jueves, 28 de abril de 2016

El arquetipo del inválido. Por Adolf Guggenbül-Craig


Al parecer el ego gusta de rechazar su estado siempre incompleto, bien sea disimulando o proyectando sus inconsistencias y faltas, bien sea inventando tremendos artilugios para, ilusoriamente casi siempre, eliminarlas. Pero lo cierto es que la incompletitud es un estado normal del ser humano, o por lo menos eso nos viene a contar nuestro apreciado Guggenbühl-Craig en su libro, del que compartimos aquí un fragmento. El analista suizo se pregunta ¿es arquetipal este estado de invalidez y limitación?¿cómo concuerda eso con el principio junguiano de la "integración" de los opuestos o con el imperativo occidental del logro de una salud total? ¿Tenemos una definición de lo que es la "integración" o la "individuación" que incluya el arquetipo del inválido?.

Este texto corresponde al capítulo 2 de su libro "The emptied soul" (El alma vaciada), Spring. Pub. Co., previamente publicada por la misma editorial en 1986 como "Eros on crutches" (Eros en muletas). La traducción corresponde aquí al fallecido maestro Enrique Esquenazi quien la publicó en su página web.

Existe versión en castellano del libro: “El alma vacía y el erotismo insustancial” Ed. Fata Morgana, México 2009




EL ARQUETIPO DEL INVÁLIDO
POR
Adolf Guggenbühl-Craig



Volvamos a la cuestión de la naturaleza de esta fuerza de fuerzas, este daimon, que desafía nuestros intentos bien intencionados hacia una salud total. ¿No podríamos acaso estar tratando con un arquetipo? La pregunta no es tan traída de los pelos. Debemos plantearla cuando nos vemos enfrentados a un fenómeno psicológico que no puede explicarse o entenderse lógica o racionalmente. Aquí entiendo por "arquetipo" no tanto una imagen sino más bien "un esquema innato de conducta en una situación clásica típicamente humana". Esto está de acuerdo con las obras ulteriores de C. G. Jung.

La invalidez siempre ha estado ciertamente con nosotros. Todos los vivientes, todos los seres humanos, llegan deficientes a este mundo, careciendo de algo, sea debido a la herencia, infección prenatal o trauma del nacimiento. Nos volvemos más y más deficientes a medida que nuestras vidas progresan: accidentes, enfermedades y el mismo proceso de envejecimiento dejan limitaciones permanentes. Mientras mayores somos, mayor es nuestro grado de invalidez. De un modo u otro, todas nuestras funciones físicas, mentales y psíquicas se ven impedidas. Tener que vivir con y reaccionar a tales deficiencias es una situación típicamente humana. Por tanto, ya que hemos hablado de un arquetipo como una reacción a "situaciones típicamente humanas", ¿no podríamos concluir que la invalidez es arquetipal por naturaleza?

Estas deficiencias pueden afectarnos en mayor o menor grado. Podríamos ni siquiera pensar dos veces acerca de ser daltónicos o tener una pierna ligeramente más corta que la otra, en tanto que el retardo o la debilidad mental serían mucho más serios. La pérdida de visión en un ojo no interferiría notablemente con el potencial para nuestro desarrollo; la sordera total debida a una explosión, por otra parte, es otra cuestión. Ser demasiado excitable como consecuencia de una contusión cerebral no tiene el mismo efecto sobre nuestras vidas como los cambios de personalidad que acompañan a varias enfermedades del cerebro y el sistema nervioso (Puesto que el cerebro tiene un lugar central en nuestro funcionamiento psíquico y emocional, encontramos el mayor espectro de invalidez en conexión con este órgano). Puesto que el enfrentamiento con las deficiencias, con la invalidez, desempeña un papel tan importante en la vida humana, podríamos estar justificados al hablar de una reacción "arquetipal". A fines de la discusión, entonces, supongamos que hay un Arquetipo del Inválido. Supongamos que el daimon en obra en nuestro estado crónico de deficiencia es el Arquetipo del Inválido.

Antes de continuar, me gustaría hacer algunas observaciones generales sobre la naturaleza de los arquetipos. Nadie sabe cómo llegan a ser los arquetipos o en qué forma aparecieron primeramente. Jung supuso que eran una reacción a situaciones recurrentes. Con vistas a nuestra discusión, el "cómo" no es tan importante como el hecho de que un arquetipo fuera inicialmente una reacción a una experiencia particular, concreta. Con el paso del tiempo, sin embargo, el arquetipo se separó de la experiencia misma, asumiendo un grado de autonomía. En otras palabras, los arquetipos pueden y de hecho se manifiestan sin la situación externa concreta. El Arquetipo Materno, por ejemplo, puede ser vivido por una mujer, tenga hijos o no. Afecta y colorea su experiencia de sí misma y el mundo a su alrededor. Es posible, por ejemplo, que el concepto de una "sociedad permisiva" sea una expresión del Arquetipo Materno. "La madre" lo tolera todo, lo perdona todo, no sólo en relación con los niños. Con frecuencia hablamos de una sociedad "patriarcal" o de valores "patriarcales". "Patriarcal" implica la regla del Padre. Pero esta paternidad no se refiere a los hijos, al acto biológico de la procreación, sino más bien a la estructuración de nuestra sociedad, una sociedad en la que domina el arquetipo del padre. Si bien el esquema puede haberse originado en la experiencia de la relación de un padre con sus hijos, ahora incluye la conducta de toda una sociedad.

Hallamos la autonomía del arquetipo por encima y contra las situaciones externas en el caso del Arquetipo del Inválido. Po lo tanto podría manifestarse tanto si la persona en cuestión es un inválido como si no. Generalmente una persona que ha perdido un ojo o una pierna vivirá en mayor o menor grado el Arquetipo del Inválido. Este no es siempre el caso y frecuentemente no hasta el punto que podría esperarse. Por la otra parte alguien sin discapacidad aparente podría comportarse como si fuera un inválido. El estado efectivo de invalidez tiene poco o ningún efecto en cómo uno experimenta la vida.

