes (de educar y de alimentar) ausentes en la esclavitud. Resulta inevitable que se callara sobre esto, además, por otro motivo no previsto en las leyes y apenas debatido en voz baja: entre los esclavos, una parte no pequeña de los embarazos eran fruto de los amos que buscaban una diversión fácil. Con la información que ofrece en la actualidad el análisis de ADN, aquello que se había susurrado durante siglos se ha transformado en una certeza. Entre los afroamericanos crece, hoy, un turismo de la memoria humillada. En un número cada vez mayor, estos visitan los lugares en los que sus antecesoras fueron raptadas: basta un examen de sangre para conocer el patrimonio genético y, por tanto, para saber de qué parte de África se es originario. Sin embargo, a menudo el ADN los lleva de vuelta a Estados Unidos: según un investigador de Harvard, un tercio de ellos desciende de un hombre blanco.[4] COINCIDENCIAS ENTRE LO POSPATRIARCAL Y LO PREPATRIARCAL


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"Héctor, Andrómaca y Astianacte". Por Gavin HAMILTON
En los varones, la vuelta a los instintos prefamiliares y preculturales es, no de un modo ocasional, sino de forma estructural, más difícil de evitar que en las mujeres. El incesto paterno, por ejemplo, resulta más frecuente que el materno. En la propia naturaleza, en los estadios evolutivos cercanos al ser humano —entre los grandes simios— la madre no copula con su hijo macho: el instinto se desvía en otra dirección durante la larga intimidad corporal a lo largo del desarrollo; y algo parecido ocurre entre hermanos y hermanas, por lo menos entre los que pertenecen a una misma camada. En cambio, en la sociedad animal y por lo común, el padre (mejor dicho, el progenitor masculino) nunca sufre esta inhibición que se corresponde con la base zoológica de un fundamento antropológico: el tabú del incesto.
La selección positiva produjo un aumento del número de varones que cuidaban a sus hijos: estos, sin duda, tenían más probabilidades de sobrevivir que los demás. Al «desear» ser padres, debían crearse una disciplina, una rigidez, una «armadura de Héctor»; o sea, una contención mayor del impulso instintivo respecto de quienes solo eran machos. Se trata de una norma precultural superpuesta al instinto que resulta perceptible aún hoy en gestos torpes que pueden molestar o hacer sonreír a las madres. Sin embargo, esto no es tan importante como el hecho de que esta vaga turbación no tiene su correlato en el mundo femenino, en el cual la educación y el instinto presentan una mayor continuidad. ¿Por qué es tan difícil abrazar a los padres?, me preguntó una vez con justificada seriedad un grupo de psicólogos polacos. En la naturaleza, el macho adulto conoce y busca, sobre todo, el abrazo sexual, en tanto que el abrazo protector es para él una experiencia casi olvidada, de cuando era un cachorro; una condición fundamentalmente pasiva. Debido a ello, a pesar de que la civilización enseñe cortesía y buenas maneras, las manifestaciones de ternura o de protección del gesto erótico masculino resultan, en privado, difíciles y son bastante raras y torpes. Y las compañeras lo lamentan. El varón debe pensarlo, convertirlo en intención: la tarea principal para la cual está programado su cuerpo es la sexualidad, y milenios de machismo han permitido la fácil supervivencia de esta falta de delicadeza. Alguien podría objetar que, subrayando este instinto, podemos proporcionar una coartada para una sexualidad masculina violenta: «Me ha provocado», dicen los violadores más reincidentes. Sin embargo, los actos violentos lo son en relación con el daño objetivo que se inflige a la víctima y, por esta razón, han de condenarse en cualquier caso. Si no fuera así, deberíamos castigar con menor gravedad los asesinatos cometidos por un ser humano, porque —tanto en la naturaleza como en la civilización— los machos poseen un impulso de matar más arraigado. Esto no impide intentar comprender las circunstancias subjetivas de quien comete el homicidio, las cuales varían, parece claro, entre mujeres y hombres. Históricamente, las normas, y todo el mundo jurídico, se han desarrollado, por tanto, de forma paralela al patriarcado. Como decíamos, los machos, con el fin de convertirse en padres, han debido darse normas. Construirse esta identidad, exhibirla después con cierta superioridad y una ligera pizca de ironía, y, finalmente, proyectar al exterior la disciplina que se habían impuesto: en torno a este germen se ha desarrollado la sociedad humana más rica y compleja en todos sus aspectos, la del Occidente patriarcal. Como ninguna otra en la historia, se la ha imitado —mediante la llamada globalización— y criticado a la vez. Con todo, mientras sus formas culturales (la economía de mercado, los medios de comunicación) de los siglos XX y XXI han seguido difundiéndose en otros países, en el mismo periodo su forma privada (la familia patriarcal) ha mostrado, en cambio, un fuerte declive. No se ha probado en absoluto que fuera la única posible, pero tampoco se han mostrado qué otras podían reemplazarla. ¿Cómo funcionarán las estructuras externas de la sociedad sin este pilar interno? Solo sabemos que la identidad masculina en su totalidad sufre una desintegración desconocida hasta ahora. En estudios realizados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el rendimiento de los varones en la escuela (un indicador de la dirección que seguirán como adultos) ha seguido cayendo en relación con el de las mujeres. Trataremos sobre este asunto en el capítulo 4. Puede suponerse que la involución no es ajena a la desintegración del modelo mas

