Puedes ver la película en nuestro canal de Youtube
La psique disociada y la búsqueda de integración.
Para la elaboración del
presente texto se tuvieron en cuenta las valiosas
aportaciones del grupo de estudio en psicología analítica de la Universidad de
Antioquia 2012 (Andrea Jimenez Medina, Diana Marcela Holguín, Jorge Andrés Mesa
y Andrés Vásquez).
Texto elaborado por Lisímaco Henao
Henao. Analista Junguiano IAAP
Sinopsis (cineol.net):
Basada en una historia real. Eva White, una ama de casa sosa y retraída, se queja de que sufre desvanecimientos y periodos de los que no recuerda nada, por lo que su marido la lleva a un psiquiatra, quien muy pronto descubre que tiene una segunda personalidad: Eva Black, una mujer alocada y desinhibida. Según progresa la terapia de Eva, su tercera personalidad, Joanne, sensible e inteligente, aparece para ayudar a resolver su extraña condición de múltiple personalidad.
La película está basada en el caso
clínico publicado por los psiquiatras norteamericanos Corbett Thigpen y Harvey
Cleckley en 1957, el mismo año de la película; al parecer el director tuvo
acceso a documentos del caso antes de que se publicara el libro, incluso a
material filmado que hoy podemos ver en internet y que se ofrece abajo del
presente texto.
“¿Tuvo alguna vez la sensación
de llevar dentro de sí
a alguien a quien no
podía alcanzar
pero a quien no obstante
sentía vivir?”
(Pregunta del Dr. Luther
a Eva White)
Para el análisis psicológico de la película nos permitiremos
prescindir de las acotaciones en cuanto a la técnica y el simbolismo cinematográfico
por sí mismo. Sin embargo por un puro deber ético comencemos afirmando que nos
hallamos frente a un producto bastante explícito que fácilmente podría
conducirnos a un facilismo en la interpretación. Es decir que sólo habría que
repetir la trama, pues se nos presenta de una manera nada crípitica, un caso clínico con sus causas y su cura por
parte del terapeuta. Nada parece dejarse a la imaginación, dirían algunos
amantes del cine.
Por suerte la psicología profunda nos ha alertado bien sobre los
riesgos del quedarse en las trampas de la superficie que son, en sí mismas, las
trampas del ego que sabe perfectamente de esos terrenos conocidos de “arriba”. Por
todo ello, una vez vista la película y a través de ella leídos los elementos
básicos del relato clínico, la superficie del caso, lo evidente que se proyecta
en la pantalla, vamos a ocuparnos de la literatura que hay detrás, de la
psicodramática o, como afirmara James Hillman, de la retórica del alma que se
muestra en la invención que resulta ser todo “caso clínico”. Al internarnos en esta psicodramática buscamos
mostrar elementos que competen en general a lo humano y no sólo a quien padece
una búsqueda de identidad por el camino señalado por la patología. De esta
manera, como en un fractal, lo “único” puede darnos una idea de lo múltiple.