Si el Inválido ha de verse como un fenómeno arquetipal, también debe serlo la Salud, es decir, la fantasía de la salud integral, tal como la define la Organización Mundial para la Salud. Ambas perspectivas ofrecen un modo de ver nuestra experiencia de nosotros mismos y de nuestro mundo. Aunque ninguna es verdadera o falsa, la descripción de la Salud en este libro podría parecer unilateral, puesto que la estoy considerando desde la perspectiva del inválido. Cualquier perspectiva puede ser dañina, particularmente cuando es exclusivamente unilateral. Los discípulos de la Salud, con "S" mayúscula -mens sana in corpore sano- adoran la salud, viéndose sólo como saludables, sin contar cuán enfermos o discapacitados puedan ser. Continúan haciendo carreras tres meses después de un problema coronario. Aunque acaso diabéticos, podrían asumir largos y arduos paseos por el descampado. Retoman el trabajo a tiempo completo después de una intervención quirúrgica importante. Comen las comidas adecuadas, consultan a un psicólogo si tienen problemas, y consultan a asesores matrimoniales si no pueden entender a sus parejas. Irradian salud hasta el día en que mueren -"No estuvo enfermo ni un día en su vida". Son miembros octogenarios de una expedición a los Alpes. Regalan a todos con sus historias acerca de su salud, obviando completamente el hecho de que nadie -repito: nadie- puede ser tan saludable. Todos nacemos inválidos. Ninguno de nosotros es perfecto, aunque nuestra deficiencia pueda ser tan insignificante como una leve falta de coordinación, o que tengamos un poco más o menos de peso, o que encorvemos los hombros.

La salud y la invalidez parecen ser modos opuestos de ver la vida. Uno puede verse como saludable, fuerte y "sano", o como deficiente, con carencias de algún tipo en el cuerpo y en la psique. Desde la perspectiva de la salud, las deficiencias, incapacidades y lagunas no son sino problemas temporarios que deben vencerse; desde la perspectiva del inválido, son sencillamente parte de la vida.

Si hay un Arquetipo del Inválido, ¿no debiera haber alguna personificación mitológica suya? ¿Acaso no aparecen los arquetipos usualmente en la mitología como dioses o diosas? ¿No fueron tales representaciones la base para la teoría de Jung de los arquetipos? ¿Dónde entonces, en qué mitologías encontramos al inválido como imagen colectiva?

Los dioses griegos parecen ser cualquier cosa menos inválidos. De acuerdo con
 su posición exaltada, son retratados como seres perfectos. Hay sólo dos excepciones: Hefaistos (Vulcano), que cojea, y Aquiles con su talón vulnerable. Incluso el perfecto héroe tiene una debilidad. Desplazándonos a la mitología germánica, encontramos una situación diferente. Aquí hay numerosos ejemplos de inválidos. De hecho, toda la mitología germánica parece verse ensombrecida por una atmósfera de presentimiento -el Nidhoggr royendo las raíces del Yggdrasil, el Árbol del Mundo, y el conocimiento el inminente Götterdämerung (Ocaso de los Dioses). Hallamos a Thor, el dios de la guerra, con una piedra de molino incrustada en su frente -un recuerdo doloroso de una antigua batalla. Otros dioses germánicos sufren severas heridas, carecen de una mano o algo por el estilo. Baldur, el brillante, es invencible contra todo salvo muérdago parasitario. La invalidez parece ser de la mayor importancia para la mitología germánica que para los griegos. Muchas mitologías -la mejicana y la hindú- describen a menudo a sus dioses como seres grotescos. De modo semejante encontramos deidades bizarras en las culturas prehistóricas que ofrecen una impresión de lisiados.

Los artistas a menudo crean imágenes mitológicas de este tipo. Veo los cuadres de Velázquez, por ejemplo, como una expresión del Arquetipo del Inválido. Sus figuras son frecuentemente grotescas y distorsionadas. El director de cine Fellini sazona sus obras fuertemente con inválidos -los aspectos lisiados, perversos y anormales de la raza humana, la mujer elefanta o el hombre esquelético. El inválido como imagen y símbolo mítico aparece también en las historias clásicas de aventura. Uno puede recordar las historias de piratas, a Long John Silver con su pata de palo en La Isla del Tesoro de Robert Louis Stevenson, o el archienemigo de Peter Pan, el Capitán Garfio, con su prótesis metálica. La figura del pirata, en sí misma una imagen del inválido, tradicionalmente carece de un abrazo o de una pierna o al menos tiene un parche sobre un ojo. Otra imagen literaria familiar del inválido es el Quasimodo de Victor Hugo, el Jorobado de Notre Dame. En general las artes parecen señalar al Arquetipo del Inválido- ¿qué son las gárgolas de la Catedral de Notre dame sino inválidos?

Dado el Arquetipo del Inválido, ha de haber también un complejo de inválido, puesto que los arquetipos atraen partes de la psique y de la experiencia psíquica hacia sí. Esto es lo que quiere decir un complejo. Un hombre que tiene un complejo paterno tiende a experimentar la vida dentro de la estructura patriarcal, ya tenga que ver con el "padre" y la "paternidad" o no. Un policía, por ejemplo, puede hacerle sentir como un niño pequeño enfrentado a su padre. Existe, efectivamente, un complejo de inválido. En el curso de mi trabajo como psicoterapeuta, me he encontrado con frecuencia con mujeres -y hombres también- que sólo podían enamorarse de inválidos. Se sentían atraídos sexualmente sólo hacia aquellos que eran físicamente inválidos.