martes, 27 de febrero de 2018

Errores en las traducciones de textos junguianos al castellano.

Por Lisímaco Henao Henao
En un curso que se llevó hace algunos años en Casa Jung de Medellín, estamos revisando el libro de Murray Stein titulado “El principio de individuación”, debo declarar que Stein me ha parecido un maestro brillante y un gran pedagogo, hasta el punto de que peleando con mi timidez de pésimo angloparlante me le acerqué en el último congreso de la IAAP a agradecerle por sus aportes a la enseñanza de la obra de Jung, enseñanza de la cual yo he sido beneficiario (otro de sus textos más brillantes en este sentido es “El mapa del alma según Jung”).
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Hace algunos años había leído ya “El Principio…”, e incluso había compartido algunos textos con estudiantes de la universidad sin advertir mayores contratiempos, pero esta vez, debido quizás a la cualidad de esta nueva lectura, mucho más personal y mucho más crítica (más libre también debido a mi propio proceso), me tropiezo en la página 42 con lo siguiente (numero los párrafos citados):
1.“Simplificando al máximo, podríamos decir que esta empresa de enorme alcance [la de la individuación] consta de múltiples caras debido a la complejidad que habita la psique entendida como un todo (es decir, el Yo).” (Ediciones Siruela, Barcelona 2007)
Sospeché de lo que había allí, me regresé unas páginas y me di cuenta de que al hablar del Yo, es decir, del centro de la consciencia, ponían el término ego, por ejemplo:
2. “Pero en general la experiencia numinosa es una «pista» […] de que dentro de la psique hay también unos poderes mayores, no sometidos al ego.” Op. Cit. Pg. 41
Por suerte había comprado la versión en inglés justamente para hacerla firmar por Stein en aquella ocasión (sí, me comporté como todo un “groupie”), y me di a la tarea de hacer la comparación con mi texto de Siruela confirmando así mis peores sospechas: que lo que en el párrafo 1 traducen como “Yo”, se refiere en realidad al Self (o como debería traducirse al castellano: el Si Mismo, es decir, y como afirma el párrafo, a la totalidad psíquica o a “la psique entendida como un todo”, en alemán Selbst). En cuanto al párrafo 2, es claro que se habla del ego o Yo, que para la psicología junguiana son dos formas de nombrar lo mismo, una en latín y otra en castellano.
Esto resultó ser muy chocante para mí, pues me preocupa y me ocupa la difusión de una obra en la que veo salidas para muchos de nuestros conflictos individuales y colectivos, a sabiendas de que un gran número de las personas que se acercan a lo junguiano no leen en inglés (menos en alemán). Ya había advertido errores similares a los que nombro aquí en la colección de Kairós titulada “Biblioteca de la nueva consciencia”, en la que aparecen numerosos textos junguianos, por ejemplo una colección titulada “Espejos del Yo”, cuyo título original es “Mirrors of the Self”, con capítulos como “El Yo es una diana móvil: el arquetipo de la individuación” de David deBus, el cual fue titulado originalmente por el autor como "The Self Is a Moving Target: The Archetype of Individuation", allí mismo aparece el interesante artículo de James Hillman titulado “El Senex”, en el cual se evidencia la misma confusión en la traducción, esto por poner sólo dos ejemplos. Otros títulos de esta colección de Kairós son bien conocidos: entre otros “Encuentros con la sombra”, “Recuperar el niño interior”, “Ser Mujer” y “Ser Hombre”, en los cuales encontramos importantes artículos de renombrados analistas junguianos, a veces mezclados con otros autores menos rigurosos pero siempre bajo el mismo error (recientemente Kairós ha comenzado a publicar la obra de Jean Shinoda Bolen, la cual no he leído, no sé cómo estará la traducción en este sentido).
Frente a estos hallazgos el camino que he tomado es el de advertir a mis estudiantes y a los usuarios de la página web de la casa, sobre la atención con que se debe leer para no caer en malos entendidos sobre conceptos tan importantes y tan capitales (tan “centrales”) como los que he nombrado. Por ejemplo, esta es la leyenda que aparece en la página web cuando hemos transcrito algún artículo: “Advertimos nuevamente sobre el error de traducción en esta obra, y en otras, que consiste en traducir SELF (Sí-Mismo) como YO.”. También hace unos dos años escribí directamente a la editorial sin obtener ninguna respuesta.
Comprendo que la traducción resultaría “correcta”, si tomáramos en cuenta tan sólo el hecho de que en los Estados Unidos e Inglaterra efectivamente un gran número de personas de la comunidad científica habla del Self como el Yo; por ejemplo el magnífico documental de la BBC de Londres titulado “The Century of the Self”, se refiere efectivamente a la dinámica egocéntrica que dominó la política y la economía del siglo XX bajo la influencia del psicoanálisis freudiano, es decir, sí, se refiere a la división psíquica en la que fracasó toda unidad triunfando en cambio el Yo consumista. Pero la traducción resulta ser completamente incorrecta en la perspectiva de que, dentro del ámbito junguiano, hay unas particularidades en los términos que es necesario respetar para la cohesión teórica (ni siquiera el Self de la Gestalt o el de algunos posfreudianos debería confundirse con el Si Mismo propuesto por Jung).
Quizás estoy un poco tomado por la figura de “El Profe” y también me siento un poco ofendido y hasta estafado (!), pero convencido de que ya han sido suficientes las confusiones históricas y los malos entendidos no siempre carentes de dosis de malicia en cuanto a la psicología analítica, para que ahora tengamos que comenzar a encontrar personas que, con buenas intenciones de profundización, terminen hablando de que la totalidad psíquica está en el Yo ¡vaya! precisamente la inflación de la que Jung nos quería prevenir llegando hasta los estudiosos en los mismos textos junguianos.
Al terminar de escribir me pregunto si llego yo como heraldo de cosas ya muy conocidas y discutidas, en cuyo caso pido actualización, pero también algo de solidaridad ya que cada vez somos más frente a esta pregunta: ¿Qué más podemos hacer?
Lanzo esta paloma al aire..
Gracias.

