martes, 19 de mayo de 2026

MITIFICACIÓN EN LAS RELACIONES DE PAREJA

MITIFICACIÓN Y DESMITIFICACIÓN EN LA PAREJA. 

En el principio, durante, al final y mucho después. 

Por Lisímaco Henao H. 


1. En el principio: El enamoramiento. 


Mucho se ha dicho ya sobre el enamoramiento como un momento en el que nos dirigimos unos a otros, tremendas cargas proyectivas. Proyecciones sobre la base de las imágenes arquetipales y de los complejos personales de ánima y animus (sobra decir entonces que complejos maternos y paternos también pueden participar de esta “danza de las proyecciones” llamada enamoramiento). 

Podemos llamar “mitificación” a este proceso, ya que la intervención de lo inconsciente, tanto de lo inconsciente personal (complejos), como de lo inconsciente colectivo (arquetipos e instintos), ha participado en gran medida. Se crea así una imagen que resulta efectivametne real, tanto en lo que se refiere al otro como otro (no todo es proyección y no todo en la proyección es “absolutamente falso”), como en lo que se refiere a las imágenes del alma proyectadas, que no dejan de ser reales y efectivas por ser inconscientes. El término "mitificación" alude a que este mismo proceso participó de la creación de los mitos en las primeras fases del desarrollo de la consciencia (un tema complejo que hemos desarrollado en otros textos y encuentros). 

El mito o la imagen arquetípica que emerge en la etapa del enamoramiento es el del Andrógino. En su obra "El banquete", nos cuenta Platón que al principio había, entre los seres humanos, tres géneros: Femenino, Masculino y Andrógino. Este último participaba de las naturalezas de los dos anteriores y era tan poderoso que intentó ascender al monte Olimpo, por lo que Zeus lo castigó partiéndolo por la mitad, de tal manera que las dos mitades surgidas de allí vagaban por el mundo añorando esa otra parte que les faltaba. 

La forma más común de esta mitificación amorosa es la idea de la “media naranja”; la falacia de que otro puede eliminar mi falta, mi desconocimiento, mi incompletitud. Con el tiempo, como veremos, este velo caerá, dado que nadie puede experimentar por mi lo que yo debo, en mi proceso de individuación. La pareja es en realidad compañía y apoyo limitado, pero los entusiastas enamorados nada saben de esto. He visto cómo quienes han sufrido mucho al detenerse (o ser detenidos), en esta etapa, han tratado de eliminar su sufrimiento iniciando verdaderas cruzadas contra "el amor romántico", como si algo tan instintivo pudiera eliminarse. Lo que surge de allí es un "amor racional", una calculada lista de chequeo que crea parejas estables económicamente, pero con fuertes tendencias a la infidelidad, pues una parte del alma sigue buscando la emoción, la parte trágica de la tragicomedia que es la vida. 


2. Durante: El trabajo del amor.


Se ha dicho también que, una vez terminada esa fase vendría el famoso “amor real”, en el que emerge lo que el otro verdaderamente es,  incluyendo sus aspectos sombríos, y que ahí se juega todo, se ponen a prueban las calidades y cualidades del lazo que permiten, o no, seguir en la relación. 

Quiero apuntar en esta nota a que, según estas observaciones, la relación de pareja parece ser siempre un mito o estar atravesada por el mito, es decir, por una creación del alma a partir de sus profundidades externalizadas. Más abajo ampliaré este aspecto.

El mito aquí es el de “la promesa”, que se expresa como “El dorado”, "El retorno al paraíso", “la Jerusalén celestial” o “El retorno de la edad de oro”. Según todas las mitologías asociadas a estos lugares, se trata de un premio al final del camino, la merecida retribución por un gran esfuerzo y sacrificios varios ofrecidos en el altar de la existencia. Es de destacar que la palabra "sacrificarse", "ceder", "negociar", se ha convertido para muchas personas en amenazante, pues se considera que mediante ellas se ha despojado y desempoderado a una gran cantidad de personas, sobre todo mujeres. En mi opinión estas palabras siguen funcionando, incluso arquetipalmente ("sacrificio heróico"), como maneras de uno irse adaptando progesivamente al mundo y a unas exigencias que no siempre se pueden cumplir idealmente. Por supuesto las advertencias son válidas, en la medida en que sólo una parte haga sacrificios o sienta que sus sacrificios son mayores que los de su contraparte, algo que suele suceder cuando el poder se impone al amor. 



3. Al final: Los adioses.


Cuando una relación que ha superado la etapa del enamoramiento y ha continuado durante algunos años más trabajando en el amor real, termina, se produce generalmente un fenómeno peculiar: una segunda desmitificación (recuerden que la primera sucedió con la muerte del enamoramiento, es decir, con los primeros asomos de sombra). Esta desmitificación consiste en que aquellos acuerdos y negociaciones, aquellas aceptaciones tan difícilmente logradas, pierden sus características positivas y toman un matiz oscuramente negativo. Lo que era tolerado y, de hecho, amado y validado como la humanidad del otro, ahora es percibido como “el mal” de la pareja, una especie de atentado personal. 

Así por ejemplo, la pareja pudo haber aprendido a tramitar las fantasías celosas llegando al acuerdo de que hablarían de ello abiertamente, abrazando esas fantasías en el otro como miedos y una pura humanidad que se podía compartir y a la que, de hecho, el otro tampoco ha podido escapar; al terminar la relación el recuerdo de esos acuerdos se revisa (se re-visita) y recibe otra luz: ahora son verdaderos atentados contra la propia dignidad, un acto malsano de desconfianza o una debilidad horrorosa. 

