martes, 6 de octubre de 2026

DESEO, NATURALEZA Y PROPÓSITO. Por Lisímaco Henao H.

PEDIR UN DESEO.

Se suele decir en los cumpleaños, al paso de una estrella fugaz o al ver el primer lucero del anochecer que uno puede pedir un deseo. Pero quizás podamos darnos cuenta de que no necesitamos pedir un deseo pues de deseos estamos llenos, de deseos de todos los colores, por lo que pedir un deseo ya no es necesario (si quiero, sólo tengo qué asomarme a la cajita donde palpitan y dejar salir a alguno). 

Desear se nos da a manos llenas, es la prerrogativa humana por excelencia. Mientras que los animales se ven dominados por unos cuántos impulsos, nosotros podemos incluso modelar deseos (o simplemente "sentirlos venir") que no están en la base de nuestro aspecto eminentemente biológico. 


Sin embargo, a pesar de ser máquinas de desear tan perfectas el deseo es para nosotros un enigma, se encuentra en el campo del misterio y es mucha la sabiduría que ha producido la búsqueda de respuestas a nuestro deseo (¡) de racionalizarlo, de explicarlo, de encontrar el mecanismo de relojería que se encuentra detrás de nuestro desear. Hay discursos que casi por completo se basan en el deseo, que se refieren a él continuamente y, si nos ponemos la mano en el corazón (o en el deseo), tenemos qué reconocer que tienen motivos para dedicarse de lleno a esa tarea. El deseo se psicoanaliza, se psicologiza, se filosofa, se espiritualiza y hasta se matematiza. Se ha dicho que el deseo tiene causas inconscientes, que quizás deseamos esto o aquello por algo que nos pasó o no nos pasó en la infancia, se habla de auténticos fantasmas del deseo pululando por toda la psique, arquetipos deseantes y hasta demonios que nos hacen desear. 

Dos pacientes* me han dado claves recientemente sobre el deseo, una ha dicho que, después de un tiempo en análisis, se ha dado cuenta de que no había otra manera de esclarecer lo que realmente quería que equivocarse muchísimas veces. Entonces vino a mi mente una frase que, por supuesto, compartí con ella: “Hay que seguir el camino de los deseos para encontrar la verdadera voluntad”. El otro paciente estuvo navegando un tiempo la pregunta sobre el duelo ¿Esa falta de ánimo tenía qué ver con duelos no resueltos? ¿Algo que no había aceptado realmente de sus pérdidas? En un momento determinado dijo que desde siempre había sentido un vacío, así que le propuse cambiar la hipótesis del duelo por el de la incompletitud, la insatisfacción colectiva con que cargamos por estar viviendo una vida humana ¡Tan imperfecta!... y por ello mismo tan deseante.

La frase “Hay que seguir el camino de los deseos para encontrar la verdadera voluntad” proviene del bellísimo libro de Michael Ende “La Historia interminable” (lean el libro, no importa que les haya gustado la película). Bastián, el niño protagonista, lleva un medallón que dice “Haz lo que quieras”, Bastián simboliza la consciencia infantil, por lo que interpreta que se trata de responder a cualquier capricho. Sin embargo, el león de colores (representación simbólica de la consciencia adulta, solar, en graciosa mezcla con “los colores de la sensibilidad y la intuición”), le explica que se trata de cumplir la verdadera voluntad (de ahí la frase). Así “lo que quieras” significa lo que sea verdadero para ti. Pero ¿Qué es eso de la verdadera voluntad? En un momento vuelvo sobre esto.

En cuanto al vacío como incompletitud, ese sentimiento de carencia que nos lleva a la insatisfacción constante, a un desear algo que ni siquiera sabemos qué es y entonces a castigarnos por no tener la felicidad completa, por no estar completos, por no alcanzar nunca la satisfacción completa del deseo, bueno… ahí podemos afirmar muchas cosas. Es interesante que haya este “algo” en nosotros que cree que realmente se puede eliminar la falta, es tan humano ese algo que han surgido profundas creencias sobre su origen. El psicoanálisis es un discurso muy reciente sobre esta falta fundamental, muchísimo antes surgió una creencia según la cual fuimos ángeles antes de nacer, seres absolutamente sabios, almas puras, absolutamente libres, tan libres que no teníamos un cuerpo que nos pesara o nos doliera, tan sabios que elegimos un destino detallado para vivir y aprender aquí, el cual olvidamos convenientemente al ingresar en el cuerpo. ¿Ustedes se imaginan un ser perfecto, absolutamente sabio y libre de la gravedad  viviendo en un cuerpo pesado, que duele, que enferma, que envejece y que muere? ¿Se imaginan ese ser encontrando que tiene unos padres imperfectos, que vive en una cultura, una economía, una política y una relación con los otros tan imperfecta? ¿Cómo no desear? ¿Cómo no pulsar constantemente por volver a la perfección perdida? ¿Cómo no añorar esa mitad que se perdió, ese 90% que se perdió? **

Se que esto que acabo de contar es “pura fantasía” (aunque a mí me gusta matizarlo calificándolo como “fantasía pura”), mito nada más, dirán algunos. Pero bueno, vamos a valorarlo como un intento de la psique originaria por dar respuesta a cosas que siempre han estado allí. Algunos, desde luego, valorarán mucho más las respuestas de nuestros sesudos intelectuales de la modernidad. 