Por Lisímaco Henao H.
Analista Junguiano.
27 de febrero de 2016

miércoles, 7 de febrero de 2018

"Educar para la depresión en tiempos de triunfalismo" por Lisímaco Henao H.

(Texto presentado en el seminario "¿Qué clínica de lo psíquico es posible en un contexto institucional educativo?", del Departamento de Desarrollo Estudiantil - Universidad Eafit de Medellín. Septiembre de 2015)

Resumen:

Crecemos "hacia arriba", hacia el triunfo, la prosperidad y el éxito, esto es muy importante sobretodo en la primera parte de la vida en la que nos ganamos el derecho a participar en el mundo y pagamos nuestra deuda por todo lo que recibimos de la humanidad; de este movimiento se alimenta una parte del sistema cultural en todos sus ámbitos, son muestra de ello los realities de talento en t.v. (en España a uno se le dio el significativo nombre de "operación triunfo") y todos los libros y "capacitaciones" en temas de éxito, "mercado de la espiritualidad", prosperidad económica y control. Sí, es natural crecer hacia arriba y también a eso quiere servir la educación como la conocemos y el desarrollo de valores y habilidades en general. Pero también crecemos hacia abajo, hacia la tierra, hacia la realidad de que también en algún momento fracasamos, somos impotentes y lentos, envejecemos y morimos. Pero para esto no parecemos estar tan bien preparados pues en un mundo acelerado, titánico y centrado en los objetivos "racionales" del Yo (no en la vida completa), este crecimiento es reprimido constantemente. Quizás estamos necesitando una educación para un monto normal de depresión, frustración y lentitud, movimientos del alma que en algún momento nos tocará experimentar.