Permítaseme esbozar un breve "diagnóstico diferencial" del Arquetipo del Inválido por medio de definición y comparación. El inválido no debe confundirse con el arquetipo del niño. El niño, como el inválido, es débil e inferior al carecer de las cualidades del adulto. Sin embargo el niño crece, cambia, se vuelve adulto, "mata al padre". Tiene futuro. El Arquetipo del Inválido tampoco debe confundirse con el de la enfermedad. La enfermedad, al igual que el niño, tiene un futuro. Conduce a la muerte o a la salud o incluso a la invalidez. Es temporal, una amenaza pasajera, un catástrofe. La enfermedad bien puede disminuir la capacidad de funcionamiento físico o psíquico, pero es aguda, dinámica, temporal. En cambio la invalidez no conduce a ninguna parte, ni a la muerte ni a la salud. Es finalmente una deficiencia crónica, permanente. Es un estado crónico de estar "descompuesto".

Aquellos que viven el Arquetipo del Inválido pueden ser agobiantes y molestos con los que les rodean. Puede notarse que sólo otro arquetipo agobia y cansa tanto o más a la gente: el arquetipo o la fantasía de la salud. Una persona que habla y habla sobre su dolor de espalda es bastante aburrida, pero no es nada comparada con alguien que nunca se cansa de hablar de sus proezas físicas, de cómo su corazón aún late regularmente y rítmicamente después de trepar seis millas, de cómo se levanta cada mañana a las seis en punto para tomar una ducha helada.

Por supuesto, un arquetipo por sí mismo no es ni bueno ni malo, in interesante ni aburrido. Según la situación y nuestro punto de vista, puede parecer negativo o positivo. Nuestra tarea como psicoterapeutas es estudiar y reflexionar sobre los arquetipos y sus características, dejarnos sorprender por ellos, aprender, en pequeña medida, a tratar con ellos en la experiencia efectiva. El Arquetipo del Inválido puede ser molesto; puede, por otra parte, ser muy agradable, como en el ejemplo siguiente. Conocí un hombre de mediana edad que sufría de dolores crónicos de espalda, depresiones periódicas y fatiga continua. A la vez, era una persona agradable para tener cerca -hacía que los demás se sintieran útiles y necesarios. Uno siempre podía hacer algo por él, como encontrarle un sillón confortable. Parecía apreciar los gestos de este tipo. No era de ningún modo una amenaza para quienes le rodeaban; no había sentido de competitividad por el tiempo y la atención que se le dedicara. Lo hacía sentir a uno amable y generoso, provocando una actitud amistosa y de aceptación en los demás. Estar con él resultaba relajante. Si el Arquetipo del Invalido es reconocido y respetado, origina reflexión y discusión. En el caso de este hombre, siempre que alguien sugería salir a dar un poseo, respondía: "No, gracias, me duele la espalda. ¿Por qué no nos quedamos aquí y conversamos un poco?".

El Arquetipo del Inválido puede ser fructífero para la persona que lo vive. Contrarresta la inflación; cultiva la modestia. Porque se le da lo que le corresponde a la debilidad y las carencias humanas, es posible un tipo de espiritualización. La invalidez es un continuo memento mori, un permanente confrontación con las limitaciones físicas y psíquicas. No permite huir a fantasías de salud o alejarse de un reconocimiento de la muerte. Promueve la paciencia y refrena la obsesión por actuar. En cierto sentido, es un arquetipo muy humano. La fantasía de la salud y la totalidad en cuerpo y alma puede ser adecuada para los dioses, pero para los meros mortales es una tribulación. Quod licet jovi non licet bovi.

Porque el Arquetipo del Inválido acentúa la dependencia humana, porque obliga a aceptar nuestra mutua necesidad y la de los demás, es un factor importante en las relaciones. Hoy nos vemos perseguidos por una fata morgana (fatalidad) psicológica -la ilusión de la Persona Independiente. Aún hay aquellos que creen que es posible ser totalmente independiente de los demás. Todos somos dependientes de alguien -de maridos o esposas, de padres o madres, de nuestros hijos, amigos, incluso de nuestros vecinos. El conocimiento de nuestras propias deficiencias y debilidades, de nuestra propia invalidez, nos ayuda a darnos cuenta de nuestra eterna dependencia de algo o de alguien. Una persona que es un "lisiado" respecto a los sentimientos, siempre dependerá de aquellos con una vida emocional "saludable". La dependencia mutua, así como la unilateral, encuentra su propio lugar con el Arquetipo del Inválido. Sirve como contrapeso a la imagen de "canto rodado que no junta musgo" propia del héroe vagabundo, una figura popular entre los miembros de la generación más joven. Para ellos el ideal es moverse como espíritus libres por el mundo sin apegos, ni obstáculos; hoy en India, mañana en Méjico. La libertad y la independencia son su alfa y omega, el sentido y meta de su existencia.

Otra área en la que juega un papel importante el Arquetipo del Inválido es la psicoterapia, en el fenómeno de la transferencia. En psicoterapia la dependencia se entiende generalmente como una transferencia paterna o materna, y es considerada como una regresión. Desgraciadamente en psicoterapia la fantasía de la regresión niño/progenitor puede resultar dañina. Con mucha frecuencia la dependencia de un paciente no refleja al niño sino al inválido. A veces los pacientes permanecen dependientes de sus terapeutas durante años -el niño nunca parece crecer. ¿Cómo podría hacerlo? ¡No estamos tratando con un niño sino con un inválido, y su correspondiente necesidad de ser dependiente!. En estas situaciones el analista desarrolla con frecuencia una consciencia de culpa. El analista se pregunta si acaso inconscientemente no se estará tratando de mantener una práctica perpetua constelando la dependencia del analizado. La cuestión está fuera de lugar. El analista no está siendo poco ético sino que está sirviendo de manera legítima como muleta del inválido. Aunque el analista podría intentar derivar a alguien la necesidad de dependencia del analizado, ya sea a un vecino o a un amigo, una cosa es cierta: la muleta siempre será necesaria. El objetivo de independencia total es sencillamente poco realista. Si, por otra parte, el analista se identifica con la fantasía de la salud, de la totalidad y del crecimiento, entonces simplemente no verá lo que está ocurriendo. El analista cree tratar con el arquetipo del niño. No advierte que la ausencia de crecimiento y de curación señala al inválido, no al niño. El niño crece, como notamos más arriba, y sólo requiere ayuda por un tiempo.