VOLUNTAD Y NATURALEZA

Lo cierto es que desear hacer lo que uno de verdad quisiera, es decir, encontrar nuestra verdadera voluntad, tiene muchísimo qué ver con aceptar la incompletitud, la imperfección, la humanidad en la que estamos inmersos (la propia y la ajena). En estos días de cumpleaños he estado reflexionando un poco sobre el asunto y a partir de mis estudios y mi experiencia les quiero compartir un par de ideas ***: La primera es que aquello de la "verdadera voluntad" tiene qué ver con lo que llamamos nuestra más profunda naturaleza, ese estilo, esa forma que se ha estado moviendo a través de nuestros actos y nuestros errores, de nuestros fracasos; y que eso es algo que necesitamos descubrir y aceptar. Hallar la naturaleza individual que nos compete nos ayuda a reconocer aquel o aquellos deseos que realmente son coherentes con nosotros, los que realmente merecemos experimentar, los deseos que nos corresponden. Lo segundo es que necesitamos comprender que al aceptar esa naturaleza se nos imponen unos límites y unas renuncias, porque descubriremos que algunos deseos no son para nosotros, porque sabremos que hay cosas que hemos querido y que han sido meros caprichos (como los del niño Bastián), no el querer que queremos, el verdadero deseo de nuestra auténtica naturaleza sino deseos prestados, adquiridos o deseos traumáticos (para ponernos un poco técnicos).

¿Eso sonó fácil? No lo es. Las personas generalmente tienen qué pasar por muchos años de experiencias ("el camino de los deseos") y por muchas horas de proceso, de sueños, de conversaciones, de hacer narrativa de esa vida, para descubrir ambas cosas: la auténtica naturaleza y los límites que impone, pues esa verdad muchas veces se encuentra en lo inconsciente, es inconsciente para nosotros (desconocida o reprimida); mientras que en el Yo consciente han reinado las influencias culturales, haciendo que deseemos muchas veces lo que conviene, lo que dicta el espíritu de la época, eso en lo que nos entrenaron para poder sentirnos queridos o, al menos, no agredidos. 

 Quisiera aclarar que algunas personas parecen encontrar todo esto fácilmente (las felicitamos y las envidiamos por igual), pero aquí hablo de las que debimos tropezar una y otra vez, intentar una y otra vez satisfacer lo que no nos correspondía hasta encontrar algún camino, alguna forma de aclararnos. Y aquí quiero decir algo más: no creo que mi profesión sea el único lugar para ello. Les conté un mito antiguo para mostrarles que la humanidad ha encontrado mil caminos, que el ser humano ha encontrado mil espejos para verse. Los estudios de la psique apenas están cumpliendo algo más de un siglo (sin contar a la filosofía que le antecedió), y todavía seguimos aquí como especie, lo cual habla muy bien de mitos, filosofías, religiones, místicas, ciencias, literatura, poesía, música, que han estado siempre ahí, como formas de caminar las preguntas, el misterioso, insondable y sagrado del deseo. 

Antes de cerrar este regalo de cumpleaños, un último apunte ¿Cómo funciona esto según el estatus económico? Quien tiene mucho dinero aparenta poder deshacerse de todas las cusetiones mencionadas con lujos extravagantes, entre ellos algunas prácticas y discursos caros, pero tarde o temprano le alcanza el ángel insatisfecho, la necesidad de hacerse las preguntas, lo cual a veces se expresa mediante raras enfermedades o tremendas y dolorosas equivocaciones. Quien tiene poco dinero puede pasar exactamente por lo mismo, aunque sus extravagancias no sean lujosas o caras. Alguno dirá que este último no tiene con qué pagarse el análisis o la psicoterapia, yo les aseguro que muchas veces podemos observar cómo tienen mejores recursos psíquicos que quienes “tienen acceso a todo” y los tienen completamente a la mano (recuerden la lista de recursos que puse más arriba). Sumado a esto, cada vez más los saberes elaborados “académicamente” van derivando en cultura popular, lo cuál debe ser así y estoy convencido que tiene qué ser así. Algún documental afirma que Jung dijo “Mi obra será continuada por los que sufren”. Eso lo dice todo… pensémoslo: si esto lo enseña el alma que somos todos, debe volver al alma de todos.

Hoy no pido un deseo. Hoy, voy a ver qué deseo de los que verdaderamente me corresponden, quiero disfrutar, ello según mi naturaleza y, por lo tanto, mis posibilidades. Se que no quedaré completamente feliz, pero la vida me encontrará humano entre humanos. 

Lisímaco Henao H.

170926

*Ambos pacientes me han dado su autorización para contar esta pequeña parte de su proceso. 

**Quienes han leído a J. Hillman saben que de él estoy tomando prestado el mito del ángel exiliado en este mundo (y que lo presento un poco “intervenido”). Leer de Hillman "El Código del Alma"

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