Palabras clave: depresión, emoción, educación, ego, tragedia, expresión



Se nos ha invitado a hablar de la probable cercanía entre el cuidado del alma (la clínica de lo psíquico) y nociones como “terapéutica”, “educación” y “resocialización”. Es evidente que una cultura como la occidental que insiste cada vez más en el triunfalismo (una sociedad de "ganadores"), quiere educar, resocializar e incluso dar terapia con fines triunfalistas, pero como terapeuta siento la responsabilidad de hablar en nombre del alma que quiero cuidar clínicamente, un alma que es mucho más que solo ego. Por eso comienzo preguntándome cuál es la perspectiva del alma que se ha vuelto más masiva actualmente y obtengo una respuesta: la depresión[1]. Sí, porque una patología es una perspectiva sobre la vida que se mueve desde dentro hacia afuera, una perspectiva, por supuesto, nada apreciada por el ego al que cualquier situación incapacitante le apartaría del anhelado éxito externo. Cada enfermedad nos da una visión del mundo, de las relaciones y de nosotros mismos, basta con hablar con una persona deprimida para ver los colores y los matices de un mundo particular,;el ego, no obstante, se resiste a esta perspectiva, no quiere ver la vida en términos de depresión y por ello la señala como patología e inventa conceptos, terapias y fármacos, por eso se le dificulta escucharme a mí en estos momentos hablar en favor de la depresión, o decir que la depresión es una forma en que el alma ve a la vida. Porque el ego actual está en contra de la depresión y todo lo que se le parezca, teme que yo vaya a decir que estar deprimido es una maravilla. Pero como lo haría con un paciente en terapia yo le digo al ego en este primer párrafo: no te preocupes, no voy a decir eso, ya me explico.

Para el psiquiatra y analista junguiano Rafael López-Pedraza (2009), el mundo primitivo de la especie humana puede ser visto como un mundo de titanes, en el que la fuerza y la violencia eran imprescindibles para la sobrevivencia frente a los elementos y peligros de la naturaleza aún indomeñada. También, nos dice López, es muy probable que haya sido imperativa la extraversión como forma de dirigir la energía y la atención hacia el entorno. Todos hemos leído en alguna parte o se nos ha hecho evidente que nuestra especie es la más frágil de todas, sobretodo entre los mamíferos; mientras que los demás cachorros saltan a la acción instintiva inmediatamente, nosotros necesitamos ser sostenidos y contenidos durante años, antes de poder valernos por nosotros mismos; sin embargo, maravillosamente hemos sobrevivido frente a animales terribles y a fenómenos naturales de toda índole, incluso hemos llegado a domesticar a esos mismos animales y creamos sistemas ingeniosos para controlar, hasta cierto punto, los fenómenos naturales mismos. Para ello tuvimos que echar mano, necesariamente, de nuestro carácter titánico y de nuestras tendencias a atender al afuera, de estar alertas ante el exterior, de tal manera que aquellas otras tendencias más introvertidas, quedaron relegadas y sólo paulatinamente, cuando nos sentimos un poco más seguros y protegidos, pudimos “darnos el lujo” de desacelerar el ritmo, aceptando las tendencias introvertidas y la capacidad de contemplar los procesos psíquicos internos en conexión con la naturaleza, de lo que surgieron probablemente las religiones y muchos otros sistemas espirituales.


Lo que estoy planteando es que un estilo psíquico acelerado y extravertido es la marca necesaria de la educación, en un mundo en el que la sobrevivencia es el objetivo principal. Cuando seguir respirando es el objetivo, no es posible detenerse a contemplar el paisaje o las imágenes internas, lo necesario es oler, ver, palpar y responder a impulsos naturales que no se piensan ni se reflexionan y, lo más importante, hacerlo rápido.  Ahora bien, pienso que esas características están incluidas en lo que hoy denominamos manía, uno de los polos del trastorno bipolar o lo que solemos ver como el opuesto radical de la depresión. Los manuales psiquiátricos al hablar de manía se refieren a síntomas como “autoestima exagerada o grandiosidad”, “disminución de la necesidad de dormir”, “aumento de la actividad intencionada” e “Implicación en actividades placenteras que tienen un alto potencial de producir consecuencias graves” (2014). Que hoy veamos esos comportamientos como patológicos no les quita su utilidad y pertinencia.