Vamos a centrarnos en cuatro temas arquetípicos, teniendo
como asunto transversales a toda la discusión el evento analítico y el sentido buscado en la patología. Los temas
centrales de este análisis serán:
1. Lo
masculino (Padre, Esposo, Hombres del bar, Psiquiatras, El segundo esposo)
2. Lo
femenino (Madre, Eva White, Eva Black,
Joanne)
3. Lo
infantil (Eva niña, La niña de Eva)
4. La
muerte (En la abuela, en Eva White, en Eva Black, en Joanne)
1. Lo masculino: “Cuantos más hay, mejor
me siento”, dice Eva Black. El aparecer de lo masculino comenzaría en la vida
de Eva, como en la de muchas mujeres, con su padre. Poco sabemos de él, sin
embargo es en sus brazos en quien se refugia la niña diciendo “no me obliguen a
hacerlo” y es quien, seguidamente, la entrega al abuso*. El hombre parece
conmoverse, pero no hace nada. Podríamos decir que esta escena primitiva en la
vida de Eva, activará con el pasar de los años un tema aún más primitivo, una
huella perteneciente ya al inconsciente colectivo, a saber: el de lo masculino
inamovible frente a lo que él mismo ha establecido como ley, como saber o como
cultura. Y aunque un masculino en particular, un padre por ejemplo, se conmueva
frente al sufrimiento de su hija, no hará nada, pues él también sabe que una
norma colectiva le sobrepasa y somete. Se trata de el hombre como víctima del propio
patriarcado negativo, podríamos decir, sus sentimientos particulares sucumbiendo
frente al ideal general (* me gustaría dejar constancia de una sensación que me acompaña desde la primera vez en que ví esta película, la de que el abuso del que se habla pudo haber sido sexual y que se representa en la forma de obligar a la niña a hacer algo que para ella resulta desagradable o aterrador, y aunque no fuera así, esto me da pie para afirmar que el abuso tiene muchas formas, sólo basta con que la psique incipiente se sienta forzada o sienta perdida su dignidad originaria, su completitud inicial. De aquí que todos hayamos sido abusados y abusadas de alguna manera y sólo se requiera de un "pequeño empujón posterior" que de al hecho el carácter de traumático. He ampliado este punto en otros escritos).
Eva se convierte entonces en Eva White, la
blanca niña obediente de esa ley que su madre defiende y que su padre teme; por
lo tanto el hombre elegido para marido habrá de ser uno igualmente pusilánime,
uno parecido a ese padre, uno elegido inconscientemente, no porque repetimos estúpidamente como
afirman algunas visiones sobre los motivos profundos del actuar, sino porque elegimos inconscientemente para resolver ese
particular asunto del pasado, una prueba necesaria para la individuación. Es
decir que esa elección la conducirá a la comprensión que necesita de su propia
vida, se trata, en otras palabras, del síntoma como vía, no sólo como respuesta al trauma.
Cuando se transforma en Eva Black,
ella buscará otro tipo de hombres en bares y fiestas ¿hombres mejores que el
padre o que el esposo?. No. Son el otro lado del padre y del esposo, son hombres
de ocho dólares como le dice el soldado en el bar: “no gasté en ti ocho dólares
sólo por tu cara bonita”. Ellos representan esa sensibilidad que ella echó de
menos en su padre en su niñez, una sensibilidad limitada al sexo, al cuerpo
genitalizado, es cierto, pero al fin de cuentas a la que pueden ellos acceder dada la
dosis de poder que les ha tocado detentar y padecer al mismo tiempo (donde hay
poder el amor huye, afirmó Jung). Y Eva Black se ha vuelto experta en activar
esta "sensibilidad"; asistimos en una escena de la película al
momento en que la activa en el pudoroso y paternal marido de Eva White
convirtiéndole en un triste títere de esa limitación erótica que llamamos el "hombre macho" en nuestro sur. Ustedes me dirán que esos hombres no son tan sensibles como ella lo necesita, pero tenemos que recordar que, en este punto, hablamos de "búsqueda inconsciente" y por lo tanto ajena a la capacidad de diferenciación -ético o moral-, de la consciencia.
Veremos luego que esa voz del alma
que llamamos síntoma o patología llevará a Eva al encuentro con masculinos
mejor desarrollados, representados en los psiquiatras y en quien se convertirá
en su segundo marido. El Dr. Luther se nos presenta como un hombre no atado al
poder, a pesar de detentar una de las máscaras más poderosas de nuestra
sociedad, la del médico. Un hombre que es capaz de consultar a la experiencia
de otro mayor, a declararse ignorante, no concluido, inseguro pero al mismo
tiempo pleno en su lugar, puede acompañar a esta mujer sumisamente atemorizada
(Eva White) y desafiantemente recelosa (Eva Black), en el camino de la
individuación.