Debo repetir que las dificultades y peligros concomitantes al trato con el inválido nunca pueden sobreestimarse. Son precisamente estas dificultades y peligros los que frecuentemente acaban en una represión tanto individual como colectiva, caracterizada por el dicho "¡El inválido siempre estará con nosotros!" En nuestra confrontación con la invalidez, estamos demasiado dispuestos a sucumbir a una actitud fatalista, a la pasividad que dice "¿Por qué preocuparse? ¡De todos modos no hay nada que podamos hacer!" Careciendo del entendimiento adecuado del Arquetipo del Inválido, nos rendimos, dejamos de intentar curar aquello que puede curarse. Hasta cierto punto los grandes avances hecho tanto en medicina como en psiquiatría son resultado de la represión del inválido. Nos ha cautivado la fantasía de la salud integral hasta el punto de que somos incansables en nuestros esfuerzos por su consecución. Y sin embargo nosotros los analistas no debiéramos ser los primeros que arrojan la piedra; la fantasía de la salud infiltra nuestra práctica así como seguramente también lo hace la de la invalidez.

Si parezco ipso facto un autodenominado abogado para la defensa en el caso "salud versus invalidez", es porque el Arquetipo del Inválido ha sido ignorado demasiado tiempo; no se le ha otorgado el respeto que merece. Mis ataques a la "salud", la posición del fiscal, no pretenden desacreditar sino ayudar a lograr algún grado de equilibrio entre perspectivas esenciales. Para desarrollar aún más mi caso, me gustaría indicar las trampas del arquetipo salud/totalidad, mi poderoso oponente. De acuerdo con la fantasía contemporánea de la salud, debemos volvernos integrados, en donde totalidad es entendida en el sentido de perfección. "Sed perfectos...". El menor defecto, la menor falla debe curarse, quitarse o erradicarse. Aunque hubo un tiempo en que un temperamento melancólico era aceptado, incluso idealizado, hoy los melancólicos son diagnosticados como "depresivos", son tranquilizados y medicados hasta el punto de volverse felices vegetales. Por dentro todos nos damos cuenta de nuestros fallos, de nuestras debilidades, de nuestra invalidez. A la vez reprimimos esta apercepción por cualquier medio disponible. Luchamos interminablemente, insensatamente, para mantener la ilusión de totalidad, intentado lograr la perfecta salud.

Nuestra ceguera para el lugar e importancia del arquetipo del inválido deviene una actitud moralista, sustentando la salud y la totalidad como el bien último. No es difícil imaginar cuán devastadora resulta esta actitud al tratar con aquellos que sufren desórdenes neuróticos y psicosomáticos. Continuamente me choca el tono de superioridad moral que se desliza en las voces de los psicoterapeutas cuando discuten casos de este tipo. Los neuróticos y los enfermos psicosomáticos son sencillamente inferiores; no pueden curarse porque no quieren. No quieren cambiar; no quieren crecer. Rechazan nuestros esfuerzos por ayudarlos. ¡Incluso no escuchan a sus sueños! Como gente que se está ahogando, se adhieren a sus resistencias, defendiéndose, según vemos, tenazmente contra el terapeuta que sólo intenta ayudarles. Esa gente, esas pobres almas oscuras, sólo merecen nuestra atención cuando abrazan nuestra fantasía de crecimiento/salud/totalidad (¿es una fantasía o una fijación engañosa?) Como terapeutas sólo estamos interesados en ellos cuando quieren ser curados.

No quiero dar la impresión de que todos los pacientes son casos crónicos o que no pueden ser curados. Sólo quiero señalar que, en ejemplos en que se manifiesta el Arquetipo del Inválido, la curación y la totalidad son sencillamente imposibles. Aceptar este hecho podría parecer inmoral, tanto para el paciente como para el analista. Empero los efectos positivos contrarrestarán pronto cualquier duda que quede. Porque la curación y la totalidad están tan de moda en estos días, necesitamos reflexionar urgentemente y aceptar el arquetipo del inválido.

Ignorar o denigrar un arquetipo invita su ira y venganza, y el Arquetipo del Inválido no es ninguna excepción. Parece que mientras más tratamos de curar a los pacientes crónicos neuróticos o psicosomáticos, más desesperadamente se resisten. Se vuelven más tiranos, más exigentes, y reclaman más de nuestro tiempo y atención. Pareciera que mucha gente simplemente espera al momento en que puedan afirmar su invalidez. Un accidente pequeño, una leve disminución de una capacidad física o mental, y dejan sus trabajos, exigen seguros de invalidez, y esperan que los demás se hagan cargo de ellos. En cada uno de nosotros despiertan sentimientos de culpa. Parecen decir "Ahora soy un inválido. Ahora tienes que hacerte cargo de mí". Es nuestro fallo en aceptar al inválido en cada uno de nosotros, nuestra fantasía de que los seres humanos debieran ser tan saludables como esos dioses griegos idealizados, lo que nos hace incapaces de afrontar el Arquetipo del Inválido en cuanto lo encontramos. Nuestra culpa nos obliga a rendir tributo a lo que rehusamos aceptar.