Han pasado ya casi doscientos mil años desde que dimos el salto evolutivo al homo sapiens y muchas cosas han ocurrido, lo más notable es que una gran parte de la población mundial vive en condiciones en las cuales el sentido de la vida se ha complejizado, vivimos en condiciones que han dado lugar a un alto grado de emancipación de los instintos más primitivos y a un mundo que incluso, en tiempos recientes (no más de doscientos años), ha llegado a convencerse a si mismo de que puede controlar y dominar esos mismos instintos. Uno esperaría que al cambiar las condiciones básicas de existencia, la aceleración extravertida ya no fuera tan necesaria, que la introversión y la desaceleración tuvieran un lugar preponderante en la vida cotidiana, pero esto no es así; por supuesto, no quiero desconocer que hay lugares del mundo y pequeñas comunidades donde esto sucede, donde no se vive la vida como una carrera contra el tiempo, contra los otros, contra el envejecimiento y la muerte, pero como se nos ha invitado a hablar de educación y clínica, mi mirada se dirige a la patología cultural que percibo como una manía colectiva, una aceleración titánica moderna que encontramos en las organizaciones, en la política, las relaciones sociales y en la forma misma que van tomando las ciudades y sus locas calles y autopistas, una locura, en fin, que nos cuestiona a través de la mirada de los niños, adolescentes y jóvenes que pretendemos educar.

La perspectiva del ego moderno promueve valores basados en la aceleración extravertida ¿quién puede negarlo? La vida se organiza en torno a la competencia por algo: la fama, el dinero, la imagen, el éxito, el control, y todos sabemos que para competir hay que correr, estar al día, llegar primero e imponerse sobre los otros, con lo cual la extraversión se potencia pues tengo que estar atento a la imagen del otro, la fama del otro, el éxito del otro o el control que el otro logró (también, por supuesto, suele ser muy útil actualizarme en los fracasos de los otros). Comprendemos así la importancia que las redes sociales y en general los llamados mass media han tomado, pues en este sistema yo soy un observador que quiere superar a toda costa lo observado.

En esta lógica procesos como el envejecer, el enfermar y el morir, en otras palabras, las vivencias fundamentales del cuerpo, se convierten en enemigas que lentifican, por lo que el cuerpo debe ser continuamente reforzado, tratado y revitalizarlo, luchar contra la edad, contra el cuerpo y sus cambios de tono se vuelve imperativo, lo que nos ayuda a comprender el miedo actual a la vejez y el desprecio por los viejos.   Así también, todos aquellos elementos que provienen del interior de la psique, a no ser que sean compatibles con el estilo egóico, serán desvirtuados y reprimidos o, cuando menos, desatendidos. Y es aquí, en esta desatención a los ritmos del cuerpo, a la vida interior, a su espontaneidad y su diversidad de emociones y objetivos, que encontramos el caldo de cultivo para la formación de la depresión como una perspectiva, más que contraria al ego, complementaria con respecto a su estilo moderno.