Aquí me permitiré una pequeña
digresión analítica. Decía Rafael López-Pedraza que para contener lo que en el
espacio psicoterapéutico se mueve, es necesario tener cuerpo, tener un cuerpo
psíquico (no confundir en ningún caso con un cuerpo atlético que es muchas
veces una coraza de “dignidad apolínea” más que un soporte para las emociones
más bastas). El Dr. Luther parece tener este cuerpo; es capaz de reír,
emocionarse, preocuparse, entristecerse, enojarse y fascinarse con su paciente.
“Nadie me gusta más que usted Eva”, le dice a la seductora Back. Este terapeuta
no necesita esconderse tras una coraza de poder pues tiene un cuerpo psíquico
capaz de resistir los embates de una emocionalidad tan desbordada como
fragmentada. Es un cuerpo psíquico capaz, como los corporales héroes míticos,
de arriesgarse en las entrañas del hades que es la psique: “¿Estoy loca Dr?.”
“No. Pero tiene usted un trastorno muy raro y vamos a caminar con esa rareza
suya” parece responder el terapeuta, NO desde una posición egoica del
doctor-que-todo-lo-puede, sino desde la fragilidad que puede permitir y
acompañar las frágiles búsquedas humanas. El cuerpo psíquico del terapeuta es
un cuerpo adulto, no el de un niño que fácilmente caería presa de
transferencias y contratransferencias paternas y maternas, pero tampoco el de
un anciano necio que quedaría atado a fantasías de omnipotencia.
Finalmente, para cerrar esta
digresión, recordaré la frase del psiquiatra más viejo, que simboliza también
la conciencia de un cuerpo psíquico que no puede soportar los mencionados
embates emocionales; él dice: “yo ya estoy muy viejo para estas cosas”. Con
esto no me refiero literalmente a la edad de un analista o de un terapeuta,
para la muestra el mismo Rafael López-Pedraza, quien recibió pacientes hasta un
poco más de los 90 años.
Poco conocemos también del hombre que
llega finalmente a la vida Eva, ahora Joanne, pero por lo poco que le vemos
hacer y le escuchamos decir, este hombre aporta un amor adulto, no el de el
esposo-padre al que Eva White mira buscando aprobación cada vez que quiere
hablar, pero tampoco el de los hombres que frecuenta Eva Blake, que como niños
sólo quieren usarla para satisfacer su sensibilidad empobrecida y huir de sí
mismos. Este amor adulto puede padecer con ella la realidad siempre dual: “es
duro pero lo que sea lo enfrentaremos juntos”, una frase que, por fin, puede
ella escuchar de un hombre pero que por más que alguna vez se la hubiesen dicho
había sido desoída porque la voz impuesta por el dolor del abandono inicial.
Este hombre, como el Dr. Luther, es capaz de contener el dolor y la alegría de
existir, sin idealismos extremos, pero contemplando las posibilidades.
2. Lo femenino. La madre de Eva, ya lo
dijimos, reprodujo la norma colectiva, la costumbre. Suponemos que ella misma
aprendió a enterrar en lo más profundo de sus ser ese deseo de cuestionar dicha
norma, convirtiéndose en una representante más de un complejo familiar que se
fue expresando en cada una de las generaciones de mujeres que tenían que
enseñar a sus hijas a “mantener la paz”, incluso a costa de sí mismas. Cuando
lleva a la Eva niña a dar el triste beso a la abuela muerta le dice: “Es el
beso de despedida, ya lo sabes”. Ese ya lo sabes resuena como ley colectiva, de
nuevo, como costumbre. Y Eva recibirá el mismo legado pero, gracias a un
entorno diferente (por ejemplo, la presencia de la terapéutica y el acceso a
este servicio), y al factor misterioso de la psique (por ejemplo, que en su
proceso vital se presentara esta patología en un momento en que podía ser
escuchada), la cadena puede romperse y la hija de Eva recibir otra información.