Otro ejemplo: la necesidad de la presencia y la dificultad para satisfacerla siempre. Las negociaciones sobre los tiempos suelen ser difíciles y, pasada la fase del enamoramiento, suele suceder que cada uno ya quiere ocuparse más de lo que aplazó en aquella idílica (proyectiva), etapa. La pareja en la fase subsiguiente habría podido llegar a negociaciones sobre formas de compartir su tiempo y energía y a comprensiones varias sobre la ansiedad que genera el no poder compartir más. Al terminar la relación, los examantes se pueden dirigir poderosas cargas negativas de abandono por un lado y de “tu me presionabas demasiado” por el otro. 

Pero ¿Qué ha pasado aquí? ¿No nos habíamos desmitificado ya tras el desenamoramiento? La respuesta es un tajante NO. Primero que todo la psique nunca deja de proyectar. No hay sabiduría, cantidad de horas de terapia, años vividos, iluminación espiritual o batallas dadas en la vida, que eliminen este mecanismo y ello por una simple razón: lo inconsciente es inagotable. Nunca se hace consciente todo lo inconsciente y, por lo tanto, este material estará siempre buscando su manifestación. En segundo lugar, los ideales continúan produciéndose, los ideales sobre uno mismo y sobre el otro y las fantasías de futuro tampoco pueden eliminarse. Por más “aquí y ahora” que alguien pueda estar intentando vivir, el alma tiende hacia alguna parte y eso lleva inevitablemente a la creación espontánea de imágenes prospectivas. 

Este efecto de desmitificación al final de las relaciones de pareja es lo que lleva a algunas personas a afirmar en esa dolorosa situación: “Tu nunca me quisiste”. Este efecto de “falsedad”, surge de la caída del mito construido mediante pactos, acuerdos y comprensiones que, debido a lo que llevó al final de la relación, cae como un velo de aparente “irrealidad”. 

El mito que corresponde al final es el del Apocalipsis, con su significado etimológico de "revelación", "develar" o "quitar la cubierta". En el apocalipsis bíblico, se reconocen y señalan las peores características humanas y su tendencia al mal, lo que conlleva a la destrucción de la creación. Otra imagen arquetípica análoga sería la del Diluvio universal. En ambos casos algo de lo humano puede salvarse para un nuevo reinicio. La pareja que se separa finalmente sentirá que, por supuesto, si hay un reinicio o una transformación del amor, no será con esta - finalmente -, terrible persona. Esta imagen arquetípica podría representar esto precisamente, que la idea del amor debe pasar por su propia nekya, por un viaje profundo de transformación. Lo más recomendable es iniciar una reflexión sobre lo aprendido y aquello que debe ser cuestionado en cada una de las partes, para poder avanzar hacia una pareja realmente nueva con otra persona, evitando -al máximo-, la repetición. 


4. Mucho después. Re-Mitificación (opcional) 


Algunos años después del final, algunas parejas deciden reencontrarse y re-latar lo que, según cada uno, ocurrió al principio, durante y al final. Resulta interesante observar lo que suele suceder (lo observan ellos pero, sobre todo, quienes les han conocido juntos y por separado). 

Después de un tiempo, la psique ha reorganizado las memorias o, dicho de otra manera, la memoria y su tremenda capacidad creativa, ha entrecruzado situaciones e incrementado o disminuido emociones. Los examantes ya no se reconocen en el relato del otro, o sienten el impulso de intervenir constantemente para corregirle: “Eso no ocurrió así”, “yo no dije eso”, “eso no fue en esa época”. Descubren, para bien o para mal, que cada uno ha vivido algo completamente diferente ¿Y quién puede negarlo? Con el tiempo y los agregados de la memoria (la teoría junguiana de los complejos explicaría mucho de esto), ya la imagen es difusa o, por el contrario, tiene una apariencia de claridad inventada. 

Ocurre igual que cuando nos encontramos con los amigos de infancia o juventud y la narración ha cambiado, o cambia de época en época. La memoria no es una cámara fotográfica y está fuertemente influida por nuestros complejos y por el material arquetípico. En lo recordado también proyectamos todo aquello que subyace bajo la consciencia. Me parece que confluyen aquí todos los mitos anteriormente mencionados, junto a la imagen arquetípica del "Renacer", la "Reencarnación", la "Rememoración", e incluso el del "Eterno retorno". Para que una pareja funcione sobre todos estos tirones del inconsciente, se requiere mucho trabajo y, sobre todo, una gran alerta consciente. 

Para terminar, acordemos que el amor es misterioso, que tiene tantas maneras de expresarse como formas de disfrutar y sufrir tenemos, motivo por el que los griegos lo imaginaron de tantas maneras. También debemos considerar que somos un mito viviente, creamos y recreamos nuestras relaciones con base en imágenes de lo que deseamos y de lo que no. Aunque podemos hacer continuas pruebas de realidad, y debemos hacerlas por salud mental y de pareja, es inevitable encontrarnos de cuando en cuando con nuestras temidas proyecciones.

El amor es poderoso. Quien se niega a él cae bajo su influjo y quien se le entrega, lo hace dispuesto a experimentar todo lo que de humano tiene; de hecho en algún momento de la historia se habló del amor como enfermedad. Si quieres leer una nota al respecto haz click aquí. 

El amor es inevitable, porque es un dios. 

Es Amor.


Lisímaco Henao H. 

Analista Junguiano IAAP-SCAJ

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