Mientras la debilidad aparece en conjunción con la invalidez, no son de ningún modo equivalentes, un aspecto que con frecuencia se descuida. Jane Carlisle, de quien hable en un capítulo anterior, era sumamente capaz. Sabía beneficiarse por sus propios esfuerzos de la fama de su marido. Viajaba, atendía innumerables reuniones, y disfrutaba de una vida social activa e intensa. Otro ejemplo es una de mis pacientes. La mujer era extremadamente neurótica, sufriendo de todo tipo de desórdenes psicosomáticos. Tenía dificultad para dormir, se despertaba al más ligero ruido. Tenía ataques de alergia, sufría cada verano de congestión nasal, sólo podía comer comida especialmente preparada, y sólo podía tolerar cierto tipo de sábanas. Tenía temor pánico a los insectos, su ansiedad respecto a enfermedades infecciosas la llevaba a la desesperación y la menor corriente de aire era una pura tortura. Este "desastre" de mujer emprendió expediciones a las áreas más primitivas e inexploradas del Sudeste Asiático. Debe haber tenido que dormir en condiciones increíblemente sucias y peligrosas, donde abundaban los insectos, donde incluso moverse mientras uno duerme era provocar al aguijón de un escorpión o la mordedura de una araña. A pesar de sus continuos síntomas neuróticos y psicosomáticos, la mujer se aventuró en áreas que la mayoría de los mortales "normales" no osarían pisar.

En esta conexión quisiera mencionar el concepto de compensación tal como lo usó Alfred Adler. Inicialmente alumno de Freud, que más tarde estableció su propia psicología, Adler afirmó que los seres humanos compensan una inferioridad orgánica, por así decirlo. Adler es particularmente interesante dentro de la trama de esta discusión, a causa de su fascinación con el Arquetipo del Inválido. Vio el desarrollo neurótico como reacción directa a sentimientos de inferioridad que surgían de discapacidades físicas efectivas. En otras palabras, consideró el comportamiento humano desde la perspectiva del inválido. En sus escritos encontramos descripciones detalladas de las diversas formas que asume el Arquetipo del Inválido. Redujo toda la psicología humana a reacciones a debilidades físicas siempre presentes.

Muchos de nuestros pacientes son claramente inválidos. A fin de ofrecerles la ayuda que necesitan -puesto que no es posible la curación- debemos llevarlos al punto en que puedan vivir con su deficiencia. En la terapia tenemos que trabajar con el Arquetipo del Inválido, ayudando a nuestros pacientes para que vean que su proceso de individuación incluye su invalidez. Trabajar sin ella, excluirla, no sería sino una ilusión. Permítaseme explicar lo que quiero decir. Los seres humanos operamos a partir de cuatro modos o funciones básicas: pensamiento, sentimiento, percepción e intuición. Teóricamente todos tenemos al menos el potencial de esas cuatro funciones; una función es superior, otra es inferior, y las dos restantes son auxiliares. Los Sumos Sacerdotes de la Salud y la Totalidad pretenderían que tenemos que ayudar a nuestros pacientes a que desarrollen las cuatro. Sin embargo muchos pacientes, por una razón u otra, carecen de una o dos de estas funciones. Es como si fueran deformes o lisiados. Por ejemplo si les faltara la función sentimiento, sería inútil ayudarles a desarrollar lo que no está allí. Mejor haríamos en hacerles explorar la medida de su deficiencia, mostrarles cómo vivir con ella, y demostrar cómo relacionarse con alguien que, por ejemplo, tuviera una función sentimiento bien desarrollada. Intentar desarrollar las cuatro funciones con tales pacientes sólo conduciría al desencanto y la frustración tanto para el paciente como para el terapeuta. En lugar de aceptar y respetar al paciente tal como es -un inválido- hay el peligro de que el terapeuta y el paciente no sólo rechacen la invalidez sino que incluso la desprecien. El resultado para el paciente puede ser comprensiblemente desastroso. ¿No somos realmente nosotros los analistas los abogados del Arquetipo del Inválido? ¿No es lo que debiéramos ser?

La psique es vista por un lado como arquetipal, funcionando de acuerdo a esquemas de conducta y experiencia dados, universales. Por otra parte, muestra características completamente individuales y únicas. Las imágenes de totalidad e invalidez son ambas universales -en otras palabras, arquetipales. Preguntémonos si son dos arquetipos totalmente diferentes, o si van juntos como aspectos del mismo arquetipo. La imagen de la invalidez no puede existir sin la imagen de la totalidad, la figura de lo Imperfecto sólo puede verse sobre la base de lo Perfecto. 
A los fines de nuestra discusión, es más fácil hablar de dos arquetipos separados. Empero, en análisis final, tanto Totalidad como Invalidez son aspectos del Sí-Mismo, representando polaridades dentro de nuestra psique. Desgraciadamente, cuando hablamos acerca del Sí-Mismo, hay demasiado que se ha dicho sobre cualidades como rotundidad, redondez, completititud y totalidad. Ya es tiempo de que hablemos de la deficiencia, la invalidez del Sí-Mismo. Siempre he tenido dificultad con el hecho de que los mandalas se consideren como símbolos por excelencia del Sí Mismo -son demasiado "enteros" para mi gusto. La gente llega a darse cuenta de sí misma, de su Sí-Mismo, a través de su invalidez; la completitud se realiza mediante la incompletitud. El procese debe delinearse, percibirse y experimentarse. Admito que es difícil sustentar la imagen de la completitud y la totalidad, y a la vez aceptar la invalidez. Inevitablemente se acentuarán uno o lo otro. Durante la Edad Media hasta la Reforma, reinaba lo grotesco y lo deforme en la humanidad. Hoy hemos sucumbido al culto de lo completo, lo saludable, lo rotundo, culminando una perfección tipo mandala.


jueves, 17 de marzo de 2016

Nace la SCAJ: Sociedad Colombiana de Analistas Junguianos

¡PARA CELEBRAR!:
Nace la SCAJ: Sociedad Colombiana de Analistas Junguianos, la primera sociedad con opción de formación de analistas en el país. El siguiente es el comunicado oficial y saludo a todas las personas que han sido tocadas por la vida y obra de Carl Gustav Jung.