Pero
en principio Eva White es el ego queriendo adaptarse, es el ego funcional que
asume el complejo familiar cumpliendo expectativas para perseguir la prometida
felicidad, se transforma para ello en una especie de Hera, diosa del hogar,
acosada continuamente por una Afrodita furtiva que trata de movilizarla hacia
lo nuevo, pero también falla el tiro al hacerlo pues proviene de fuentes
inconscientes, por lo tanto inconsistentes con la totalidad psíquica. Eva Black
representa el femenino herido que mediante una actitud Afroditica quiere
deshacerse de esas memorias, pero que no sabe que cada que suprimimos una
memoria, suprimimos también la posibilidad redentora que con ella viene. Porque
no hay nada en la psique que no contenga la imagen de la totalidad, el dolor
puede llevar en sí mismo el germen de lo que se tiene que desarrollar. ¿Porqué
sufrimos? ¿Para qué? La respuesta es tan simple como compleja: cada quien
necesita una porción de humanidad en sí mismo con la cual construirse y esa
humanidad se muestra la mayoría de las veces como fragilidad, como dolor. Es
cierto que portamos una semilla de divinidad, pero vivimos en un mundo limitado
por la cultura, el cuerpo y la mente humanas, las cuales, al ser humanas, chocan con esa chispa divina, con esa dignidad
trascendente. En otras palabras, desde el punto de vista del alma “nada malo
nos debería pasar”, desde el punto de vista del ser humano que porta el alma
“es inevitable que lo malo te pase y así vas a aprender a vivir, cada vez más, a
la manera humana”. En otras palabras sí podemos llegar a ser perfectos:
humanamente perfectos.
Eva
Black lucha contra estas verdades ¡y con razón!, a los 6 años no se deberían
aprender lecciones tan duras, pero ¡atención con la palabra “debería”!, porque
lo cierto es que a muchas como ella les sucede a los 6, incluso antes, y esto
se convertirá en el material de su futuro trabajo de desarrollo del ser. ¿Estoy
diciendo que el abuso infantil es deseable? No. Pero ya que sucedió y que para
una persona en particular se transforma en tema de sus complejidades negativas,
puede ser motor para su vida. A quienes no les sucedió o, sucediéndoles, no se
convirtió en su gran motivo, otras cosas les ocurrirán, el “crecimiento
descendente”, como nombra James Hillman a este movimiento, es inevitable. Esto
nos lleva a un interrogante más: ¿qué hace que un mismo evento se convierta
para unos en disparador de complejos y en otros pase desapercibido? ¿Qué hace
que un evento sea traumático o abusivo?. La respuesta está en un factor que la
psicología analítica denomina la “propia naturaleza”, algo en nosotros que no
puede ser violentado, obstruido o manchado; una dignidad muchas veces
individual. Podríamos decir, no obstante, que algunos eventos son traumáticos
para una gran mayoría y ni aún así podríamos totalizar esa experiencia como
generadora de complejos, debido a que siempre encontraremos la excepción. Sí.
Es probable que el abuso sexual en la infancia sea generalmente proveedor de
complejos negativos, que atenta contra algo de una naturaleza colectiva que
dice: un cuerpo niño no debe ser tocado así. Este caso nos sirve para ir más
allá y preguntarnos por lo que es abusivo para nuestra propia naturaleza, para
la de nuestros pacientes por ejemplo, y respetar entonces esa dignidad que en
cada caso se muestra mediante la reacción compleja a los eventos de la vida.
Joanne
llega y nos muestra el fin de este extraño movimiento hacia la integración de
dos opuestos a saber: Eva Black que huye y Eva White que se entrega. Joanne da
palabra e imagen a la memoria que en Eva White es pura emoción y que en Eva
Black es pura evitación. Joanne recupera la memoria para ella mediante imágenes
plenas de sentido y sentimiento, de comprensión de los motivos de sus padres,
una comprensión que va más allá del perdón, que en mi opinión no se trata de
perdón sino de superación mediante un darse cuenta de la humanidad que les
acompañaba. La tristeza y la nostalgia siguen estando allí, pero asumidos
dentro del amplio espectro de la humanidad como colectivo.
A pesar de lo idealizado que pueda estar lo infantil como "niño interior" o como "la fuente creativa", todos demeritamos lo
niño en nosotros en alguna medida. Lo niño no es sólo ese jardín idealizado, en
muchos casos es el dolor y la soledad, el abandono o la pérdida. Es lo que el
adulto quiere y cree superar al crecer.