Para ejemplificar lo que digo: todos y todas tenemos la experiencia de percibir una autoimagen compuesta por diversos ideales o aspiraciones, esta incluye aspectos tanto corporales como psíquicos y sociales; así mismo, tenemos la experiencia de descubrir la distancia que existe entre esa imagen de nosotros mismos y lo que realmente resultamos ser, así, un día descubrimos que no somos tan inteligentes como creíamos, o tan atractivos, o tan agradables a la vista de todos. Algunos pensarán que llegar a la madurez es darse cuenta de esto y suspender las fantasías sobre uno mismo, personalmente creo que no es así pues la función fantaseadora de la psique, con toda su autonomía, no dejará de producir estos y otros tipos de imágenes hasta nuestra muerte. Ahora, madurar quizás implica darse cuenta de esto y observar la distancia que hay entre fantasía y realidad, y hacer consciencia, además, de que la fantasía sirve para poner a prueba nuestra capacidad de mejorar, cambiar o aprender, y de que la realidad es útil para ponernos límites. Esta consciencia trae siempre una cierta dosis de tristeza, de desilusión, de una cierta depresión. Ahora invito a pensar esto mismo no en la edad madura sino en la infancia, en la adolescencia o en la juventud temprana, épocas de la vida donde por el proceso de separación del mundo ensoñador de la niñez, o por la búsqueda de identidad en el mundo externo a la familia, la distancia entre fantasías de uno mismo y realidad suele ser mayor y, quizás, la consciencia de esa distancia aún más difícil y dolorosa. En esa época entonces, poder expresar las emociones asociadas a tal desilusión es importantísimo, así como tener un otro acogedor con quien compartirlas. Que un niño o un joven tengan esa oportunidad, puede entrenarles para aceptar la vida futura con toda su maravilla y todo su azar, sin necesidad de deprimirse gravemente.

El antiguo dios griego Dionisos es conocido popularmente por nosotros como el alegre dios del vino y de la orgía, es algo que cualquiera puede repetir, sin embargo, por razones que atañen a la forma como se fue construyendo nuestro ego occidental, hemos olvidado que también era el dios de la tragedia, es decir, aquel que inspiraba a los humanos a aceptar las vivencias más contradictorias. Lo interesante del teatro griego, y que considero el motivo principal por el cual podría ser una potente herramienta educativa, es que en sus tragedias encontramos unidas la posibilidad y la impotencia, la juventud y la vejez, la esperanza y la muerte, la belleza máxima y el horror. Incluso la embriaguez a la que asociamos a Dionisos está vinculada con la vida natural: era una embriaguez sagrada pues conectaba lo divino y lo humano, es decir, nuestra posibilidad de trascender lo meramente material junto a lo más frágil en nosotros, las emociones y su tendencia a torpedear hasta los más altos ideales.

Porque es natural en nosotros equivocarnos, sufrir y no lograr, he traído aquí la imagen de este antiguo dios que parecía convocar a la aceptación de esas realidades. Es cierto que no tenemos una religión griega, así que jugamos con estas imágenes como metáforas, como símbolos de cosas que alguna vez supimos de nosotros mismos y olvidamos. Olvidamos que estar joven, acertar, disfrutar y triunfar son sólo una cara de la moneda, tanto lo olvidamos que tratamos una y otra vez de inculcar en nuestros hijos e hijas, la negación o la evitación de la otra cara y, por consiguiente, la no expresión de las emociones difíciles que produce una vida completa. Me permito traer a colación dos ejemplos claros de las luchas de este ego pseudoheroico y de sus batallas:
  1. El jardín de infantes de mi hija invita a los padres a participar de una clase de inglés. La profesora abre la clase mostrando a cada niño y niña tres caritas en una cartulina. Hay una carita feliz, una carita neutra y una carita triste. La profesora entonces pregunta: “¿How are you?”, ante lo cual el niño debe señalar una de las cartulinas y responder en inglés: “I am…”. Un niño a nuestra derecha, de unos tres años, es el único que señala la carita triste y la profesora se apresta a increparle: “pero porqué estas triste, tu no puedes estar triste, ¡tu estás happy!”.
  2. Acompaño a mi padre al médico y este le pregunta: “¿cómo está usted hoy?”, mi padre responde “Muy bien, gracias doctor”. El doctor le dice “pero yo no lo encuentro muy bien” (mi padre no solía seguir las indicaciones médicas debido a que se negaba a dejar de trabajar), a lo que mi padre replicó: “es que a mi desde pequeño me enseñaron que uno tiene que decir siempre que está bien para que le vaya bien, aunque esté mal”. Mi padre tenía entonces 82 años.
Estas dos anécdotas tendrían muchas aristas que explorar, pero en favor de la brevedad sólo haré notar su alta carga de “positivismo” cultural. Hemos sido educados de tal manera que momentos tan vitales como el encuentro con una fuerte emoción, es calificada automáticamente como debilidad, como producto de una falla fundamental que debe ser corregida; lo que sigue, es que sobre esta sensación de fracaso se impone, o bien la marca de la culpa egóica (“me falta inteligencia”, “me falta control”, “nunca tendré éxito por tener estas cosas malas en mi”, “la vida no tiene sentido si no puedo ser fuerte”), o de la paranoia (“no me van a querer por reaccionar así”, “me odian por no ser como ellos”, “los otros son mejores que yo”, “me van a apartar o a aniquilar”).