Marzo de 2016

Reciban un cordial saludo.
Nos complace grandemente compartir con ustedes y de manera oficial el nacimiento de nuestra sociedad, la cual es el fruto del esfuerzo mancomunado de un puñado de analistas que, entusiastas, propondrán en el próximo congreso de Kioto su inclusión en el seno de la IAAP como grupo non-training, con el fin de seguir construyendo los fundamentos de la primera institución autorizada para formar analistas junguianos en el país.
Los ocho analistas que inicialmente conforman la sociedad han llegado a su membresía en la IAAP (Asociación Internacional de Psicología Analítica) por caminos de formación muy diferentes, lo cual viene enriqueciendo la divulgación de la psicología analítica en Colombia y el proceso mismo de constitución de esta sociedad. Ellos son: Ana María Salazar, Inés de la Ossa Izquierdo, María Patricia Quijano, Andrés Ocazionez, Eduardo Carvallo, Lisímaco Henao H, Juan Carlos Alonso y Fernando Garlín.
Los objetivos generales de nuestra sociedad son los siguientes:
a. Divulgar el pensamiento junguiano por medio de publicaciones y del desarrollo de actividades académicas.
b. Ofrecer atención clínica psicoterapéutica y análisis junguiano.
c. Apoyar el proceso de las personas que se encuentran en formación como analistas.
d. Proponer y desarrollar líneas de investigación en el marco junguiano.
e. Fomentar el mantenimiento de las normas profesionales y la conducta ética de sus miembros.
f. Prestar asesoría en el análisis de procesos colectivos desde una perspectiva junguiana.

Compartimos la alegría con todas aquellas personas que han sido inspiradas por Carl Gustav Jung y su obra tanto dentro como fuera de nuestro país, en particular con los analistas junguianos de Latinoamérica unidos en el CLAPA (Comité Latinoamericano de Psicología Analítica), confiados en que dicha inspiración seguirá alentándonos hacia una mejor comprensión del alma y sus manifestaciones individuales y colectivas.
Cordialmente
Inés de la Ossa Izquierdo – Secretaria –
Eduardo Carvallo Moros –Vicepresidente-
Lisímaco Henao Henao – Presidente –

Sociedad Colombiana de Analistas Junguianos SCAJ.
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martes, 8 de marzo de 2016

Querer ser deseadas. Por Polly Young-Eisendrath.

QUERER SER DESEADAS

Por Polly Young-Eisendrath*


Hace unos diez años, mientras leía una biografía del psicoanalista francés Jacques Lacan, me encontré con algo que él había dicho sobre las mujeres y que me impactó como una verdad incómoda: las mujeres quieren ser deseadas, no ser amadas. Quería decir que las mujeres buscaban ser deseables más que ser totalmente conocidas. Lacan llegaba a esta conclusión después de muchos años de psicoanalizar y seducir a mujeres (es decir, intentaba psicoanalizar a unas mujeres y seducir a otras. Siendo un mujeriego altamente racionalista, seducía a muchas mujeres, pero dudo de que psicoanalizase a alguna con éxito). Teórico brillante a veces, Lacan fue también sexista y terriblemente arrogante, así que me pregunté si podía tomar su afirmación en serio. Sin embargo, a pesar de mi duda, la idea siguió rondándome.

Durante varios años leí muchos relatos feministas sobre el deseo femenino, pero no encontré nada tan franco y evidente como la afirmación de Lacan. Yo misma soy psicoanalista, pero también soy feminista, madre y esposa, escritora, formadora de psicoterapeutas y estudiante budista. En todos estos roles encuentro que es muy útil mantener mis oídos y mis ojos abiertos a lo no expresado, a lo no escrito y a lo inconsciente. Así pues, mientras dejaba de lado la idea de que las mujeres querían ser queridas y continuaba con mi profesión de ver a personas en sesiones de psicoterapia individual, en análisis junguiano y en terapia de parejas, en el fondo de mi mente esta idea estaba produciendo un efecto. El que las mujeres pudieran ser impulsadas por el deseo de ser deseables, en lugar de por el deseo de ser conocidas y amadas, se convirtió en la música de fondo de gran parte de lo que oía sobre el deseo femenino durante los siguientes diez años, tanto dentro como fuera de la psicoterapia.

Ahora creo que Lacan estaba básicamente en lo cierto sobre el problema del deseo femenino, pero, en lugar de considerarlo como un aspecto normal del carácter femenino, como él creía, lo veo como un mal del desarrollo de las mujeres en sociedades en las que se espera que éstas agraden a los hombres. La compulsión de ser deseadas y deseables socava la propia dirección, la autoconfianza y la autodeterminación en las mujeres desde la adolescencia hasta la vejez, en todos nuestros roles, de hija y madre, de amante y esposa, de estudiante y trabajadora o dirigente, con independencia de que el mal sea o no consciente.