Como a Eva Blake Algo nos lleva a querer estrangular a ese niño, algún
recuerdo, algún olvido, sobre todo el dolor no aceptado que implica crecer. El
disparador del conflicto es, por ello, esa niña de 6 años de Eva White, esa que
recuerda todo ese dolor. Y por esta incompatibilidad de lo adulto con lo niño,
con el dolor niño, es que se ha olvidado toda la infancia, porque lo complejo
de la psique es generalizador, porque toda represión, tanto individual como
social, intenta borrar lo indeseable, borrando todo lo que le rodea.
4. La muerte salvadora. La muerte es
iniciadora en este drama: La abuela muerta a la que se besa, sellando un
destino a resolver (el sentido del destino es, contrariamente a lo que nos han
enseñado, aquello que nos impone como tarea resolverlo, no un camino invariable).
Pero luego aparece la muerte como resolución: Eva White es amiga íntima de la
muerte: su actitud depresiva que le lleva a ideas suicidas, que le lleva hacia
abajo (hacia la topografía arquetipal de la muerte), y que también le conducirá
a dejar ir, a despedirse, a decir “quiero que quede Joanne”.
Eva Black es amante de la vida, es
Afrodita cuando se conduce como una enamorada del brillo, de la belleza
absoluta y es Artemisa cuando se muestra cerrada y virginal, intocable. Pero
finalmente le tocará la muerte, teme que White se suicide y llora su propia
desaparición, se despide dejando como legado al “primer hombre que la conoció
realmente”, al Dr. Luther, un último deseo de amor y un último regalo símbolo
de aquel brillo polarizado por el miedo.
Joanne es perfecta para asumir la
muerte como transformadora, esa con la que todos vivimos, el duelo de no ser ni
tan buena y aconductada como White, ni tan deslumbrante y seductora como Black.
Ella puede ser una mujer real. Un ser humano. Entre el blanco y el negro, un
poco el gris.
En Conclusión,
el caso de Eva puede mostrarnos que entre los opuestos siempre hay una tercera vía, a la cual se accede tras un gran esfuerzo por comprender los extremos a los que se ha llegado por evitar la inseguridad y falta de certezas que implica toda gran búsqueda. Resulta particularmente importante que esa tercera vía aparezca como femenina, lo que resulta lógico psicológicamente hablando, si tenemos en cuenta que lo femenino es, de muchas maneras, el Eros que vincula y conecta todo lo dividido. Que quien viva esta división sea una mujer, nos habla también de la psique transformadora y su intento por dar un papel activo al género frente a las voces de la lógica masculina que le dictan el qué y el cómo (estas voces representadas en el marido, los hombres del bar, el padre y el entorno médico, pero también en la figura de otras mujeres, como la madre).
el caso de Eva puede mostrarnos que entre los opuestos siempre hay una tercera vía, a la cual se accede tras un gran esfuerzo por comprender los extremos a los que se ha llegado por evitar la inseguridad y falta de certezas que implica toda gran búsqueda. Resulta particularmente importante que esa tercera vía aparezca como femenina, lo que resulta lógico psicológicamente hablando, si tenemos en cuenta que lo femenino es, de muchas maneras, el Eros que vincula y conecta todo lo dividido. Que quien viva esta división sea una mujer, nos habla también de la psique transformadora y su intento por dar un papel activo al género frente a las voces de la lógica masculina que le dictan el qué y el cómo (estas voces representadas en el marido, los hombres del bar, el padre y el entorno médico, pero también en la figura de otras mujeres, como la madre).
Acerca de la película:
- Titulo Original: The Three Faces of Eve
- Año: 1957
- Fecha estreno: 1957-09-23
- Reparto: Joanne Woodward, David Wayne, Lee J. Cobb, Edwin Jerome, Alena Murray,Nancy Kulp, Douglas Spencer, Terry Ann Ross, Ken Scott, Mimi Gibson, Alistair Cooke
- Director: Nunnally Johnson