Ahora bien, cada emoción que explota en nosotros en un momento de descuido del ego, trae una gran variedad de consecuencias para la vida psíquica, pero la emoción de la tristeza y del fracaso son quizás las más básicas, las más comunes como reacción ante el hecho de que no siempre podamos tener el control o lograr lo anhelado. En este punto es imprescindible que en nuestro proceso educativo hayamos aprendido por lo menos dos cosas: un lenguaje para expresarlas y el permiso de hacerlo.

Uno de los grandes sufrimientos psicológicos consiste en no poder expresar lo que sentimos, es posible que el ser humano haya llegado al lenguaje por la necesidad de quejarse o de compartir la alegría; sin embargo es notable que muchas personas carezcan de un lenguaje emocional, una buena batería de palabras, expresiones e imágenes que permitan al alma mostrarse a otros, esperando de ellos un reflejo que le permita saber más de lo que le ocurre o de sus necesidades. De esta manera podemos imaginar al alma como aquello que en nosotros se ofrece al mundo por medio de imágenes cargadas emocionalmente, dicho de otro modo, nuestra profundidad se muestra sobretodo en las emociones que viajan en palabras e imágenes. Sin embargo, repito, muchas personas han crecido y podrían estar creciendo sin este lenguaje. Recuerdo que me encontré un día frente a un paciente que no podía decirme cómo se sentía su novia en el momento en el que él cortó la relación, siempre recurría a explicaciones intelectuales o evitativas del tipo “tal vez sintió que ya no podría lograr sus objetivos” o “ella tal vez esperaba tener a su lado un tipo como yo”; cuando lo invité a que se imaginara ser ella le fue aún más difícil (por supuesto si no funcionó la técnica extravertida, mucho menos lo iba a hacer la introvertida). Sabemos que para algunas personas el sólo decir “estoy triste”, “abatido”, “celoso”, “resentido” o “dolido”, puede ser todo un trabajo contra la culpa o la sensación de debilidad, incluso a algunas les cuesta admitir emociones de las llamadas positivas como estar enamorado. Para ellas las emoción resulta peligrosa pues la mayor marca de la vivencia emocional es la de su carácter autónomo e impositivo, es decir, el ego no decide tener ira o celos, el ego no decide enamorarse, estas son cosas que le pasan a uno, o para decirlo en términos más amenazantes para el yo: cosas que le pasan a uno por encima.

He entrado entonces en el segundo aspecto de la educación para las emociones, es decir, tener la posibilidad de permitirse la vivencia emocional. Quizás aprender el lenguaje para lo que sentimos no sea tan difícil, mi hija tiene unos pequeños libros de cuentos, cada uno titulado con una emoción que le han permitido hablar de estar tímida, triste, alegre, iracunda o celosa. Así mismo, al mencionado paciente le pasé yo una lista de emociones básicas que le fue útil hasta cierto punto. Pero quizás lo que más cuesta, es darse el permiso de ser frágil, construir en el ego cierta flexibilidad para ello, algo que que se acercaría a otro concepto de López-Pedraza: “La consciencia del fracaso” (López-Pedraza, 1987). Para acceder a este permiso, a esta consciencia, los adultos solemos asistir a psicoterapia, psicoanálisis o a otros métodos, los cuales son vías modernas de aproximación al alma profunda que sustituyeron al teatro griego y a la confesión y el ritual religioso. Vamos a un terapeuta porque intuitivamente sabemos que hay cosas en nosotros que debemos admitir, cosas que quizás le quiten brillo a nuestros egos, pero que dan importancia a otros aspectos de nuestra más claroscura humanidad.