Querer ser deseadas tiene que ver con encontrar nuestro poder en una imagen, en lugar de encontrarlo en nuestros propias acciones. Intentamos parecer atractivas, agradables, buenas válidas, legítimas o dignas de cualquier otra persona, en lugar de descubrir lo que sentimos y queremos realmente por nosotras mismas. En este tipo de compromiso consciente o inconsciente esperamos que otras personas provean nuestros propios sentimientos de poder, valía o vitalidad, a expensas de nuestro auténtico desarrollo. Entonces nos sentimos resentidas, frustradas y fuera de control, porque hemos sacrificado nuestros deseos y necesidades reales a los compromisos que hemos hecho con los demás. Nos descubrimos queriendo siempre ser vistas bajo una luz positiva: a madre perfecta, la amiga ideal, la amante seductora, el cuerpo esbelto o atlético, la vecina amable, la jefa competente. En lugar de conocer la verdad de quiénes somos y de lo que deseamos de nuestra vida, quedamos atrapadas en las imágenes.


Querer ser deseadas no es codependencia. No es algo que se desarrolle a partir de las necesidades o demandas de otro. Por el contrario, es un deseo de poder y control que ha sido transformado y ocultado. En lugar de aprender cómo satisfacer este deseo –el nuestro- aprendemos poco a poco, pero muy claramente, cómo satisfacer el de los demás. Esta dinámica se halla enraizada en las limitaciones sociales y psicológicas generalizadas sobre el poder femenino. Y esto porque, a pesar del feminismo, el poder femenino –la firmeza, el estatus, el mando, la influencia- no puede expresarse directamente en el hogar ni en el lugar de trabajo sin suscitar sospecha, confusión, miedo o terror. Tanto mujeres como hombres tienden todavía a vivir el poder femenino como algo exótico en el mejor de los casos y, en el peor, como algo peligroso y despreciable. Por carecer de guías claras para desarrollar nuestro poder directamente, aprendemos a ser indirectas al elaborar los compromisos emocionales basándolos en las necesidades y en los deseos de los demás y en cómo querríamos ser vistas.


El deseo de ser deseadas tampoco es una expresión de un deseo de intimidad o proximidad. En vez de ello, querer ser deseadas nos hace sentir como si no tuviéramos deseos claros por nosotras mismas. Nos centramos en cómo hacer que las cosas queden bajo control de una determinada forma, hablando de una determinada manera que insinúa nuestras necesidades. Sin embargo, nunca decimos directamente lo que queremos y puede que nunca lo sepamos en realidad. Hemos sido hasta tal punto programadas culturalmente para sintonizar con las sutilezas de si estamos o no obteniendo el “efecto deseado”, que dejamos de sintonizar con lo que realmente queremos y de ver lo fuertemente motivadas que estamos por querer ser deseadas.

Muchas veces, en sesiones psicoterapéuticas individuales y de pareja, le he preguntado directamente a una mujer: « ¿Qué quiere obtener aquí?». Y ella ha respondido: «Realmente no lo sé», o «Esto es lo que mis hijos y mi marido necesitan», o « ¿Qué piensa usted?». Si le fuerzo un poco más y le pregunto amablemente que llegue a alguna respuesta –a cualquier respuesta-, habitualmente se pone nerviosa y adopta una actitud de disculpa. O bien no sabe, o bien tiene miedo de decir lo que quiere.
 *Analista Junguiana de Vermont (E.U.).

El texto es un fragmento de su libro “La mujer y el deseo”, publicado por Editorial Kairós. Barcelona 2000


lunes, 15 de febrero de 2016

Videos disponibles en el canal de Youtube

Videos disponibles en el canal de Youtube "Casa Jung Medellin"

Cortos y largos.

Videos cortos (Entre 2 y 30 minutos):

- Lo femenino y lo masculino: los arquetipos ANIMA Y ANIMUS
- El Cine y la psique: El animus en una película de Hitchcock
- El Cine y la psique: Marilyn y la identificación con el arquetipo
- Psicología junguiana y adicciones
- La caja de arena en psicoterapia (con Dora Kalff)
- Memorias del evento "A 50 años de la muerte de Jung"
- ¿Qué son los fantasmas de Jung?
- Jung y la religión (texto original)
- Histeria: Freud y Elizabeth Von R.
- Recordando a Jung (Entrevista)
- Cara a Cara con C. G. Jung (La entrevista de 1959 con Jhon Freeman)
- Jung y la alquimia
- La paciente de Jung y el sueño del escarabajo dorado
- Mario Saiz: la mente es la estructura más compleja del universo"
- Los oficios de la cultura: psicoanalista
- Personalidades múltiples: la búsqueda de recuerdos fatales
- Acerca de la "Realidad psíquica" (M.L. Von Franz habla de la paciente de Jung que vivió en la luna)
- Jung: la serpiente.
- Jung y su sueño (el sueño con la casa en tres niveles, que le sugirió a Jung la estructura del inconsciente).
- Colección de cortos sobre el significado de los sueños (10), Dirigida por la analista Marion Woodman.


Videos largos

- "La experiencia del inconsciente" con Julián Aguilar.
- Homenaje a Rafael López-Pedraza ( Con Martha C. Vélez y Eduardo Carvallo)
- Provocaciones lopezinas. Homenaje a la escritura de R. López-Pedraza.
- Compromiso del corazón. El extraordinario viaje de C. G. Jung hacia el alma (Documental completo)
Pon en el buscador de Youtube "Casa Jung Medellín"


martes, 12 de enero de 2016

Cursos 2016 semestre 1. (Presenciales y On Line)

ESTOS SON LOS CURSOS DE 2016 (Semestre I)

Encontrarás en la imagen las fechas, costos y temario general

Inscripciones en  eventos@jungcolombia.com
Docente: Lisímaco Henao Henao.
Psicólogo - Mg. Psicología Analítica - Analista Junguiano IAAP


MITO, ARQUETIPO Y PSICOLOGÍA IMAGINAL (Opción On Line)


Cuando Jung afirma que los dioses, al caer del Olimpo debido a nuestro ejercicio racional sobre ellos, se transforman en enfermedades y raros síndromes que los profesionales deben tratar, nos está sugiriendo que en las imágenes míticas tenemos las pistas fundamentales para devolver al alma a sus fuentes originarias que fueron contaminadas por las aspiraciones unilaterales del ego. ¿Qué mito vives tú?, es la pregunta que Jung se dirige a sí mismo y que explorará durante su vida, invitándonos a hacer nuestro propio trabajo en ese sentido.

James Hillman por su parte, nos invita a ver en las imágenes míticas los reflejos exactos de la diversidad de la naturaleza humana, abriendo una nueva forma de relacionarnos con nuestras imágenes internas y nuestras perspectivas del mundo que nos rodea: un pasar del concepto negativo de "lo imaginario", a la revalorización de "lo imaginal" presente en la estructura misma de lo psíquico. Así, la perspectiva arquetipal más que oponerse, complementa el postulado de Jung, al naturalizar la naturaleza de cada uno (valga aquí la redundancia), permitiendo comprender ampliamente lo raro, lo anormal y lo complejo que a todos nos habita.






FUNDAMENTOS DE PSICOLOGÍA JUNGUIANA (Opción ON LINE)

En esta ocasión trabajaremos sobre las conferencias de Jung conocidas como "Las conferencias tavistock. Sobre la teoría y la práctica de la psicología analítica", que se encuentra en la obra completa, tomo 18/1 "La vida simbólica" (Editorial Trotta). El texto cubre los elementos fundamentales de la visión de Jung; por tratarse de una serie de conferencias dirigidas a público no experto, nos ofrece una oportunidad excelente para comprender "desde abajo" dichos presupuestos.
(como en todos nuestros cursos damos acceso al texto).





PSICOTERAPIA Y ALQUIMIA (Sólo presencial)

En nuestro encuentro sabatino "Imagen e Imaginación en psicoterapia", entraremos en contacto teórico y vivencial con la alquimia tal como es vista por la psicología analítica.

Jung encontró en la alquimia el correlato perfecto, en la historia de las ideas, de su concepción de la psique y del ejercicio psicoterapéutico. La alquimia es entonces una metáfora del proceso de individuación y, aún más, es una forma de leer lo psíquico y sus imágenes.

Este semestre seguiremos el orden propuesto por Edinger y recrearemos cada operación con una actividad vivencial: Calcinatio, Solutio, Coagulatio, Sublimatio, Mortificatio, Separatio y Coniunctio.

Otros textos que nos servirán de apoyo: "Psicología y Alquimia" (Jung) y "Alquimia" (Marie-Louise Von Franz).





EL PROCESO DE INDIVIDUACIÓN (Opción ON LINE)

Tras terminar la tarea, ardua y movilizadora, de hacer una primera lectura de El Libro Rojo, ofrecemos en el espacio de los lunes la oportunidad de acercarnos a una de las propuestas más revolucionarias de Jung, aquella que permite a la psicoterapia trascender el estrecho marco de una cura sintomática. La individuación nos da una perspectiva amplia del papel que juegan todas las vicisitudes humanas, incluidas nuestras patologías, en el direccionamiento de la vida y su voluntad de expresarse a través de nosotros. La individuación es una tendencia natural hacia la realización de nuestra propia naturaleza en vinculación consciente con la comunidad humana y con el mundo en general.


lunes, 21 de diciembre de 2015

Curso: Mito, arquetipo y psicología imaginal (Opción ON LINE)


Primer semestre de 2016

Curso: MITO, ARQUETIPO Y PSICOLOGÍA IMAGINAL (Opción On Line)


Cuando Jung afirma que los dioses, al caer del Olimpo debido a nuestro ejercicio racional sobre ellos, se transforman en enfermedades y raros síndromes que los profesionales deben tratar, nos está sugiriendo que en las imágenes míticas tenemos las pistas fundamentales para devolver al alma a sus fuentes originarias que fueron contaminadas por las aspiraciones unilaterales del ego. ¿Qué mito vives tú?, es la pregunta que Jung se dirige a sí mismo y que explorará durante su vida, invitándonos a hacer lo propio.

James Hillman por su parte, nos invita a ver en las imágenes míticas los reflejos exactos de la diversidad de la naturaleza humana, abriendo una nueva forma de relacionarnos con nuestras imágenes internas y nuestras perspectivas del mundo que nos rodea: un pasar del concepto negativo de "lo imaginario", a la revalorización de "lo imaginal" presente en la estructura misma de lo psíquico. Así, la perspectiva arquetipal más que oponerse, complementa el postulado de Jung, al naturalizar la naturaleza de cada uno (valga aquí la redundancia), permitiendo comprender ampliamente lo raro, lo anormal y lo complejo que a todos nos habita.

Docente: Lisímaco Henao Henao.
Psicólogo - Mg. Psicología Analítica - Analista Junguiano IAAP

En esta imagen encontrarás fechas, temas, costos y correo para la inscripción


Curso: FUNDAMENTOS DE PSICOLOGÍA JUNGUIANA (OPCIÓN ON LINE)


Primer semestre de 2016

Curso: FUNDAMENTOS DE PSICOLOGÍA JUNGUIANA

En esta ocasión trabajaremos sobre las conferencias de Jung conocidas como "Las conferencias tavistock. Sobre la teoría y la práctica de la psicología analítica", que se encuentra en la obra completa, tomo 18/1 "La vida simbólica" (Editorial Trotta). El texto cubre los elementos fundamentales de la visión de Jung; por tratarse de una serie de conferencias dirigidas a público no experto, nos ofrece una oportunidad excelente para comprender "desde abajo" dichos presupuestos.
(como en todos nuestros cursos damos acceso al texto).

Docente: Lisímaco Henao Henao.
Psicólogo - Mg. Psicología Analítica - Analista Junguiano IAAP

En esta imagen encontrarás fechas, temas, costos y correo para la inscripción