Una vez una amiga me dijo: “Yo no voy a terapia porque me pongo a recordar y a hablar de cosas tristes, a llorar, y de pronto me deprimo”, a lo que le dije: “si no vas a terapia y no lloras y no aprendes a estar triste, te deprimes”. Y es a este aprender y enseñar a estar tristes admitiendo que la tristeza y el fracaso hacen parte de la vida, a lo que me refiero con “educar para la depresión”. Si el padre y la madre, si el educador y el clínico mismo entran en pánico frente a la tristeza del niño o del joven, estarán aliándose con el enemigo, reforzarán la represión de la vida emocional y, consecuentemente, estarán provocando que el sistema psíquico busque otras salidas a toda esa emocionalidad. Lo que puede suceder después es que aquella tristeza, aquella depresión normal, es decir, aquella reacción humana natural, emerja convertida en depresión patológica, pues el alma inconsciente hará un llamado aún más fuerte. Lo inconsciente es lo indomeñado en nosotros y puede actuar como aquellas fieras de las que nos defendimos en tiempos primigenios; si el ego se ha resistido a sus vivencias emocionales, estas fieras pueden tomarlo por sorpresa y llevarlo hacia el interior, buscando así que tenga que aceptar lo inaceptable: su naturaleza frágil y dual, todo lo humano y lo azaroso de la vida misma. Si no nos sabemos deprimir, es decir, si no hemos obtenido un lenguaje y un permiso para vivir la tristeza y el fracaso, nuestra alma inconsciente será quien tratará de educarnos. Así que, ya que estamos hablando de clínica y educación, me parece que para enriquecer nuestro lugar como clínicos en ámbitos educativos y hacer una buena reflexión como educadores que quieren adquirir herramientas realmente psicológicas, debemos plantearnos las siguientes preguntas: ¿Qué conceptos tengo sobre la vida emocional? ¿Cómo me sitúo frente a los valores colectivos del triunfo y los caminos para lograrlo? ¿Cómo reacciono frente a las vivencias emocionales de otros? ¿Cómo reacciono frente a mis propias emociones?

Deseo que estas pocas ideas y sentimientos aporten a la discusión y a un paulatino -y estoy seguro, lento-, proceso de conocimiento, aceptación y expresión de la vida interior como parte del proceso educativo; quizás podríamos lograr unas generaciones que no se enfermaran tanto de depresión, ni de otro montón de patologías generadas por las emociones consideradas enemigas de la prosperidad, el éxito y el triunfo del yo.

Por ahora, y a modo de incitación a la curiosidad, les dejo con estas palabras del analista junguiano Carlos Byington (Byington, 2013), quien se atreve a hablar de la necesidad de la depresión, tanto de la normal, es decir, del estado que es fruto de la aceptación de lo más humano en nosotros, como de aquella otra patológica que, según él, puede resultar éticamente correctiva:

“La depresión normal ayuda a la introspección porque retira la libido de la extroversión, o sea, del envolvimiento con los acontecimientos de la cotidianidad, y propicia la introversión que, muchas veces, es dirigida para elaborar algo errado y destructivo. En este caso, la depresión es acompañada de culpa y opera junto con la función ética para confrontar, corregir y alejarnos del Mal. Otras veces, la depresión no está necesariamente vinculada a la ética, y tiene la finalidad de reconocer y acoger las disfunciones o heridas del Ser. En esos casos ella se compara con la conducta de animales heridos que se retiran a su cubil para lamer sus heridas.

Sea para elaborar heridas, o una conducta equivocada y culposa, o para elaborar la muerte o simplemente conducir a la introspección, la depresión es una función esencial en el funcionamiento de la Psique que necesita ser acogida y diferenciada para ser ejercida. De esta manera, siempre es un error y es anti-ético recetar o ingerir antidepresivos automáticamente solo porque la persona no sabe o no quiere deprimirse.” (p. 25)

REFERENCIAS
Asociación Americana de Psiquiatría (2014). Guía de consulta de los criterios diagnósticos del DSM 5. Arlington: American Psychiatric Association
Byington C. A. B. (2013). El viaje del ser en busca de eternidad y del infinito. Las sierte etapas arquetípicas de la vida por la psicología simbólica junguiana. Sao Paulo: Edición del autor
López-Pedraza R. (2009). Dionisos en exilio. Caracas: Festina Lente.
López-Pedraza R. (1987). Ansiedad Cultural. Caracas: Festina Lente.



[1] Según un informe de la OMS (Organización Mundial de la Salud), para 2020 la depresión será la segunda causa de muerte o incapacidad en el planeta. http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-502927 (Recuperado en 22-06-15)